Cultura

"Grabar es una tortura"

  • El clavecinista gallego Diego Ares (Vigo, 1983) debuta en el sello multinacional Harmonia Mundi con un disco dedicado a sonatas del Padre Antonio Soler

Residente desde hace años en Basilea (Suiza), el vigués Diego Ares es uno de los clavecinistas españoles de mayor reconocimiento internacional. Con este Sol de mi fortuna hace su debut en el sello Harmonia Mundi, con el que es su segundo álbum dedicado al Padre Antonio Soler (Olot, 1729 - San Lorenzo de El Escorial, 1783), tras el registro que en 2009 le dedicara en el sello Panclassics.

-Otra vez Soler, ¿qué le atrae de su música?

-Me ha cautivado desde que escuché por primera vez una de sus obras por la radio. La gracia de sus motivos, la fuerza de su ritmo, la originalidad de sus modulaciones y su sinceridad confieren a esta música una fuerte intensidad expresiva.

-Las obras del álbum salen de un manuscrito que compró la Biblioteca Morgan de Nueva York en 2011 y estaban inéditas. ¿De dónde procede?

-Es muy difícil fijar su procedencia. En el manuscrito figura repetidamente el sello personal y la firma de un tal Antonio Noguera, que según los investigadores fue un cantante de finales del siglo XIX. Incluye música de Domenico Scarlatti y Antonio Soler, que es mencionado a lo largo de todo el libro como "fray Antonio Soler", y nunca como "Padre Antonio Soler", lo que me hace sospechar que este manuscrito haya sido redactado antes de que Soler fuese nombrado Sacerdote y Maestro de Capilla del monasterio de San Lorenzo del Escorial en 1752. El texto se lo debemos a varios copistas. Es revelador que el último de ellos arranque su tarea completando una de las sonatas comenzadas por el penúltimo copista, y que la copia de las sonatas de Scarlatti no tuviese como referencia las fuentes hasta ahora conocidas, las conservadas en Parma y en Venecia. Estas circunstancias estimulan una serie de hipótesis relacionadas con la relación directa entre los copistas y los compositores que debe ser tratada debidamente por los musicólogos.

-Todo el mundo conoce (o cree conocer) a Scarlatti. En materia de estilo, ¿qué hay de uno en otro?, ¿se puede hablar de que Soler fue alumno de Scarlatti o de líneas que se cruzan, de influencias mutuas?

-A estas alturas, para mí, no existe duda de que Soler fue discípulo de Scarlatti. De hecho, él mismo así se consideraba y se presentaba. Sabiendo que para Soler el título de discípulo había que ganárselo, no debemos dudar de su honestidad. Es difícil hablar de influencias mutuas, aunque es posible intuirlas. A la llegada de Soler al monasterio del Escorial en 1752 ya su fama como organista era notoria. Ese mismo año comienza Scarlatti la elaboración de sus famosos 13 Libros de Sonatas. Muchas de estas sonatas scarlattianas difieren en estilo de otras de sus sonatas copiadas o publicadas con anterioridad. Que la llegada de Soler a Madrid coincida con el último e intenso período de composición para Scarlatti, puede hacernos sospechar, efectivamente, de que la influencia fue recíproca; pero hasta que no podamos datar sonatas de Soler previas a este encuentro, todo queda en una conjetura.

-Esa idea de las sonatas consecutivas en la misma tonalidad pero en distintos tiempos, ¿puede entenderse como un camino ya imparable hacia el Clasicismo?

-Si por Clasicismo entendemos un grupo de varios movimientos enlazados tonalmente para constituir una obra de mayor envergadura, entonces, no hay duda de que estas parejas de sonatas por tonalidad podrían desembocar en la Sonata clásica. Pero lo mismo podríamos decir de las pavanas y gallardas, de las suites de danzas, de las sonatas o de los conciertos italianos. El gusto de emparejar obras contrastantes o complementarias es una constante en la historia de la música. Yo prefiero pensar en la recapitulación o reexposición como técnica compositiva muy aceptada y rasgo típico, mas no excluyente, del Clasicismo. Es representativo observar que Soler y, aun en menor medida, también Scarlatti se sirvieron de esta técnica. Soler, en sus últimos años, se sirve de este recurso prácticamente en todas sus sonatas.

-Utiliza en su interpretación una copia de un clave atribuido a un constructor sevillano, Francisco Pérez Mirabal, fechado en 1734. ¿Por qué?

-Fue una decisión personal. En la España del XVIII no se puede hablar de un modelo de clave estándar. Un manuscrito escurialense de 1752 con el dibujo de un monje jerónimo tocando un clave muy similar a los claves del taller hispalense de Mirabal me hizo pensar que el sonido de estos instrumentos sevillanos no era desconocido para Soler. Que Soler hubiera viajado a Andalucía, como nos dice su discípulo José Teixidor, fue otro de los motivos que me llevaron a esta elección. La razón principal fue impuesta por la propia música de Soler y de Scarlatti. En sus sonatas son frecuentes los momentos en los que una cantinela es acompañada por ricos acordes repetidos por la mano izquierda: necesitaba un clave que permitiese a la mano derecha cantar dulcemente sin verse atormentada por un acompañamiento tan vigoroso. Como muchos claves de corte napolitano no favorecen, en mi sentir, el registro agudo, me incliné por instrumentos de otras tradiciones, y este clave sevillano cumplía todos los requisitos. La copia se construyó con una función: servir la música española del siglo XVIII. Naturalmente, esto exigía cambios con respecto al instrumento original: el ámbito se amplió hasta las 63 teclas (imperativas para la obra de Soler), y se fijaron pedales para cambiar los registros. Esto último ha servido de confusión e indignación para muchos puristas. Baste decir aquí que los pedales fueron patentados en Inglaterra en el siglo XVII y eran bien conocidos por el constructor de claves de la corte española Diego Fernández, quien construyó para la reina María Bárbara de Braganza, la principal discípula de Scarlatti, un clave de nada menos que diez pedales, que cumplían la simple labor de cambiar o añadir registros.

-Es su debut en Harmonia Mundi, ¿qué tal la experiencia?

-Muy buena. Todo el mundo me hizo sentir muy cómodo. Aunque yo, siguiendo a la gran pianista Amparo Iturbe, piense que grabar es una tortura, en HM supieron endulzarme ese amargor.

-¿Eso lo anima a enfrentar otro proyecto pronto?

-El sello quiere otro CD cuanto antes, pero yo necesito un tiempo de maduración, de información, de estudio musicológico. No puedo ir más rápido de lo que voy. Así que hasta el año próximo seguro que nada. Además, para mí grabar un disco en estas condiciones privilegiadas en las que no soy yo el que tengo que costearme mi propia tortura es una gran responsabilidad. Cuando en el siglo XVIII alguien publicaba un libro no muy útil se hablaba de que "había arrojado una nueva piedra sobre el montón de Minerva". No quiero ser yo de esos que va arrojando chatarra al mundo. Tengo que entender antes que mi trabajo aporta realmente algo.

soler: sol de mi fortuna

Diego Ares, clave. Harmonia Mundi

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