Cultura

Ezequiel Benítez, sensibilidad y poder flamenco en San Roque

  • El jerezano deja el sello de su disco 'Recuerdos' en una gran noche en Los Gobernadores

Ezequiel Benítez y el guitarrista Paco León, anoche en el Palacio de Los Gobernadores de San Roque. Ezequiel Benítez y el guitarrista Paco León, anoche en el Palacio de Los Gobernadores de San Roque.

Ezequiel Benítez y el guitarrista Paco León, anoche en el Palacio de Los Gobernadores de San Roque. / José Manuel Serrano

El periodista y aficionado flamenco linense José Luis Moreno fue el encargado de presentar a Ezequiel Benítez en la jornada de anoche de la II Bienal de Arte Flamenco Canela de San Roque, que se desarrolló en el Palacio de los Gobernadores. Lo hizo magistralmente. Subrayó que el cantaor defiende el flamenco de su tierra y escribe sus propias letras. Tiene una soleá dedicada a María Bala que ha hecho raya. "He compartido mucho con Canela de San Roque y tengo muy bonitos recuerdos de él", dijo el protagonista nada más tomar asiento y mientras a su lado el tocaor Paco León afinaba con mimo su guitarra.

Ezequiel Benítez es un cantaor con gran personalidad. Porque es diferente. Mezcla en dosis inteligentes fuerza y sensibilidad. Eso lo caracteriza. Y le permite no dejar a nadie indiferente. Qué más se puede pedir.

La presentación de José Luis Moreno, un toque magistral para la Bienal de Canela

"El día que me dejaste estaba el cielo en tinieblas y le echaste a mi corazón una cortinita negra", cantó por soleá. El desamor y el desgarro primaron en sus primeros minutos. El artista no dejó al público campogibraltareño que poblaba el salón de actos de Los Gobernadores sin la antes referida soleá creada por él mismo para María Bala. Puso todo el sentimiento por esa jerezana a la que circunstancias de la vida impidieron salir de su ciudad a cantar y haberse prodigado mucho más en el flamenco. Vibrante y lleno de transmisión.

Luego se dejó ir por alegrías, acompañado a las palmas. Mostró un gusto exquisito cantándolas. Pleno de sabor y, como se ha dicho, con su sello particular.

Ezequiel Benítez no veía al respetable más que sonreír de puro disfrute. El público en pie al concluir estos cantes de Cádiz.

Los fandangos fueron verdaderamente estremecedores: "La otra noche soñé que mi hermano me llamaba, vino a buscarme a mi cama y a besos le comí la cara". Y su final por bulerías, viniendo de Jerez de la Frontera, para qué comentar si escapa de las palabras de una crónica escrita la fiesta que formó y todo lo que transmitió. Una noche memorable. Larga vida a Ezequiel Benítez y a esta II Bienal Canela de San Roque.

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