Crítica de Cine cine

Bird + Pixar = irresistible

Pixar no defrauda con la secuela de 'Los Increíbles', que ha cautivado tanto al público como a la crítica. Pixar no defrauda con la secuela de 'Los Increíbles', que ha cautivado tanto al público como a la crítica.

Pixar no defrauda con la secuela de 'Los Increíbles', que ha cautivado tanto al público como a la crítica. / d. s.

Tres garantías ofrece esta película. Que sea una producción de Pixar/Disney, siendo Pixar uno de los refugios de la inteligencia creativa en el poco estimulante panorama del actual cine comercial americano. Que se trate de la secuela de la estupenda Los Increíbles, llena de hallazgos y guiños paródicos a las películas de espías y superhéroes como si, de alguna manera, retomaran las películas de los años 60 (abundantemente citadas, al igual que los Bond que parodiaban y que a su vez -en el canon Connery- jugaban con la ironía auto paródica) que se tomaban a guasa la entonces triunfante moda de las películas de súper espías, como los desahogados Flint y Matt Helm que interpretaron James Coburn y Dean Martin, la pop Modesty Blaise o el divertido disparate de Casino Royale en la que David Nivel hacía del verdadero James Bond, Peter Sellers de un falso Bond y Woody Allen del Dr. Noah. La tercera es que la dirija Brad Bird, formado en las escuderías Disney y de Los Simpson, autor en 1999 de la extraordinaria El gigante de hierro, tal vez la última película de animación creada artesanalmente, de Ratatouille y de Los increíbles. Sus incursiones en el cine de imagen real (dos entregas de Misión Imposible y Tomorrowland) fueron menos afortunadas: hizo bien regresando a la animación, donde está su fuerte.

Con estas tres garantías no debe sorprender que la segunda entrega de Los Increíbles -que llega 14 años después- sea divertida, inteligente y creativa, además de técnicamente perfecta, lo que se da por supuesto, igualando -cosa siempre difícil para todos menos para Pixar- a la primera. Desde la deliciosa recreación de la estética de los 60 a los guiños a John Barry o Lalo Schifrin (¡y al soberbio Goldsmith de El agente de CIPOL!) de la banda sonora de Michael Giacchino, hasta el hallazgo del bebé Jack-Jack -lo mejor de la película-, junto a la conversión doméstica del papá Míster Increíble, el liderazgo de la mamá Elastigirl, el nuevo villano y el grafismo tan próximo al trazo del Disney de 101 dálmatas o los dibujos de Tex Avery o Chuck Jones para la Warner, son los nuevos ingredientes que mezclan regreso a lo conocido y novedad como toda segunda parte inteligente exige. No se pierdan los créditos finales si les gustan los carteles de cine, títulos de crédito y diseños publicitarios de los años 60.

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