Los vinos tranquilos de la Tierra de Cádiz piden paso en el mercado
Cinco bodegas de la provincia asisten a la Barcelona Wine Week de la mano de Diputación para mostrar en la principal feria del sector la calidad de la producción gaditana
Las Bodegas Huerta de Albalá celebran su 25 aniversario en plena proyección
Los vinos tranquilos de la provincia, bajo la denominación Vinos de la Tierra de Cadiz, van ganando terreno campaña tras campaña, con la paciencia de un viticultor, para mostrar al mercado los vinos de gran calidad que se están realizando desde el sur peninsular. Una tierra de vinos, de tradición enológica, pero en el que el peso del Marco de Jerez se ha llevado el protagonismo de un sector que cada vez es más amplio, con más ramas y diversificaciones que buscan su hueco en las cartas de los restaurantes, en las estanterías comerciales y, sobre todo, entre los grandes distribuidores.
Con esa premisa cinco bodegas gaditanas se embarcaron recientemente bajo el paraguas de la Diputación provincial en la principal feria del sector en España, la Barcelona Wine Week. Un escaparate en el que mostrar músculo, ofrecer sus productos y aumentar la visibilidad en un mercado cada vez más consciente de la alta calidad de vinos que se producen en la provincia.
Estos vinos tranquilos, tintos, blancos y rosados, se han ido desarrollando, evolucionando y creciendo en prestigio y catálogo en este último tiempo. Un periodo no tan corto si contamos con que la indicación geográfica protegida de Vinos de la Tierra de Cádiz se activó ya hace veinte años.
La producción enológica de los vinos gaditanos siempre se han desarrollado bajo la alargada sombra de los vinos de jerez. Pero, como buena tierra de sol en la que nos encontramos, hay luz suficiente para alumbrar otros productos que piden paso en los mercados. Unos vinos con menor graduación alcohólica, sin encabezado, sin criaderas y soleras, y en el que la uva palomino permite la entrada de otras variedades como la chardonnay, sauvignon, merlot, syrah y autóctonas como la tintilla de Rota, que ha ido cobrando protagonismo en esta evolución.
Una producción que poco tiene que ver con los vinos generosos de jerez, pero con los que comparte las grandes cualidades de la materia prima gracias a la climatología y a la tierra albariza donde crecen la mayoría de los viñedos de la provincia. El sol, la humedad retenida en este terruño blanquecino y arcilloso y un conocimiento tradicional sobre el tratamiento de la uva sirven de caldo de cultivo para que estas bodegas puedan lucir su trabajo en magníficos productos.
Como explica el bodeguero y enólogo Santiago Jordi, "tenemos que singularizar la albariza como elemento diferenciador de nuestros vinos frente a los del resto del mundo". Lo sabe bien un consultor que trabaja con bodegas de diferentes puntos geográficos bañados por diversos mares y climas, colaborando con bodegas en Italia, Irlanda o Sudamérica.
La bodega de Jordi es una de las que estuvo presente en la Barcelona Wine Week, además de la arcense Huerta de Albalá en la que es director técnico. Tal y como explica, "es la feria del sector más importante a nivel nacional, dentro de una serie de eventos que se han ido democratizando y cada país productor cuenta con una feria de referencia. Entre febrero y abril se celebran las principales para que los países importadores puedan venir" y así en un plazo de mes y medio abastecerse de sus necesidades.
Estará también auspiciado por Diputación en el Salón Gourmets de Madrid, aunque en ese caso se trata de una feria más enfocada a la hostelería pero a la que se unen proveedores de todo tipo dentro del sector y, por tanto, estarán presentes con sus vinos como parte de la industria.
Natalia Golding, de la bodega arcense Tesalia, lleva años acudiendo a la Barcelona Wine Week aunque ahora está encantada de hacerlo con el apoyo institucional de la administración provincial gaditana. "Es un punto de encuentro con nuestros distribuidores y exportadores, además de una oportunidad para contactar con otros potenciales".
Reconoce que la feria barcelonesa está cogiendo mucho nivel. Estos eventos son importantes para vender sus productos -Tesalia distribuye sus vinos por toda España y exporta a once países- porque, como admite Golding, hacer un buen vino es muy difícil, pero venderlo también. Si la labor diaria para conseguir su distribución es complicada, en "este tipo de eventos se facilita la tarea porque son los distribuidores los que te buscan a ti".
Además de las arcenses Tesalia y Huerta de Albalá, Diputación gestionó la presencia de las bodegas jerezanas de Santiago Jordi y Miguel Domecq, así como la portuense de Forlong, todas bajo la denominación de Vinos de la Tierra de Cádiz.
La formación universitaria en enología y el desarrollo del sector de los vinos tranquilos en la zona han sido claves para la mejora de la calidad. Santiago Jordi reconoce que hace veinte años se copiaba lo que estaban haciendo otros productores, mientras que ahora en Cádiz se están haciendo producciones pequeñas y medianas pero muy cuidadas. Alaba el carácter atlántico de los vinos gaditanos, mirando a otras comarcas como Galicia o el entorno del Duero para encontrar un contexto similar.
Tanto los vinos de rotación como los premium han ido sumando variedades y proyectos, en el caso de la bodega de Jordi muy satisfecho con sus Patrick Murphy con el que ha conseguido una proyección internacional.
Sin embargo, defiende que hay que cuidar el consumo de vino, que está experimentando una reducción por las tendencias actuales, con unas nuevas generaciones que prefieren productos de menor graduación alcohólica y un discurso social en el que ha dejado de alabarse las bondades de tomarse una copita como en otros tiempos. Ejemplifica el caso en los vinos generosos de jerez, con mayor graduación, y en el que las hectáreas de viñedo del marco se han visto mermadas o igualadas por otros nichos de negocio como el envinado de botas para productos alternativos.
El impulso turístico de la provincia gaditana como receptor de visitantes ha dado también un empujón a la industria de los vinos de la zona. El turista quiere probar lo que se produce en la tierra. Además la propia hostelería de Cádiz ha experimentado una subida en nivel y calidad, que permite ofrecer la amplia gama de caldos que se desarrollan. El 80% de los vinos de Cádiz se venden en la propia provincia, cuantifica Jordi. Sin embargo, en esa defensa del cuidado del consumo advierte su preocupación por los márgenes de la restauración gaditana, porque encarecen mucho el tique final y eso frena que se pida tanto.
Natalia Golding también se refiere a ese incremento del turismo como un plus que ayuda a la venta de su producto, algo más que viene a sumar. Además, "la gente ahora está abierta a probar nuevos productos", de modo que los vinos generosos de jerez y los tranquilos de la Tierra de Cádiz son compatibles con mercados diferentes, defiende.
Para Jordi, es evidente que estamos en una tierra de vinos, donde la tradición enológica es profunda aunque balanceada hacia la producción de vinos generosos porque fueron capaces de industrializar su mercado. Considera que otro gallo hubiera cantado si esa energía se hubiera dedicado al desarrollo de estos otros vinos, pero ese salto ha llegado cuando ha llegado y ahora es momento de continuar la evolución y de demostrar su calidad en el mercado para llegar cada día a nuevos paladares.
Huerta de Albalá cumplió recientemente su 25 aniversario en plena proyección y con una edición especial de su tradicional Taberner para celebrarlo. Barbazul es uno de sus productos insignia. Por su parte, las bodegas Forlong destacan por su apuesta por la producción ecológica y artesanal, con once años de trayectoria en la elaboración de blancos, tintos y rosados de la tierra. Entrechuelos es el buque insignia de las bodegas Miguel Domeqc de Jerez, con una capacidad de producción de unas 250.000 botellas anuales -cifras similares a las de Huerta de Albalá- y una amplia trayectoria familiar ligada al mundo del vino.
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