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Pero, ¿quién conoce a Teófila Martínez en Cádiz?

Historias de Cádiz-Herzegovina | Capítulo 57

En 1989 Aznar y Rato impusieron a una desconocida santanderina como número uno al Congreso por Cádiz, ninguneando a Miguel Arias, que apostaba por José Ramón del Río, e instaurando luego la única gestora en la historia del PP gaditano

La gestora, presidida por Juan Manuel Armario, trajo al PP de Cádiz una paz interna que aún perdura

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Pese a sus diferencias internas, Teófila Martínez y Miguel Arias Cañete siguieron juntos en Cádiz el escrutinio de las elecciones generales del 29 de octubre de 1989. / Joaquín Fernández 'Kiki'
Francisco Sánchez Zambrano

08 de marzo 2026 - 05:59

Tiene que haber gente pa tó, como dijera el torero Rafael ‘El Gallo’. Por eso en estos tiempos proliferan los youtubers, los instagramers, los tiktokers o incluso los conferenciantes motivacionales expertos en liderazgo, que es una de las profesiones con las que se presenta el también escritor canadiense Robin Sharma. En una de sus charlas este hombre dijo un día que “el cambio es difícil al principio, desordenado en el medio y hermoso al final”, una frase bien estructurada, quizás ingeniosa y que puede llegar a convencer a unos de la misma manera que convencería a otros si dijera lo contrario.

En cualquier caso, eso de que todos los principios o todos los cambios son difíciles es algo que puede corroborar al cien por cien la familia que conforma el PP de Cádiz, un partido que ahora está en la cresta de la ola, que ha ganado las cuatro últimas elecciones celebradas en esta provincia –no pierde unos comicios desde las generales de noviembre de 2019– pero que hace 37 años tuvo unos inicios tremendamente convulsos, cercanos casi a la esquizofrenia.

A principios de 1989, y tras una década complicada en la que no logró jamás remontar el vuelo, Alianza Popular (AP) decidió que o iniciaba con urgencia un proceso de refundación o estaba condenada a la inanición. Por eso, en enero de ese año, en el IX Congreso celebrado en Madrid, Manuel Fraga recuperó la Presidencia del partido, relevando a Antonio Hernández Mancha, anunció el cambio de nombre a Partido Popular, abrió la puerta a la integración de liberales y democristianos y depositó toda su confianza en esa nueva generación de los Aznar, Álvarez-Cascos o Rodrigo Rato, que tomarían las riendas de la nave ya en solitario en 1990.

1989 fue un año de transición que en Cádiz se vivió con tensión. La dirección del PP gaditano estaba comandada por el ya eurodiputado Miguel Arias Cañete, que llegó a la presidencia del partido en 1986 tras vencer a Jesús Mancha por 40 votos de diferencia en un bronco congreso celebrado en Jerez.

En esos tres años Arias tuvo una oposición interna implacable. Pero este abogado del Estado nacido en Madrid y afincado en Jerez no se amilanó y no dudó en ajustar cuentas como, por ejemplo, cuando en mayo de 1987 la dirección provincial del partido presentaba la lista con la que AP concurriría a las elecciones municipales de ese año en El Puerto. Ahí rodaron cabezas como las de los concejales Manuel Moreno, Teófila Martínez o Aurelio Sánchez Ramos, que pasaban de estar gobernando en coalición con el PSOE a verse en la calle. Eso les llevó a criticar abiertamente en rueda de prensa la actitud de Arias.

Y esos enfrentamientos internos no cesaron en ningún momento en los años siguientes. Tras el verano de 1989, y con la intención de coger al PP en pañales sin la refundación cerrada del todo, Felipe González adelantó las elecciones generales, fijándolas para el 29 de octubre. Y ese proceso preelectoral vino a corroborar el cisma interno en el PP gaditano.

Huérfano de liderazgo tras la caída en desgracia de Hernández Mancha, con quien siempre congenió, Miguel Arias intentó anticiparse a los acontecimientos. Por eso, el 5 de septiembre presentaba la lista del PP al Congreso de los Diputados por Cádiz, situando en los cuatro primeros puestos a José Ramón del Río (ex presidente provincial de AP, abogado del Estado igual que su amigo Miguel Arias y vicepresidente del Parlamento andaluz), al jerezano Álvaro Molina, al algecireño José González y al arcense Juan Manuel Armario. Para el Senado dejaba a Javier Cámara y le hacía un hueco a Teófila Martínez, mostrando así cierta integración.

Pero los planes de Arias saltaron por los aires 24 horas después. El 6 de septiembre la dirección nacional del partido daba un puñetazo encima de la mesa y anunciaba que la cabeza de lista al Congreso por Cádiz sería Teófila Martínez, ex delegada de Urbanismo en el Ayuntamiento de El Puerto y que había retomado su profesión de aparejadora tras llevar ya dos años alejada de la política. El presidente del PP seguía siendo Fraga, sí, pero parecía claro que detrás de esa decisión estaba la mano de José María Aznar (ya confirmado como candidato a la Presidencia del Gobierno), de Francisco Álvarez-Cascos (secretario general del PP) y de Rodrigo Rato, amigo personal de Teófila y que sumaba ya siete años como diputado nacional por Cádiz.

Primera página de la edición de Diario de Cádiz del 7 de septiembre de 1989 con el anuncio de que Teófila Martínez encabezaría la candidatura del PP gaditano al Congreso. / D.C.

La decisión de Madrid cayó muy mal en la capital gaditana. No en José Ramón del Río, que hizo mutis por el foro diciendo que se sentía aliviado porque “me han quitado una losa de encima”, pero sí entre los afines a Miguel Arias que lamentaban el ninguneo sufrido por éste y que anunciaban dimisiones en bloque en el partido. “Pero, ¿quién conoce a Teófila Martínez en Cádiz?” era la frase que más repetían para mostrar su malestar por esta designación. Hasta el propio Arias criticó abiertamente las capacidades políticas de la dirigente santanderina, llegando a decir incluso que había llegado a ese puesto por ser amiga de Rato.

Arias movió cielo y tierra para intentar reconducir la situación, pero fue imposible. La dirección nacional del PP no sólo mantuvo a Teófila en Cádiz sino que relevó a Hernández Mancha al frente de la lista en Sevilla para situar ahí a Soledad Becerril e impulsó cambios similares en Huelva, Málaga o Jaén.

Aquellas generales no salieron bien para el PP de Cádiz que, aunque amarró el escaño de Teófila Martínez, veía cómo perdía uno de los dos diputados obtenidos en 1986. Pero el vía crucis de Miguel Arias no había hecho más que empezar. En los meses siguientes vería cómo la dirección nacional del partido primero anulaba el congreso provincial que el PP gaditano había fijado para el 10 de marzo, luego destituía Emilio de la Cruz como gerente y finalmente, tras una bronca descomunal en una reunión en El Puerto, decretaba la constitución de una gestora al frente del PP gaditano, la primera y hasta ahora la única que ha habido en la historia de este partido en Cádiz.

La confección de esta gestora fue muy sui generis. Álvarez-Cascos citó en Madrid a Arias y a Teófila y empezó a citar nombres para presidir la gestora. Si ese dirigente citado era vetado por algunos de los dos, se quedaba fuera. Y al final el elegido para presidirla fue Juan Manuel Armario, líder de la oposición en Arcos y cercano a Arias, con el portuense Aurelio Sánchez Ramos, de la cuerda de Teófila, como secretario general. Los otros 14 miembros de la gestora fueron Juan Ignacio López Escobar, Jerónimo Villalba, Carlos Ramírez Gago, Bernardo Villar, Aurelio Romero, Mónica de los Santos, José Tomás Fernández Camacho, Jesús Mancha, José Antonio Aldayturriaga, Fernando Lepiani, José Ignacio Landaluce, María Teresa Molina, Eloy García Moreno y Luis Ángel Fernández. Ocho de un bando y ocho del otro.

El experimento no salió mal porque, aunque las elecciones andaluzas de junio de 1990 hicieron al PP perder uno de sus tres parlamentarios andaluces por Cádiz, sí se logró asentar una paz interna que se ha mantenido hasta nuestros días como una de las señas de identidad características de este partido en la provincia gaditana.

Juan Manuel Armario, en el congreso del PP de Cádiz celebrado en octubre de 1990 en Valcárcel en el que fue elegido presidente provincial del partido. / D.C.

Armario, que atribuye buena parte del éxito de esa gestora a “la tranquilidad de la que siempre hizo gala Aurelio Sánchez”, fue elegido presidente del partido por aclamación en un congreso provincial celebrado en Valcárcel en octubre de 1990 y, aunque en septiembre de 1991 llegó a presentar su dimisión a Aznar tras una bronca con Javier Arenas, finalmente se mantuvo en el cargo durante seis años, hasta que en 1996 cedió el testigo a Antonio Sanz. En ese tiempo Armario llegó a la Alcaldía de Arcos y jamás se colocó a sí mismo en una candidatura para las elecciones generales o andaluzas, algo que se produciría ya con Sanz de presidente.

Por aquel entonces, en 1996, Teófila Martínez sumaba ya un año como alcaldesa de Cádiz, otra designación sorprendente ideada por Aznar con la aquiescencia de Arenas y que, visto lo visto, con 20 años en la Alcaldía, no pudo salirle mejor al PP. Ahí eso de Sharma de que todo cambio es difícil al principio, pues como que no.

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