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26 de mayo del 85, una fecha grabada a fuego

  • Una detonación en el tanque de nafta casi vacío del 'Petrogen One' en el pantalán de la refinería de San Roque provoca la mayor tragedia marítima vivida en España.

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En casi todas las catástrofes, los testimonios de sus supervivientes coinciden en que un pequeño acto en el momento adecuado puede salvar vidas. Juan Guerrero Fernández, conocido como Amancio en La Línea de la Concepción y en Cepsa, recuerda hoy, 25 años después de la tragedia marítima más importante ocurrida en España que el gesto de compañerismo de llevarle una cerveza para el almuerzo a un compañero le salvó de la explosión de dos buques que mató a más de 30 personas, muchos de ellos aún desaparecidos y afectó a unos 70, con heridas de diversa consideración.

La mañana del 26 de mayo de 1985 el personal del pantalán, encargado de gestionar los atraques y acoplar cargas y descargas de los productos, entró a trabajar como de costumbre, a las 6:00 de la mañana. Era domingo y el día era muy apacible, con un Levante suave que invitaba a quedarse al sol. Todos los compañeros se disponían a almorzar en la plataforma B, próxima al Petrogen One y al Camponavia, cuando Juan se decidió a llevar su bebida al compañero que se encontraba en la plataforma A, donde estaba el Camporubio. Francisco Ponce Valle -empleado de una contrata-, acercó a Juan en un Land Rover, cuando éste último se ofreció a cubrir durante unos minutos al compañero, Francisco Fernández Luna, para que descansara junto al resto de sus compañeros de turno.

"No, el día está muy bueno, prefiero quedarme aquí al sol", recuerda Juan de aquel día -de hecho, afirma que aún se acuerda exactamente de todo lo que hizo desde que comenzó aquel turno-. Finalmente, decidió quedarse también y Ponce volvió en el vehículo cuando, de repente, se oyó la primera explosión. Eran las 11:10 de la mañana. Las tres detonaciones se pudieron oír en todo el Campo de Gibraltar, hasta la costa malagueña.

"Yo estuve malo porque aquello fue una guerra. Viéndote allí, entre llamas, sin saber por dónde salir, viendo a los muertos, ardiendo, nadando... Por último salí corriendo a la otra punta y vino un remolcador, nos recogió y nos llevó al Camporubio, que no se vio afectado y que nos llevó después al astillero de Campamento. Hasta que subí por una escala de gato a tierra firme no pensé que me había salvado, porque creí que no lo contaba", cuenta el superviviente, el único que aún vive tras la tragedia. Él y su compañero, Francisco Fernández Luna, fueron los dos únicos trabajadores del pantalán que sobrevivieron. El segundo continuó trabajando allí hasta su jubilación. Falleció hace unos meses.

El archivo de Diario de Cádiz -Europa Sur no estaba en la calle en aquel tiempo- cuenta que el Petrogen One explotó ante una posible entrada en contacto de aire con los gases que estaban en el interior del tanque de nafta del buque de bandera panameña y con tripulación oriental, que estaba casi vacío. La segunda explosión fue en el Camponavia, un barco español de la compañía Campsa con personal gallego en su interior, que estaba almorzando a bordo en el momento de la detonación. Tras los estruendos, la nafta y el combustible ardieron, provocando grandes llamas y una columna de humo que podía divisarse desde lejos. Un espectáculo dantesco que asustó a los vecinos de las barriadas cercanas. Muchos huyeron a zonas de interior.

Ese día hubo varios valientes, entre ellos, los remolcadores que actuaron como ambulancias improvisadas, pescadores y vecinos, entre ellos, el joven Francisco Javier Beza, que entonces vivía en Puente Mayorga. Un auténtico héroe para los náufragos gallegos, ya que con una pequeña embarcación a remo rescató a ocho de hombres que lograron mantenerse a flote agarrados a una boya, según cuenta la hemeroteca y le reconoció el mismo Rey el día después de la tragedia. Este diario localizó a Beza, que rehusó rememorar aquel episodio de su vida.

La tragedia fue tal que Juan Carlos I visitó a los heridos ingresados en la Residencia Sanitaria Guerra Zunzunegui, pilotando un helicóptero de la Fuerza Aérea Española que aterrizó en el Estadio Municipal de La Línea. Junto al Monarca viajaron el vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, y el presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla.

El Rey visitó a los 14 heridos -cuatro coreanos y 10 españoles- durante algo más de una hora. Alrededor de las 12:15 partió hacia San Fernando, donde asistió a una demostración de nuevas armas, sobrevolando antes el pantalán de Cepsa para conocer desde el aire los efectos del siniestro. El obispo de la Diócesis, Antonio Dorado Soto, celebró una misa en la parroquia de Nuestra Señora de la Palma, en Algeciras, por el eterno descanso de los fallecidos.

"El problema fue en los barcos, en la refinería siempre hubo mucha seguridad", cuenta Juan Guerrero al lado de su esposa, Francisca Sánchez Núñez, que aún se emociona al recordar aquel día en que, como muchos otros campogibraltareños, notaron el ruido y el temblor de las explosiones. "Yo estaba con mi hija pequeña cuando me enteré de que había sido en refinería y no en Crinavis, como decían en un principio. Me eché a la calle, paré un coche y le dije que me llevara a la residencia. Hasta que el médico no me enseñó su camisa y me dijo que estaba bien no me quedé tranquila. Tenemos tres hijos y entonces eran pequeños", recuerda emocionada.

"Un barco es como una casa, nunca se sabe lo que ha ocurrido dentro", explica el trabajador, ya jubilado, que hoy cuenta 68 años, con 35 años de experiencia laboral en Cepsa, donde trabaja uno de sus hijos. Aquel suceso marcó su vida y cuenta que nunca pudo volver a faenar en el pantalán. "Yo volví a mi puesto de trabajo pero al poco tiempo pedí que me cambiaran y me pasé a Lubrisur, a la cadena de montaje. Me dio igual ganar menos dinero", contó Guerrero.

El fatal accidente no afectó a la actividad habitual de la refinería porque funcionaron sus medidas de seguridad. Fuentes de la empresa explicaron que el fuego pudo ser controlado en una hora por los remolcadores y el propio personal de Cepsa, aunque se decidió no extinguirlo totalmente para que no aparecieran mareas negras en la bahía de Algeciras, si bien Diario de Cádiz cuenta que una playa cercana a la refinería amaneció poco después con dos kilómetros de costa manchados de fuel, procedente de los barcos siniestrados.

Aunque desde el principio parecía conocerse de manera clara la sucesión de hechos ocurridos, Cepsa inició entonces una investigación sobre el accidente del pantalán. La hipótesis que se barajaba fue que la explosión se produjo primero en el buque panameño que provocó otra, por simpatía, en el barco español, que volcó y se hundió. Los indicios que daban fuerza a esa hipótesis eran los daños observados en la parte izquierda del pantalán, donde se encontraba el Petrogen One, que eran mayores que los de la parte derecha. Además, los brazos de carga de aparecían doblados por los efectos de la explosión en dirección contraria a donde se encontraba el barco panameño. "De todas formas, es muy posible que las causas de esa explosión no se conozcan nunca", declaró entonces un portavoz de la refinería Gibraltar-San Roque. De hecho, el proceso judicial posterior, tras más de 10 años de actuaciones, concluyó sin emitir sentencia, archivándose el procedimiento.

La mayor tragedia conocida hasta el momento en España por un accidente de tales características provocó la confusión y el desconcierto en la comarca. De ese día queda el recuerdo de los fallecidos y la profesionalidad del personal que intervino.

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