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Juan Carlos Arias: "El robo de la copia del 'greco' de Paradas es una chapuza"

Este detective privado descubrió una trama de falsificación de obras de arte explica en la Sevilla de mediados del siglo XX

El falso 'greco' de EEUU que fue pintado en Sevilla

Juan Carlos Arias, detective privado. / Juan Carlos Muñoz
Fernando Pérez Ávila

02 de enero 2026 - 07:01

A pesar de ser un curtido detective privado, Juan Carlos Arias (Sevilla, 1960) no deja de sorprenderse a medida que profundiza en sus investigaciones sobre el mundo del arte. Es hijo de José Arias, un policía que investigó una trama de falsificación de cuadros en la Sevilla de mediados del siglo XX urdida por el marchante estadounidense Stanley Moss y el anticuario sevillano Andrés Moro, que le vendía obras pintadas por Eduardo Olaya. Las pesquisas se cortaron de raíz cuando se supo que una de las víctimas era Carmen Polo, la esposa de Franco. Arias hijo continuó, décadas después, la labor de su padre y publicó hace dos años el libro El falsificador de Franco. A raíz de sus investigaciones se ha descubierto que hay cuadros falsos de pintores como el Greco o Goya en museos de EEUU.

Pregunta.Usted ha investigado mucho sobre el mundo del arte, ¿qué le parece el robo de la copia de un cuadro del Greco en una iglesia de Paradas?

Respuesta.¿Qué le voy a contar? Mangan creyendo que se llevan la joya de la corona y lo que se llevan es chungo. Es como cuando le compraban cuadros al Moro, que se creían que eran originales a precio de ganga. Y después todo era falso.

P.Le confieso que al ver la noticia me acordé de usted.

R.En este tema yo ya estoy quemado. En el proceso de investigación que hice encontré muchas cosas, pero de este tema nadie quiere hablar, nadie da su nombre. Encontré a una persona que consiguió un contrato en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y le encargaron hacer un inventario de las obras que el Museo tenía a préstamo en iglesias, parroquias o conventos. Eran cuadros en depósito, propiedad del Museo pero que se les cedían a órdenes religiosas y demás. Total, que esta persona estableció que había más de 50 cuadros que se habían perdido en la guerra o que algún párroco lo había vendido sin permiso del Museo. Un absoluto desastre.

P.¿Y qué pasó?

R.Que la echaron, a la persona que había descubierto esto.

P.No me diga.

R.Sí. Yo pregunté por un supuesto Velázquez que habían donado al Museo en los años cincuenta, creyendo en mi buena fe que tenían una especie de registro. Pero no lo tienen. La nieta de la donante, o de la persona que dice que lo donó, tampoco tiene ningún recibo. Vamos, que el Velázquez se ha perdido.

P.Qué desastre, ¿no?

R.Estamos hablando de obras originales, imagínese lo que puede pasar con las copias. Conozco casos de familias que querían vender un cuadro creyendo que era de Murillo, y cuando llegó el tasador, les dijo que el cuadro que tenían al lado valía mucho más que la copia que querían vender.

P.¿Cómo ha sido para un detective privado indagar en este mundo del arte?

R.Empezó como una curiosidad personal, por honrar la memoria de mi padre, que en su día se la jugó. Pero es que es un pozo infinito. Y sin salir de Sevilla, ¿eh? Imagínese si ya buscamos en otras partes de Europa. Piense que el arte es un valor refugio, una inversión segura. Pero que esto no es de ahora, lleva siglos así. Hay gente que le paga a Hacienda, o a los bancos, en cuadros porque no tiene liquidez. Los bancos son los mayores coleccionistas de obras de arte. Pero hay mucho misterio con esto, generalmente se callan lo que tienen. Y luego está el negocio de los expertos que dan dictámenes chungos, y que dan por auténticos cuadros que son falsos. Son gente con prestigio y nadie discute su autoridad, pero a veces se han retirado obras de las casas de subastas un día antes de salir a la venta. Nadie explica por qué, pero está claro, ¿no? Hablamos de millones de dólares, ojo.

P.Eso entronca con su libro sobre la operación Sevilla y la trama urdida por Stanley Moss y Andrés Moro.

R.Todo lo que vendía Moss estaba autenticado por un catedrático de Historia del Arte de Barcelona. Un intocable, un pope. Pero casi todo era falso, pintado por Eduardo Olaya. Hay una cosa muy clara: los pintores clásicos están todos en sus tumbas y ya dejaron el pincel. Es muy raro que, siglos después, puedan aparecer obras nuevas.

P.Volvamos al tema del robo en Paradas, ¿es que ya no hay falsificadores como para que tengan que robar una copia?

R.No, no, esto es algo de delincuentes comunes. Esto huele a chapuza total. Si sabes que el cuadro bueno está guardado, ¿cómo se te ocurre ir a por el chungo? Es que es algo de primero de delincuencia. Esa gente no ha pasado ni el curso preliminar. Ya le digo que lo gordo en el mundo del arte se calla, primero porque el asunto en sí destapa las vergüenzas de los mismos museos. Mire el caso del robo del Louvre, ¿se ha sabido algo más? Sí, que ha habido arrestos y tal, ¿pero ha aparecido algo de lo robado? Eso era un encargo. El Louvre, por cierto, que se llenó de obras españolas después de la Guerra de la Independencia. Es un museo hecho a base de robos y latrocinio.

P.Hablando de grandes museos, ¿cómo van sus investigaciones sobre los Greco del Prado, que usted sostiene que hay al menos uno falso?

R.Esto está en vía muerta. Es un tema incómodo, del que soy consciente. Y siempre obtengo la misma respuesta. O me descalifican o se callan. Han optado por decir 'cuando pasó esto, nosotros no estábamos'. Pero sé que hubo una época en que el director del Prado pegaba un bote del asiento cada vez que oía mi nombre. Lo único que puedo decir es que yo me acuesto tranquilo cada día.

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