Meteo
Lluvia de barro a la vista

Cecilia Gessa: "No me interesa tanto la provocación como la exploración"

La directora y actriz estrena en el Festival de Málaga 'Una conversación pendiente', con Carlos Bardem y Salva Reina

La actriz y cineasta / Joan Crisol
Francisco Andrés Gallardo

02 de marzo 2026 - 07:28

Cecilia Gessa (Madrid, 1977) se consolida como una de las voces más comprometidas del cine español actual con el estreno en la sección oficial del Festival de Málaga de su nuevo corto, Una conversación pendiente, que explora los silencios y el amor no correspondido en la amistad masculina junto a Salva Reina y su pareja, el actor Carlos Bardem. Heredera de una prolífica saga de artistas y con una trayectoria camaleónica, ha transformado su productora, Gessas Producciones, en una plataforma de implicación agitación social. Su labor le ha valido prestigiosos reconocimientos como el Premio Rayo Verde de la Academia de Cine y el Premio Linda Chacón, reafirmando su papel como directora y productora independiente capaz de unir la excelencia narrativa con la transformación social.

Su nueva obra, Una conversación pendiente, profundiza en aquello que los hombres callan. ¿Llevaba tiempo esperando a que otra persona hablara de eso?

– Es un tema del que yo quería hablar desde hace tiempo, pero todo necesita su momento. Simplificar Una conversación pendiente como “lo que los hombres callan” se queda corto. La aparente charla distendida tiene varias capas. Habla de la soledad que se puede sentir incluso estando acompañado, de no conocer, o no sentirse realmente conocido, pese a los años de amistad compartidos. También quería abordar lo que callamos, lo que soportamos en silencio y lo que no nos atrevemos a confrontar.

Con Carlos Bardem y Salva Reina, en apariencia dos intérpretes de temperamentos bien distintos...

– Son dos actores muy talentosos y muy profesionales; siempre juegan a favor del proyecto y eso no siempre se puede decir. Entre ellos conectaron muy bien desde el principio y generaron una complicidad muy natural. Repetiría sin duda.

Han rodado en una habitación de hotel en Cuenca que usted define como “casi invisible”. ¿Cómo se construye el clima en un espacio así?

– La tensión se construye desde la elección de planos, los encuadres, la luz y el propio formato. Optamos por el 4:3 para eliminar información en los laterales y concentrar la mirada, ganando aire en el encuadre. Así el actor ocupa más pantalla. Pero la tensión dramática no depende solo de lo visual. Se trabaja con los actores durante los ensayos, donde buscamos el tono preciso y la energía contenida.

Usted reflexiona sobre la “soledad en compañía” como un mal de nuestra era. ¿Le resulta sencillo a usted encontrar espacios de intimidad real?

– Depende mucho de la capacidad de concentración de cada uno. En un rodaje puede haber ruido y movimiento y, aun así, una puede mantenerse concentrada. En esta profesión tenemos ese músculo muy entrenado. Para mí, la intimidad puede significar muchas cosas.

El silencio es oro, dicen los británicos.

– Hay momentos en el set en los que cuando se hace el silencio absoluto puedes llegar a sentir que estás sola: esa sensación tiene algo de intimidad. Luego está la intimidad real, lo que yo llamo como “detox sonoro”. En cuanto a la hiperconexión, creo que paradójicamente genera distancia. No hay tacto ni presencia física.

¿Le han sugerido alguna vez que se mete en demasiados jardines al tratar temas sociales incómodos?

– Creo que me dejo llevar por las preguntas que me atraviesan en cada momento. Y esas cuestiones, a veces, tienen que ver con temas que pueden resultar incómodos. No me guío únicamente por la actualidad, sino por una pulsión interna: la necesidad de profundizar en algo que me interpela. No me interesa tanto la provocación como la exploración.

Los datos del Informe CIMA 2025 indican que las directoras representan el 29% de los largometrajes, solo 3 puntos más que en 2015. ¿Es un avance o le indigna?

– Es un avance... pero claramente es insuficiente. Que hayamos pasado del 26% al 29% en diez años demuestra que el cambio es muy lento. No siento que se nos haya regalado nada. Si estamos ahí es porque hemos trabajado para ello. Pero sigue siendo una cuestión estructural: al final, alguien decide quién accede y quién no. Más que indignarme, me interesa que sigamos generando relevo para que la igualdad sea algo natural.

Suma usted 26 proyectos sin una sola subvención pública. ¿Siente una motivación especial en eludir las ayudas?

– No es masoquismo ni terquedad; es una cuestión de actitud y de una pasión profunda por contar historias. Si quiero levantar un proyecto, no puedo esperar a que alguien me lo ofrezca: me busco la manera de hacerlo. Durante años he reinvertido lo obtenido en trabajos anteriores para producir los siguientes. En este caso, somos siete productoras que hemos sumado recursos. Me habría gustado acceder a más ayudas, pero no siempre competimos en igualdad de condiciones siendo independientes.

Esa autofinanciación implica que el riesgo es suyo. ¿Tiene usted algún guion guardado en el cajón por falta de recursos?

– Sí, algún proyecto hay. Suelo escribir más rápido de lo que puedo producir, así que tengo varios guiones que me encantaría sacar adelante. Intento trabajar con orden; prefiero abordar cada proceso con calma. Hay proyectos que simplemente están esperando su momento, y otros que no salieron porque no era el contexto adecuado. Incluso esa pausa me ha venido bien para hacerlos crecer.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último