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El algecirismo no tiene edad

  • Eduardo Pérez, con 97 años, es el abonado más longevo del Algeciras y no falta los domingos de fútbol al Nuevo Mirador

  • "Mientras la salud me lo permita, aquí estaré", asegura

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"Iré a ver al Algeciras siempre que la salud me lo permita". La frase es de Eduardo Pérez Bautista y es una promesa ya más que cumplida. A sus 97 años es el abonado de más edad del Algeciras Club de Fútbol y, acompañado de su hija y su nieta, es un fijo de la grada de tribuna del Nuevo Mirador. "Estoy deseando que lleguen los domingos que hay fútbol para ir, ilusión no me falta", asegura un aficionado con elegantes mayúsculas.

Eduardo Pérez Bautista nació en abril de 1919 y, como cualquier persona que ronda el centenario, tiene una interesante historia que contar. La suya comenzó en Gaucín, lugar de nacimiento, desde donde llegó a Algeciras con 14 años junto a su familia. Vinieron, como otros muchos, para trabajar en una ciudad que entonces estaba en crecimiento. "Mi padre puso una carbonería en la calle Ángel. Le ayudaba y repartía el carbón de los encargos pero al año siguiente empecé a trabajar en un bar que había en el centro, alrededor del mercado, La cabeza del toro", recuerda aquellos inicios en la ciudad. Sufrió la Guerra Civil y volvió años después del servicio militar para montar un puesto en el Mercado de Abastos. Era 1943 y allí permanecería hasta su jubilación en el 85. Hoy es una de sus hijas quien lo regenta y él aún acude para ayudarle.

El veterano socio algecirista recuerda sus primeros días como aficionado. Siempre le atrajo los toros pero empezó a acudir al fútbol de la mano de un familiar. "Antes de que existiera el campo de fútbol El Mirador, ya iba a ver al Algeciras a un llano que había cerca del ambulatorio central, a los pocos años lo vallaron y pusieron taquillas. Recuerdo que los jugadores se tenían que comprar su indumentaria", ilustra Eduardo Pérez detalles de aquellos años en El Calvario, donde dio sus primeros pasos como algecirista casi a la vez que los daba el club de sus amores.

"Ya cuando inauguraron el estadio El Mirador el club empezó a tener la figura de abonado y me saqué el carnet", explica Eduardo que asegura jamás se ha "dado de baja". Más de medio siglo de socio de un club con el que se lleva apenas siete años si situamos el nacimiento de la entidad en 1912, fecha de su inscripción federativa. "Iba con un amigo, Manolo el inglés, le llamaban así porque trabajaba en Gibraltar. También iba mi primo y padrino de mi hija, Paco Machado, que estaba en la directiva del Algeciras, llevando entonces la documentación", evoca. Eduardo fue un aficionado activo y colaborador con su equipo. A finales de los sesenta, el Algeciras creó una figura llamada socio-protector, que ayudaba al club económicamente cuando lo necesitaba y él fue uno de ellos, incluso cuenta que prestó 25.000 pesetas, entonces una cifra muy importante, que luego le devolvieron cuando las cosas mejoraron en la entidad. En el año del centenario, recibió un sencillo pero bonito homenaje del de su club junto a los otros socios más antiguos: Juan Butrón, Francisco Espinosa y Ramón Foncubierta. Enormes aficionados.

Como todo algecirista que se precie de serlo, añora el extinto El Mirador. Tanto que, aún hoy, mantiene un ritual muy habitual en aquellos años e invita a "cafelito" a sus acompañantes en el Okay de la Calle Capitán Ontañón, situado cerca de El Corte Inglés levantado sobre las cenizas del viejo estadio.

"Recuerda mucho un partido en El Mirador con el Málaga, era por la mañana y llovía muchísimo, había un gran vendaval pero el estadio estaba lleno y tuvieron que poner sillas supletorias en cada hueco que había", explica su nieta Elena, que cada domingo acompaña a Eduardo al fútbol. "No quiere que nadie le ayude a subir las escaleras", apunta su hija mientras avanza él avanza con destreza para su edad, deseando ya tomar asiento y disfrutar del partido y de un Algeciras que este año le está dando muchas alegrías. Son muchos años pero Eduardo no pierde un ápice de su pasión por los colores rojo y blanco.

"Él es una persona muy tranquila y en el fútbol es igual, no se aperrea mucho por fuera, jamás grita ni hace aspavientos, pero por dentro se pone negro cuando pierde o juega mal. Cuando gana, se le ve la alegría en la cara", cuenta su nieta. Buenos y malos momentos, que son ley de vida para el aficionado al balompié y más si hablamos del algecirista. Eduardo Pérez recuerda un viaje que estuvo a punto de salirle demasiado caro. "En el año 82, fuimos a ver un partido del Algeciras, era un día de mucha lluvia, por la carretera antigua de Ruta del Toro y tuvimos un accidente grave. Gracias a Dios, todo fue bien y poco a poco nos recuperamos, el coche quedó siniestro pero aquello no nos quitó las ganas de seguir viajando con el equipo", explica el veterano abonado.

Porque este singular aficionado también era de los viajeros, junto a su hija y su yerno. "Hace ya unos años que se desplaza con el equipo por la edad y no queremos darle mucho trote, además, no le gusta mucho el autobús y se cuida mucho con la comida, fue vegetariano naturalista muchos años y no le gusta mucho comer fuera de casa", explica su nieta.

Eso sí, no falla cuando su Algeciras juega en su estadio. "Vamos todos los domingo al campo, da igual el frío, si llueve o hace mucho viento, si mi familia va, voy con ella", asegura Eduardo, que, apunta su nieta, "siempre es el primero en estar listo". Con la elegancia y el saber estar más propios de su época de juventud, y a sus 97 años, Eduardo Pérez Bautista se encamina a la puerta 51 del Nuevo Mirador, saca su agujereado carnet de abonado y entra a otra tarde de fútboly recuerdos, sin percatarse tal vez de que es el mayor ejemplo de fidelidad del algecirismo.

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