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El videoclub en tiempos de Netflix

  • Aitor Estévez es un superviviente

  • Su familiar establecimiento en El Rinconcillo, Estudio 54, es el único que conserva la esencia de antaño en todo el Campo de Gibraltar

El videoclub en tiempos de Netflix El videoclub en tiempos de Netflix

El videoclub en tiempos de Netflix / Aitor Estévez atiende a un cliente en su videoclub.

El número de videoclubs en España cabe en un grupo de Whatsapp. Unos 400 usuarios interactúan por la aplicación de mensajería instantánea ayudándose unos a otros a subsistir. Incluso existen algunos de Latinoamérica que los han conocido por las redes sociales y se han unido. La primera pregunta que surge sobre estos establecimientos es: ¿todavía existen? Pues sí. Muchos de ellos se han convertido en lugares de culto cinematográfico, especializándose sobre todo en el cine de autor. Para ciertas personas son reliquias que con suerte te encuentras por la calle y para otros aún es una forma de vida. Los que quedan en la comarca apenas dan para un grupo de Whatsapp. De hecho solo uno mantiene la esencia de antaño: El Estudio 54, en el barrio algecireño de El Rinconcillo.

Hace tan solo diez años, prácticamente cada barrio tenía su videoclub de confianza al que acudir mínimo los viernes a por la película del fin de semana. Para muchas familias esto era todo un ritual: el viernes por la tarde padres, madres e hijos iban juntos al local y nada más entrar por la puerta salían disparados a sus secciones favoritas: infantil, acción, drama, comedia... donde pasaban los minutos decidiendo la mejor opción.

El dependiente esperaba al otro lado del mostrador, pidiendo la tarjeta de socio y colocando, primero el VHS y años después el DVD, en el interior de la carátula elegida.

El viernes era noche familiar. En las casas se veían las películas elegidas por los niños rodeados de mantas y chucherías y a la mañana siguiente los más pequeños volvían a repetir en el desayuno.

Ahora los tiempos han cambiado. El boom que causó Emule a principios de siglo fue un punto de inflexión. Las facilidades de Internet unidas a la picaresca española propiciaron que la piratería se disparase. A este duro golpe para las pequeñas empresas del alquiler de cine se sumó la aparición de gigantes como Netflix o Imagenio.

Muchos videoclubs no lo soportaron y en la comarca la cosa no fue para menos. Míticos establecimientos como el Videoclub Acción, el de Radio Andalucía o La Paz cerraron sus puertas. Ahora cuesta encontrarlos. Teclee "videoclub cerca de Algeciras". Tan solo tres respuestas aparecen en el Maps: Videoclub Morata, Vídeo Línea y Estudio 54. El primero de ellos se sitúa en San José Artesano (Algeciras), pero parece inoperativo; el segundo está en La Línea, compartiendo local con un sexshop que le ha comido terreno; el tercero es el único auténtico que mantiene la esencia. Esta es la oferta de toda la comarca.

"Nosotros no vivimos del videoclub, lo hacemos de la tienda erótica. Lo hemos mantenido más que nada por no dejar vacío el local y como viene alguna persona esporádicamente lo dejamos para dar un servicio, pero como negocio nada, vaya ya ni tenemos el cajero", explica Francisco Javier, gerente del local linense.

Aitor Estévez es el dueño de Estudio 54 y cada día lucha por mantener abierto su negocio. "Esto es toda una responsabilidad, no lo puedo dejar. Si cierro Algeciras se queda sin nada". Su local se sitúa en la avenida de la Diputación en Rinconcillo y, al contrario de lo que puedan pensar, no le va nada mal, es más, ha tenido que hacer obras y ampliar.

El ambiente cinéfilo inunda nada más cruzar la puerta y transporta a épocas pasadas en las se hacían colas en estos locales. A la izquierda, un mostrador en el que sobresalen los llaveros y la máquina de palomitas; al fondo, la sección infantil en la que se encuentra estratégicamente situada una máquina de recreativos de los 80. Un rinconcito con una mesita, un sofá naranja y unas banquetitas flanqueados por una nevera de refrescos y cervezas y una vitrina de juegos de mesa completan la estampa, en la que reinan las hileras de películas que componen una colección de casi 7.000 obras.

Pero, ¿cómo puede funcionar hoy en día un videoclub? La clave del éxito es su dueño. Aitor ha sabido sacarle todo el potencial al negocio. "Abrí en 2005, en pleno apogeo del Emule, cuando la cosa se estaba poniendo difícil. Supongo que como me acostumbré a ganar lo justito con unos mil euros he sabido aguantar. Otros locales estarían acostumbrados a ganar mucho más de la época buena y a lo mejor esto no les valía", supone el jefe.

Cuando abrió hace 13 años no imaginaba que duraría tanto, pero ha sabido innovar para mantenerse. Conciertos, exposiciones, recepción de mensajería y muchas ofertas son los anzuelos para que la gente entre en su local. Pero si Estudio 54 va tan bien es por su dueño: visionar unas 12 películas a la semana, conocer a sus clientes y un trato cercano son las claves para que cerca de 3.600 personas sean socias. "Aunque luego vienen como mucho 600", apunta Aitor.

Aún así, al día puede alquilar entre 30 y 40 películas. Las cifras se consiguen gracias a la ayuda de los lotes que varían cada mes, por ejemplo, tres películas de fondo para devolver en dos días, por 3 euros.

Las novedades no acaban ahí. Para invierno piensa en alquilar también juegos de mesa y a los niños les da puntos por las notas. "Se me forman colas de niños que vienen con sus aprobados en la mano para que se los canjee por puntos y alquilar películas", explica Aitor. Además, le pidió a una amiga psicóloga que le hiciese un cuaderno para que uno de esos pequeños con autismo pudiese mostrar en él las películas y chucherías que quería cuando no supiese cómo comunicarse.

Un sitio en el que querer estar, ese es el objetivo. De ahí que los viernes a veces den las tantas con los clientes que han convertido el local en un centro de reunión de amigos, dándole un sentido completo al término videoclub. "Hay una pareja que viene desde Los Barrios, se mudaron hace poco, les gusta mucho el cine, no conocían a nadie y han hecho amigos aquí en Estudio 54", comenta Aitor.

Pero, ¿cuál es el perfil de sus socios? "De todo, aquí viene gente buscando las novedades, los clásicos, infantiles... y yo voy a demanda, lo que me pidan lo busco para traérselo", aunque es verdad que "tienen cierto amor por la cultura, si no no estarían aquí. Sobre todo los padres inculcándoles a los hijos el gusto por el cine", añade.

Las novedades son los DVD más reclamados, por los que Aitor bucea en internet o tira de su grupo de Whatsapp para encontrarlos. Cada semana informa a los socios por esta misma aplicación de las novedades, e incluso reservan desde el propio smartphone, y a principios de mes avisa de la oferta para los próximos 30 días.

Las nuevas tecnologías claramente son aliadas de Estudio 54. No solo alerta a sus clientes por la app de mensajería, también es muy activo en Facebook, al que Aitor considera su mayor competidor. "La gente se puede pasar horas en el sofá con la televisión puesta sin ver nada, solo mirando Facebook", aclara. Por eso decidió que si su posible público va a estar en esta red social "por lo menos que me vean a mí ahí también".

Muchos pueden pensar que está loco por dedicarse a ese oficio, que no va a durar, que en breve tendrá que cerrar al trabajar en uno de los dinosaurios del siglo XX. Pero eso mismo pensaba él hace 13 años cuando abrió y continúa al pie del cañón. Le gusta lo que hace, no lo cambiaría por nada "solo que me vaya un poco mejor y poder contratar a alguien y así tener más tiempo libre", comenta riéndose.

Algunos puede que no lo entiendan, pero el videoclub es un órgano del barrio, no ofrece únicamente el alquiler de películas, es un verdadero club, un lugar de reunión en el que disfrutar de una de las mayores maravillas del ocio, el cine.

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