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Invasión en el Estrecho

  • Los expertos alertan de la agresiva proliferación en menos de tres años de una alga asiática que amenaza a la biodiversidad, el turismo y la pesca

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No se sabe a ciencia cierta cómo llegó en otoño de 2015, pero sí que aquí encontró su hogar ideal. Y, sin pensárselo dos veces, procedió a ocuparlo con una virulencia nunca vista. Tanto es así que en poco menos de tres años ha dejado claro que quiere adueñarse de las costas del Estrecho. En una y otra orilla. Y tiene a los expertos en biología marina con la boca abierta. Nunca habían visto tanta agresividad. La protagonista de esta invasión callada es un alga que no entiende de barcos: si se tiene que llevar a alguien por delante, lo hará. De hecho, ya lo está haciendo, porque aquí se reproduce a una velocidad increíble que le hace ocupar grandes zonas de costa con un manto pardo que significa la muerte de otras especies. Es una cuestión de espacio: aquí ahora estoy yo, tú vete. Cueste lo que cueste, que puede costar mucho. Porque su presencia se está disparando hasta provocar una alteración ecológica en el Estrecho que, además, amenaza con derivar en graves consecuencias económicas para diversos sectores.

Nadie conoce el Estrecho como el catedrático de Biología Marina de la Universidad de Sevilla José Carlos García Gómez, que sigue de cerca a esta alga y habla de que aquí ha encontrado "un traje a medida" para su proliferación, que está siendo "brutal" e "inédita".

Pero primero vamos a conocerla. A esta invasora se le nota el origen asiático desde el nombre: Rugulopterix okamurae. Al parecer fue introducida en la laguna costera de Thau (Francia, en el Mediterráneo), probablemente junto con las ostras japonesas importadas a Europa con fines de maricultura. Es un alga parda muy cercana al género Dyctiota que en el otoño de 2015 se observó por primera vez en Ceuta. Los análisis morfo-anatómicos y genéticos de las muestras recogidas en Tarifa, llevadas a cabo por el Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de Málaga y la Kobe University de Japón, ha permitido identificar la especie en cuestión. No tardó mucho en alcanzar el Parque Natural del Estrecho, especialmente la costa este. Allí han sido observadas enormes arribazones, acumulaciones visibles de algas depositadas por acción de la mar en las playas, que producen efectos negativos sobre su uso recreativo e incluso sobre la salud pública. Las grandes masas de esta alga se agolpan en las orillas, se pudren, producen malos olores y atraen insectos. Alejan a los bañistas de las costas y obligan a las administraciones a gastarse grandes cantidades de dinero en retirarlas.

En el litoral además se enredan en las artes de pesca. La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía recogió en su Boletín de Gestión del Medio Natural y Espacios Protegidos del pasado mes de febrero que la presencia masiva de la Rugulopterix okamurae "ha supuesto un importante quiebro económico para el sector pesquero, pues muchos pescadores se han visto obligados a dejar de utilizar sus redes, que sacaban del agua completamente cubiertas por este alga". "La expansión de muchas especies exóticas con comportamiento invasor supone grandes pérdidas económicas, que afectan a una gran diversidad de sectores productivos. Actualmente, y puesto que la divulgación de este problema ha sido intensa en los últimos años, la alerta social que se produce cuando una de estas especies aparece en el medio natural es significativa. En todos los casos se reclaman actuaciones para su eliminación".

La proliferación del alga invasora del Estrecho merma considerablemente la flora autóctona, y por ende también la fauna de la zona. Para los científicos es muy importante conocer cómo estas especies pueden cambiar la dinámica trófica de los ecosistemas marinos que colonizan, para así poder evaluar los efectos que pueden tener para las especies nativas.

El colectivo ecologista Agaden presentó una iniciativa en la última Junta Rectora del Parque Natural del Estrecho en la que habla de que entre las especies que se han visto ya desplazadas por la Rugulopterix okamurae está el erizo de mar. Los ecologistas explican que Thau y el Estrecho son dos lugares "bien separados para que un ser vivo sin capacidad de desplazamiento, salvo por la dispersión antrópica de semillas, se encuentre sin dejar rastro en el camino que les separa".

El análisis de los muestreos realizados por la Universidad de Málaga dentro del trabajo fin de máster de Cristina Pulido Leire, en 2017, 'Rugulopteryx okamurae (Dictyotales, Ochrophyta): Morfología, anatomía y estrategias reproductoras de una nueva especie exótica de macroalga en el Estrecho de Gibraltar', dirigido por María Altamirano, establece la certeza de que es fértil todo el año, pero sólo por esporas vegetativas, nunca por reproducción sexual. Esto significa que, entre otras posibilidades, existe una entrada continua de propágulos, la cual, de ser bloqueada, podría frenar la enorme colonización que existe en nuestras costas, devolviendo el equilibrio al medio marino con una profundidad de entre 0,5 a 15 metros.

Por ello, Agaden entiende que la culpable de la presencia de esta alga es el agua de lastre, la que se carga a bordo de un buque, con la misión de dar mayor estabilidad y maniobrabilidad a las embarcaciones cuando se desplazan sin carga o ésta no es lo suficientemente pesada. "En los tanques de lastre, además del agua se encuentran partículas de sedimentos y organismos que atraviesan los sistemas de bombeo y conducciones, los cuales pueden ser liberados en el puerto de destino al descargar el agua de lastre. El Puerto de Algeciras realiza semanalmente catorce rutas hacia los países de donde es originaria el alga Rugulopterix okamure", explica.

En septiembre de 2017 entró en vigor el Convenio Internacional para el control y la gestión del agua de lastre y los sedimentos de los buques (OMI, 2004). Esta norma se establece al ser una certeza que los buques hacen uso de grandes volúmenes de agua de mar en sus actividades y procesos. Entre todas las usadas el agua de lastre aparece como un desafío emergente, generando especial atención debido al transporte de especies invasoras y el impacto significativo que su descarga pueda tener en los ecosistemas y en las actividades humanas. De hecho, la transferencia de especies invasoras por medio de aguas de lastre aparece como una de las mayores amenazas mundiales de los océanos. La Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras desarrolla el programa SAMPA 2, como punta de lanza de todo el sistema portuario español, para generar el transporte marítimo más sostenible.

Agaden pide que se exija a la APBA que establezca un tratamiento efectivo de las aguas de lastre, impidiendo que se viertan de manera descontrolada, lo que provoca graves perjuicios. Y que aporte la ayuda necesaria al Parque Natural del Estrecho para la retirada, controlada por la Consejería de Medio Ambiente y la Demarcación de Costas Andalucía Atlántico, de los arribazones con efectos negativos para la costa, en los municipios cuyos ayuntamientos no las quiten.

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