Instituto de Estudios Campogibraltareños

El socorro a Arcila, Tánger y Ceuta desde Gibraltar en 1524 (I)

Vista de Ceuta. Civitatis Orbis Terrarum (ed. Georg Braun, Amberes, 1577).

Vista de Ceuta. Civitatis Orbis Terrarum (ed. Georg Braun, Amberes, 1577).

Por unas informaciones fechadas el viernes 19 de agosto de 1524 en las atarazanas de Gibraltar por Juan de Covilla, juez pesquisidor y justicia mayor, sabemos que se había recibido carta del capitán de Ceuta en la que informaba que la ciudad se hallaba en mucho peligro de moros, que hacía tres días que mataron al anterior capitán y que esperaban ser cercados de forma inminente, por lo que se requería al cabildo de la ciudad de Gibraltar el urgente envío de gente de guerra que ayudase a defender la ciudad.

Según Jerónimo Mascareñas, capitán fallecido fue don Juan de Noroña, hijo de don Fernando de Meneses, segundo marqués de Villarreal, que gobernaba la ciudad desde 1521 pero que “no quedó de él otra memoria que el haberle matado los moros en una refriega el año de 1524 sin que nos conste el modo ni la ocasión de su muerte”, al que sucedió al mando de la plaza su hermano Nuño Álvarez de Noroña. Correa de Franca, en cambio, fecha las evidencias documentales más antiguas del gobierno de don Juan de Noroña en mayo de 1522 y al menos en noviembre de 1524 las de su hermano don Pedro de Meneses, conde de Alcoutim y tercer marqués de Villareal, que es quien realmente le sucedió, aunque, como veremos, todavía para estas fechas no debía encontrarse al mando de la plaza, siendo el autor de la carta enviada al Gibraltar otro capitán. Habrá que convenir, por el contenido de las informaciones mencionadas, que la muerte de don Juan de Noroña sucedió el 16 de agosto de 1524.

Tras la lectura de la carta de Ceuta ante los regidores de Gibraltar, Juan de Covilla ordenó a Sancho de Figueredo, teniente de alcaide del castillo y capitán de la ciudad, que tomara las medidas necesarias para socorrer a Ceuta, que el gasto empleado ya lo devolvería Sebastián Álvares en nombre del rey de Portugal y que si no, él mismo lo mandaría proveer en nombre del rey de Castilla sacando el dinero de las rentas reales si fuera necesario. Parece, pues que, a su propia costa, Sancho de Figueredo “puso dineros en una tabla e mandó pregonar que todos los que quisiesen pasar a Cebta se viniesen a escribir e que les daría dos ducados por un mes e una fanega de trigo para su mantenimiento”.

La lista de reclutamiento contiene treinta y seis nombres, casi todos vecinos de Gibraltar, pero también dos portugueses, uno de Jimena, otro de Alcalá de los Gazules, de Zahara, Utrera y Málaga, entre otras localidades; de algunos se especifican sus oficios, como maderero, aserrador o vaquero. Dieciocho de ellos aportan como armamento una lanza y una espada, de uno de ellos se especifica que la espada es un montante, un tipo de espada grande que había que manejar con las dos manos, otros tres además llevan rodela, sólo con lanza se alistan cinco hombres, siete son ballesteros, dos escopeteros y uno se enrola como carpintero. Como capitán de la compañía, con sueldo de seis ducados, se alista el jurado Sancho de Sierra.

Esta compañía estaba ya en Ceuta el 19 de agosto, fecha en que el capitán y gobernador don Antonio de Noroña certificaba que el jurado Sancho de Sierra había traído de Gibraltar treinta y tres hombres entre ballesteros y espingarderos bajo el mando de Sancho de Figueiredo con sueldo de dos cruzados por mes. Este don Antonio fue hijo del fallecido don Juan y debió asumir el mando de la plaza de forma interina hasta la llegada de su tío don Pedro; volvió a mandar la plaza en 1549.2 Es muy posible que esta primera compañía gibraltareña llegaran a Ceuta en la carabela de Jorge Domingues, Nuestra Señora do Cabo, que debía estar recién llegada de Tánger, pues el 8 de septiembre éste requeriría al factor Sebastião Álvares lo que le debía de haber mandado gente de Gibraltar a Ceuta.

Volviendo al día 19 de julio, tras la lectura de la carta del capitán de Ceuta en el cabildo de Gibraltar, también el comendador Diego de Natera se dispuso a su costa a reclutar gente para el socorro de la ciudad vecina y “luego envió más de ochenta hombres a la çiudad de Ceuta con Francisco de Mendoça por capitán de ellas”, era este conocido como el Mozo y era regidor de la ciudad, con sueldo de “dos ducados y una fanega de trigo para todos los que quisieran ir”. Esta segunda compañía debió de formarse el mismo día que la de Sancho de Figueredo e incluso con antelación, pues en esta última se alistaron un tal Juan Pérez y su hijo Martín Pérez, ambos con lanza y espada, pero en principio se les dio de paga solo tres ducados para los dos, no cuatro, ya que ya habían recibido uno al alistarse con Diego de Natera; de hecho, no se les pagó el sueldo completo hasta que no devolvieron lo recibido por el comendador. Pero, aunque el reclutamiento de ambas compañías se hiciera el mismo día, ésta de Francisco de Mendoza debió de salir de Gibraltar un día más tarde, pues es el 20 de agosto cuando el capitán don Antonio de Noroña daba conocimiento al contador Antonio Arráez que Diego de Natera había enviado en socorro de la plaza 82 hombres entre ballesteros y espingarderos al mando de Francisco de Mendoza, para que se les dieran sus pagas.

Ese mismo día, André Martins, maestre de la nao San Antonio, entregaba en Ceuta 25 cahíces y medio de trigo que en Gibraltar le había entregado el comendador Diego de Natera, pudiendo ser que en la misma embarcación llegaran a Ceuta los hombres capitaneados por Francisco de Mendoza. Por su parte, Sebastián Alvares seguía enviando avituallamientos desde Málaga, el 21 de agosto llegaban a la plaza un bergantín con 30 quintales, 20 arrobas y 20 libras de bizcocho.

Grabado antiguo de Ceuta. Grabado antiguo de Ceuta.

Grabado antiguo de Ceuta.

Por los mismos días, Diego de Natera enviaba correos al rey de Castilla, al marqués de Mondéjar, capitán general del reino de Granada, para que mandase socorrer por la costa, a Luis Ribeiro, factor del rey de Portugal Cádiz, y al propio Sebastião Álvares, e hizo ciertos gastos en otras operaciones relacionadas con el socorro, como tres ducados que dio a Baltasar de Goes, maestre de una embarcación, para reclutar marineros que le ayudasen a llevar hombres a Ceuta y otros tres reales que dio a una barca para llevar bastimentos al corsario Vasco Hernández, capitán de unas de las carabelas portuguesas que hacían la guarda del Estrecho, “porque él no osaba llegar a Gibraltar”.

Nuevo reclutamiento y conato de motín en Gibraltar

Todavía se dispuso el comendador a reclutar una tercera compañía de hombres para el socorro de las plazas portuguesas para lo que envió a Juan de Suazo a Jerez y Medina, de donde trajo, según declaraba él mismo, más de cien hombres, aunque según otro testimonio, trajo una escuadra de cuarenta. También envió a Antonio López a Ronda, de donde trajo veinte o treinta hombres según unos testimonios y más de cincuenta según otros; en total, Juan de Natera calculaba que se juntaron en la ciudad 160 hombres o más, aunque podríamos rebajar la cifra a poco más de cien.

Gibraltar, en un grabado de época. Gibraltar, en un grabado de época.

Gibraltar, en un grabado de época.

Como fuere, una vez reunidos en Gibraltar los nuevos refuerzos y ya dispuestos a embarcar, llegaron nuevas noticia desde las plazas de África de que no eran necesarios, suponemos que por no haberse llegado a verificar los cercos, y se pidió a Diego de Natera que los despidiera, pero como el reclutamiento se había hecho con la promesa de sueldo a cargo del rey de Portugal y los que se habían alistado para la empresa habían realizado a su propia costa gasto en avituallamiento, armas y otras cosas que les eran necesarias en el pasaje y defensa de aquellas ciudades, no estaban dispuestos a abandonar Gibraltar sin cobrar lo que se les había prometido; sobre esto declaró Juan de Zuazo en que “andaban quejándose y jurando a Dios que había de matar a este testigo porque los habían engañado”.

No podemos asegurar que se produjese propiamente un motín, pero la presencia en Gibraltar de unos más de cien o quizá ciento sesenta hombres armados y descontentos suponía una amenaza para la paz y seguridad de la ciudad. La soldadesca fue a quejarse al corregidor reclamando el sueldo de un mes y éste dio orden a Diego de Natera de que apaciguara a la tropa, para lo cual se hicieron averiguaciones de lo que había gastado cada uno y se les compensó a unos con cuatro, cinco o seis reales y a otros con un ducado, montando en total 80 ducados de oro el gasto hecho por el comendador.

Artículo publicado en el número 59 de Almoraima, revista de estudios campogibraltareños. Octubre 2023

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