'Nunca seré tu héroe', una gran novela realista sobre los conflictos de los adolescentes
La estantería | Literatura infantil y juvenil
'La Estantería' alcanza su número 300 con un clásico de la literatura juvenil, publicado en 1988, pero que aún sigue vigente
Los días pasan deprisa, tan rápido que esta es La Estantería 300. Son muchos los libros que han pasado por esta página, mucho más los que han rodado entre las manos del alumnado y de los participantes en esta grata experiencia.
Para La Estantería 300 deseábamos presentar un libro especial. Ya hemos comentado varias veces que en Secundaria baja el número de lectores, el tiempo que dedican a la lectura por placer y el número de libros que terminan. Esta opinión es opuesta a la que hace pocos días realizaba el Ministro de Cultura, pero nosotros solo contabilizamos lectura por placer y por elección propia. Por ello queríamos traer un libro dedicado especialmente para ellos.
Curiosamente entre la docena de libros que pusimos a la elección, el elegido ha sido Nunca seré tu héroe. Nada de “Romantasy”, que son novelas románticas con toques de fantasía heroica, que algunos pensaban que aparecerían la semana pasada con el 14 de febrero. Nunca seré tu héroe es una novela realista, en la que los protagonistas son chicos y chicas de Secundaria, todos ellos muy normalitos, sin poderes especiales, nada de dragones, ni vampiros o hombres lobos; lo más parecido a un ser siniestro son algunos de sus profesores.
Nunca seré tu héroe es un clásico de la literatura juvenil, llegó a las librerías en el año 1998, y conozco a más de un profesor de Secundaria que la leyó siendo un adolescente y ahora es él quien la recomienda a su alumnado. Con setentas ediciones a su espalda, pero tiene la frescura de los primeros años.
Los adolescentes de los años noventa y los del 2026, aunque pueda parecer sorprendente, comparten muchos rasgos psicológicos. Son años magníficos, la auténtica flor de la vida, con todo un mundo por delante. Sin embargo, también es una etapa marcada por una profunda inestabilidad emocional: los cambios de humor son constantes y, en ocasiones, bruscos. Aunque no poseen superpoderes, a veces adoptan conductas de riesgo, tanto físicas como emocionales. Se encuentran en plena búsqueda de su identidad y, por ello, sienten la necesidad de distanciarse del control familiar y de los adultos, a quienes en muchos momentos perciben como adversarios que intentan imponer normas que consideran absurdas y limitadoras de su libertad. Necesitan formar parte de un grupo con el que se identifiquen, pues sienten que solo sus iguales pueden comprenderles verdaderamente. Y, por supuesto, atraviesan una etapa marcada por cierto egocentrismo propio de la edad. En definitiva, son personas con gran potencial y bondad, que necesitan tiempo, acompañamiento y su propio espacio de intimidad para poder crecer y madurar plenamente.
Todas estas características laten con fuerza en el protagonista de “Andrés Estudia”. En realidad, su apellido no es Estudia; pero como su madre se lo repite con insistencia casi litúrgica —“¡Andrés, estudia!”—, él ha terminado asumiéndolo como si fuera parte inseparable de su identidad. Una identidad, por cierto, que todavía está en construcción. Andrés vive en un ecosistema de vigilancia permanente. En casa, la disciplina se impone como un dogma. No puede estudiar con música —como si la concentración tuviera una única forma válida—, su teléfono es objeto de inspección y cada norma parece insuficiente ante el temor adulto de que algo se descontrole. Su madre, movida más por el miedo que por la confianza, convierte el cuidado en sobreprotección y la orientación en asfixia. En el instituto, lejos de encontrar un espacio de comprensión, se topa con otra figura de autoridad inflexible. Su profesora —a quien él caricaturiza como una especie de “Rambo pedagógica”— dispara discursos sobre responsabilidad, esfuerzo y control con una intensidad casi militar. Desde su mirada adolescente, el aula no siempre se percibe como un lugar de acompañamiento, sino como un campo de entrenamiento para sobrevivir a la exigencia constante. El libro retrata, con ironía y cercanía, esa tensión permanente entre el mundo adulto y el universo adolescente. No se trata simplemente de un choque generacional, sino de una lucha por el reconocimiento: el deseo del joven de ser escuchado frente al temor del adulto a perder el control. Y ahí radica su fuerza.
Para cualquier lector —pero especialmente para los adolescentes— el comienzo de una historia debe golpear suavemente la puerta de su propia experiencia. Debe ofrecer un espejo en el que reconocerse y, al mismo tiempo, una rendija por la que asomarse a otra forma de entender el conflicto. Nunca seré tu héroe lo consigue desde las primeras páginas: no juzga, no moraliza, simplemente muestra, y al hacerlo, interpela.
A Andrés, además de sus granos, le acompaña en esta historia su familia, compuesta por una madre controladora, demasiado protectora para un adolescente; su hermana menor, Paula, a la que le gustaría estrangular, pero en otros momentos se la comería a besos; y su hermano mayor, Carlos, don perfecto, con una gran fuerza de voluntad y que desde pequeñito quiere ser cirujano. Finalmente, tenemos a su padre que acaba de ser despedido; esta dura experiencia lo ha anulado.
Sus amigos y compañeros: Sara, que huele a limón y sus ojos son color miel; Dani, su compañero del alma, pero también de “pedos” (borracheras); Belén, con la que comparte sus confidencias; y Jorge, el pijo.
El Instituto, que como en la sociedad, los que triunfan son los pelotas. Allí tenemos el desfile diario de la Rambo, el Salivazos, el Sátrapa, el Bombilla, el Puerta, pero también está la espléndida Irene, la profesora de Literatura.
“Nunca seré tu héroe”
Autoría: María Menéndez-Ponte. Editorial SM. Tapa blanda, 23 x 15 cm tamaño, con 256 páginas. Andrés es un adolescente que no vive su mejor momento: está harto del Instituto, de su familia, especialmente del control de su madre, de los cambios y descontrol que tiene con su cuerpo, odia su eterno acné... Solo le anima dibujar cómics, su novia y odiar a Jorge, el pijo y pelota de la clase. ¿Qué hará para encontrar su sitio en la vida? Es una narración escrita en primera persona, casi como un diario. En ella nos metemos con facilidad tanto en los hechos como en los pensamientos internos de Andrés.
Un libro ideal para trabajar con los adolescentes, especialmente con el alumnado de Secundaria. La historia trata sobre los problemas de los jóvenes, su relación con los estudios, sus planes futuros, las relaciones con la familia, con los amigos, con los adultos y especialmente con el profesorado.
La autora no esconde su crítica social: el paro, el problema de la vivienda, las hipotecas que estrangulan a las familias, el alcohol tan presente en las fiestas y en el ocio de los jóvenes, el racismo, el machismo, las primeras relaciones sexuales, el embarazo no deseado, pero todo ello al nivel de los adolescentes y con una gran dulzura. También plantea la necesidad del empoderamiento, de dar armas a los jóvenes para que superen sus problemas y frustraciones: “Si no intentas las cosas, nunca te saldrán”.
“Una frase no son sólo las palabras una detrás de otra, está el tono, el gesto, la mirada…” Y María Menéndez-Ponte lo hace realidad, transforma la palabra escrita en tono, gesto, miradas, olores, sabores…
Recomendado a partir de los 12 años.
Tiempo de lectura: 5 horas y 30 minutos.
Los pequeñosl lectores recomiendan
Aitor Del Río Berenguer, alumno de 3º de ESO: “Hola. Mi nombre es Aitor Del Río Berenguer, tengo quince años y me he leído el libro “Nunca seré tu héroe”. Tengo que reconocer que no soy muy lector y este libro sí me lo he leído entero. Sinceramente me ha parecido increíble porque me he sentido muy identificado con algunos personajes del libro. Trata sobre un chico de quince años, Andrés, que no le va muy bien en el instituto, tiene cuatro suspensos la primera evaluación de 4º de Secundaria, y ya da por perdido el curso. En cambio, a sus hermanos sí les va muy bien y piensa que es la decepción de la familia".
"Recomiendo mucho este libro ya que pueden identificarse muchos jóvenes como yo en algunos personajes. También hay temas sobre las relaciones que tiene el personaje principal como cuando ve que su exnovia está con el chico pelota de la clase y está muy enfadado con él ya que le cae mal. Y para enredar más la cosa ellos dos tienen que realizar un trabajo juntos. Es una novela que me ha gustado mucho y no la he dejado hasta que la he finalizado. Me han comentado que existen otros libros con los mismos personajes, los buscaré”, añade.
Actividades relacionadas con la lectura
Como es habitual, las actividades se desarrollarán en tres momentos:
- Antes de empezar a leer: Observamos el título y la ilustración de la portada. “Nunca seré tu héroe” es una novela realista sobre la adolescencia: ¿Cómo pensáis que son los jóvenes hoy en día? ¿Cómo creen los adultos —familias, profesores y la sociedad en general— que sois vosotros los adolescentes? ¿Qué valor consideráis más importante en vuestra juventud? ¿Cuáles pensáis que son vuestras principales limitaciones? ¿Qué problemas creéis que debéis afrontar actualmente?
- Durante la lectura: Como solemos decir: “de pequeños aprendemos a leer y el resto de nuestra vida aprendemos leyendo.” En el libro aparece la idea: «Si estudias sin interés, te aburres». Aprender no consiste únicamente en leer. La autora plantea, a través del personaje de Andrés, un recurso muy interesante de aprendizaje: la ilustración. La creación de cómics puede convertirse en una herramienta que facilite la comprensión y el aprendizaje. Proponemos ahora reflexionar sobre nuevas herramientas e instrumentos que puedan ayudarnos en nuestro desarrollo personal y educativo: A/ Realizamos una lluvia de ideas con propuestas del grupo. B/ Posteriormente, organizamos esas ideas en una tabla de datos. C/ A lo largo del curso comprobaremos cuáles han resultado más útiles.
- Al finalizar la lectura: El libro está escrito en primera persona, lo que nos acerca directamente al protagonista. Andrés es un adolescente parecido a muchos de vuestros compañeros e incluso a vosotros mismos: ¿Te identificas con él? ¿Compartes algunos de sus problemas, errores o ilusiones? ¿Qué aspectos de su vida te resultan más cercanos? ¿Crees que la lectura del libro puede aportar algo a tu vida o a tu relación con los demás? Finalmente, concreta ese aprendizaje en una o varias palabras que resuman lo que te ha aportado la lectura.
Autoría
María Menéndez-Ponte: La Coruña. Licenciada en Derecho y Filología Hispánica. Comenzó la carrera en la Universidad de Santiago de Compostela, la continúo en Nueva York en la UNED, y la finalizó en Madrid, cuando ya tenía su primer hijo. También es Licenciada en Derecho Inglés y en Derecho Comparado por la London Politechnic School. Además, cuenta con una licenciatura en Lengua y Civilización Americana en el Marymount College de Nueva York. Ha trabajado como profesora en distintos centros de España y Estados Unidos.
Como ella misma nos comenta de niña apenas prestaba atención en clase en el colegio de monjas al que asistió, pues estaba demasiado entretenida en hacer volar su imaginación y crear sus propias historias. Leía y releía clásicos de la literatura como Celia, Mary Poppins, La isla del tesoro, Peter Pan, Cuentos rusos…
Por su falta de disciplina, sus padres la enviaron a un internado a Madrid. Allí, gracias al ballet y la gimnasia, entre otras cosas (fue campeona de España a los trece y catorce años), se centró en los estudios, convirtiendo los suspensos en sobresalientes.
En la década de los noventa comenzó su labor de escritora, sobre todo en literatura infantil y juvenil. Muchos de sus libros son grandes éxitos de ventas, como “Nunca seré tu héroe”, por el que obtuvo el Libro de Oro en el 2006 al superar los 100.001 ejemplares vendidos y en la actualidad va en busca de los 200.001. Otro gran éxito ha sido la colección de libros de “Pupi”, que es un personaje muy querido por los más pequeños. Entre sus novedades destacamos: “La magia de las emociones”, “Verónica Torres”, “Vuelve mañana abuela” y la colección “Primos S.A.”
Ha trabajado en la producción de numerosos libros de texto, proyectos musicales, guiones y numerosos artículos para la revista Padres y Maestros y el periódico Escuela. Y ha sido subdirectora del departamento de comunicación en Ediciones SM, y colabora en varias revistas literarias.
Entrevista de Aitor del Río Berenguer y de Álvaro Gallego González a María Menéndez Ponte, (Ambos tienen quince años).
¿Desde cuándo escribes? Desde que era pequeña me gustaba escribir, pero de manera profesional hace treinta y tantos años. Siento no ser precisa en cuestiones de tiempo, pero realmente vivo sin él, como mi personaje Pupi (en Azulón no hay tiempo) y me cuesta mucho cuantificarlo con exactitud.
¿Por qué te gusta escribir? ¿Es devoción, afición o profesión? Es una necesidad vital muy grande, no podría vivir sin hacerlo. Siempre he necesitado las historias para tratar de explicarme el mundo.
¿Cuál es tu método creativo? Normalmente lo que primero surge en mi cabeza son los personajes y una idea central. Durante un tiempo pienso en ellos, me hago preguntas: cómo son, cómo es su entorno, qué conflictos tienen… hasta que están tan vivos que directamente me empujan a sentarme en el ordenador y ponerme a escribir. Una vez que son de carne y hueso, ellos me llevan, me abren tramas con las que no contaba, se rebelan… Voy con brújula, no tengo todo planificado, porque sé que puede cambiar aquello que yo había pensado, soy muy intuitiva.
¿Qué tiempo le dedicas? Durante muchos años he llegado a escribir diez horas sin casi levantarme de la silla, pero mi espalda me empezó a dar señales de “por ahí no” y ahora depende de los días; más o menos, unas cinco o seis horas diarias. Aunque también escribo los fines de semana y en vacaciones.
Ahora nos centramos en el libro que hemos leído “Nunca seré tu héroe”
¿Qué te inspiró a escribir “Nunca seré tu héroe”? ¿Hubo algún evento o experiencia personal que te llevara a crear esta historia?
Fue mi grito de “¡Socorro tengo un hijo adolescente!” cuando el segundo de mis hijos llegó a esa edad. Era un adolescente de libro y sentí la necesidad de meterme en la piel de un chaval de quince años: hablar como él, pensar como él, actuar como él… Creo que esa es la mejor manera de comprender al otro.
Los personajes de la novela tienen una gran profundidad emocional. ¿Cómo te acercaste a ellos y cómo desarrollaste sus personalidades?
Andrés tiene la personalidad de mi hijo Álvaro: muy creativo, simpático, muy romántico, muy amigo de sus amigos, con una imaginación atómica…Dani es el antihéroe, el graciosillo de turno, mal estudiante… Cuando mi hijo leyó los primeros
capítulos, me comentó: “Mamá, has clavado a un chaval de mi clase”, y me contó la anécdota de que se iba a cagar a su casa porque necesitaba el Mortalelo y Filemón y no podía hacerlo en el baño del colegio. Yo la incluí en el libro y, al enterarse el compañero de mi hijo, le pidió si le podía poner su nombre al personaje, así que pasó a llamarse Dani (creo que le había puesto Jacobo, ya no lo recuerdo). Belén surgió a raíz de la trama del embarazo, como un personaje utilitario, pero cogió mucha fuerza y se hizo muy potente. A Jorge lo construí desde su conflicto no resuelto con su padre. Sara es un personaje que parece muy presente, pero en realidad es un rastro, una sombra (una melena con olor a limón); es en el segundo libro cuando adquiere más hondura. Paula se parece mucho a mi hija (la única chica de los cuatro).
El amor y la amistad son temas centrales en el libro. ¿Qué mensaje crees que quieres transmitir sobre estas relaciones? Yo nunca trato de transmitir mensajes, sino de que las historias estén muy bien contadas, de ese modo ellos llegan solos al lector, que es quien elige los mensajes que quiere recibir, los que a él le valen, no los que yo me empeñe en darle. La literatura es muy potente y, si está bien hecha, nunca te deja indiferente, siempre te remueve por dentro. A mí me horrorizan esos libros o películas en los que el autor o director se emperran en querer darte un mensaje que a él/ella le parece muy importante y lo hace de una manera muy burda y notoria, dándote la matraca.
La novela aborda temas como la identidad y el crecimiento personal. ¿Qué esperas que los lectores reflexionen al respecto? Cuando uno se mete a fondo en una historia, siempre hay reflexión, es algo que se produce de manera automática, pero yo no espero una en concreto, cada cual tiene las suyas propias, lo que a él o ella le remuevan que no necesariamente tiene que ser lo mismo. Hay personajes que te llevan a identificarte con ellos, otros a rechazar sus conductas, pero lo importante es que no te dejen indiferente, que te aporten, que haya profundidad en ellos. La adolescencia es una etapa complicada, en la que uno se siente un bicho raro y creo que leer sobre aquello que te está pasando ayuda mucho a nivel emocional.
¿Hay algún personaje que te gustaría que los lectores recordaran especialmente? ¿Por qué? Tengo la suerte de que muchos de mis personajes han calado muy hondo en el lector. Hay generaciones de niños que tienen a Pupi asociado a su infancia y le guardan un inmenso cariño. Y lo mismo ocurre con Andrés y compañía o tantos otros que he creado. Si un personaje no te deja huella, mal asunto.
La escritura es muy descriptiva y evocadora. ¿Cómo te preparaste para capturar la atmósfera y el entorno de la historia? En aquel momento tenía dos hijos adolescentes, aunque el mayor era muy atípico (Carlos tiene algo de él) y mi casa siempre estaba llena de chavales. Yo hablaba mucho con ellos. Algunos fines de semana se venían varios al campo y pasábamos mucho tiempo juntos… También me acerqué por la zona de Malasaña, donde por aquel entonces se hacían unos macrobotellones que luego se prohibieron. El instituto, aunque no digo el nombre, es el Ramiro de Maeztu, que está muy cerca de mi casa, lo mismo que la fuente de los delfines.
¿Qué te gustaría que los lectores se llevaran de “Nunca seré tu héroe”? ¿Hay algún mensaje o sentimiento que quieras que perdure? Que sepan comprender a los personajes y les cojan cariño.
¿Qué nos recomiendas para una próxima lectura? La continuación de Nunca seré tu héroe: Héroe a mi pesar y Héroe en deportivas. También creo que os gustarán Maldita adolescente, El poso amargo del café, la trilogía El club de los valientes y El desorden de tu voz, que es un thriller psicológico.
¿Tienes nuevos proyectos pensados para el futuro? Pronto saldrá un libro muy divertido, a tope de humor (en línea con Empieza la ESO, sálvese quien pueda y Socorro continúa la ESO, etapa sobrada de obstáculos), que es el diario de un alien que viene a la Tierra a investigar por qué está bajando el coeficiente intelectual y primero se transforma en chico y luego en chica. También está en fase de producción “La agente Pisotón”, una novela muy loca, de humor del absurdo, más los dos libros que salen cada año de la colección “A bailar”. Y en este momento estoy escribiendo una novela para adultos ambientada en Vietnam.
Muchas gracias por tus respuestas y esperamos que pronto tengamos de nuevo en nuestras manos otra de tus creaciones.
Temas relacionados
No hay comentarios