Muy COP, muy top
Tribuna de opinión
El autor discrepa con el modelo de las Conferencias de las Partes sobre el cambio climático por la amplitud del plenario y temas que llevan a no tomar decisiones definitivas
Las Conferencias de las Partes (COP) se han convertido en un gran escaparate global de buenas intenciones donde se mezclan clima, ideología, activismo, negocio y moralina institucional sin resultados tangibles a la vista. En estas reuniones, casi 200 países negocian y toman decisiones vinculantes para combatir la crisis climática, como limitar el calentamiento a 1,5 grados o lograr cero emisiones netas.
Estas conferencias a mí me parecen una ginkana, un club excursionista, un lugar donde se manifiestan demasiados grupos que acuden como turistas. Plenarios de 2.000 personas para decidir. ¿Disculpen? Aquí aparece el primer problema: cuando un foro reúne tal conglomerado humano, su capacidad real de decisión se diluye hasta desaparecer.
¿Y qué me dicen de los objetivos? Acciones sobre género, herramientas en materia comercial, integridad de la información, reducción de emisiones, multilateralismo, programa de trabajo de transición justa. ¡Menudo popurrí! La mezcla no es casual: cuando todo cabe, nada avanza, pero la apariencia de consenso se mantiene intacta.
La COP de 2025 se ha llevado a cabo en Belém (Brasil) y ha sido un fracaso porque el Acuerdo de París ha quedado lejos y (¡atención!) no se han roto las futuras convocatorias. ¡Menudo éxito! Que no se rompan es el verdadero objetivo: preservar la maquinaria, no el clima.
No se han roto, se lo explico, porque esto va de pasta, como va de sua. Hay fundaciones en España cuyo negocio consiste en regalar entradas a las COP a cambio de una cuota mensual. Negocio y pensamiento woke. Marketing verde a lo grande.
No se trata de excepciones aisladas, sino de un patrón que ha convertido la moral climática en un modelo de suscripción global a un pensamiento concreto que tiene mucho de totalitarismo disfrazado de buenismo irrefutable, porque ¿quién puede estar en contra de las consecuencias del cambio climático y de la necesidad de revertirlo? Woke en estado puro.
Una COP es la exposición clara y de proyección universal del greenwashing. Un escaparate de la nueva senda vallada. La exposición palmaria del nuevo totalitarismo que consiste en anular la capacidad de oponerse a algo, porque va envuelto en el papel celofán y lazo rojo charol de una buena intención irrefutable. Pero el veneno va dentro y otorga el carnet de “bueno”: verbigracia, progresista, con capacidad y vía libre para destruir a quien no piensa simétrico.
Y cuando la moral se institucionaliza, la discrepancia deja de ser legítima y pasa a ser sospechosa; eso es peligroso. De ahí a llevar este escenario al ámbito político hay un solo paso; y de ahí a la confrontación, un milímetro.
Todo está coordinado y baja de lo macro a lo micro. De las COP a las políticas nacionales; de las políticas nacionales a los ciudadanos; y de los ciudadanos al miedo. Y el miedo no se puede abatir más que con el sometimiento y la obediencia.
Ese es el mecanismo: miedo–obediencia–legitimidad moral. Y ahí es donde mueren las democracias reales y los doctores se dan la mano. Donde no hay diferencias con el que manda en oriente que vigila con cámaras y reconocimiento facial, el que asalta un Capitolio porque no está conforme con un resultado electoral pasando por el doctor que arremete contra su Tribunal Supremo porque condena a su fiscal a la carta con una condena benévola.
Hay quien va a las COP como quien va a ver al Papa. Copus Tuus. Santuarios del wokismo. Todo eso sí: muy democrático, muy COP, muy TOP.
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