Luis Esteban Lezáun | comisario jefe provincial de la Policía Nacional de Salamanca “La Policía gana por goleada al crimen organizado en el Campo de Gibraltar”

  • Desde mediados de 2017 a finales de 2018 fue el máximo responsable policial en Algeciras, una experiencia de la que es fruto 'Moroloco', su cuarta novela, ambientada en el mundo del narco

Luis Esteban Lezáun. Luis Esteban Lezáun.

Luis Esteban Lezáun. / M. G.

–Los suyos son personajes de ficción, aunque basados en algunos muy reales.

–Tanto los personajes como la trama de la novela son puramente ficticios. El contexto, por el contrario, está tomado del real. Eso puede inducir a error a aquellos que conocen el paño y hacerles creer que determinados personajes están basados en seres humanos de carne y hueso.

–No me negará que Moroloco, el rey del hachís, mantiene algún paralelismo con Abdellah, el Messi del hachís.

–Moroloco es un epítome de los diversos contrabandistas de hachís de la comarca, de los que toma sus rasgos de personalidad. No debe identificarse con ninguno de ellos en concreto.

–¿Qué similitudes presentan el comisario Zabalza y usted?

–Para la figura del comisario Zabalza no me inspiré en mí, sino en un compañero más antiguo que yo al que admiro como ejemplo de lo que debe ser un policía. De hecho, para evitar equívocos, en la novela introduzco a un personaje, el comisario principal Luis Javier Estévez (nótese que mi nombre es Luis Jesús Esteban, de fonética muy similar), que es el titular de la comisaría de Algeciras (como yo lo fui) y que no influye en la trama por encontrarse de baja por depresión. Es un ardid narrativo para dejar claro que el protagonista, el comisario Zabalza, no es mi alter ego literario.

–En cierto sentido, como Zabalza, usted puso también patas arriba algunas cosas durante su paso como comisario jefe de Algeciras.

–Quienes pusieron y están poniendo patas arriba, en sentido positivo, algunas cosas fueron los extraordinarios policías nacionales que tuve el honor de dirigir. Ellos, junto con el resto de los que están desplegados en el Campo de Gibraltar, están consiguiendo lo que hasta hace poco se antojaba imposible: doblegar al narcotráfico en la comarca.

"Jueces y fiscales desempeñan una labor casi nunca debidamente reconocida en el combate al crimen organizado”

–El Luis Esteban escritor describe así a Algeciras como lugar de trabajo para un policía: “La última plaza a escoger, la plantilla de castigo. En ella concurren todos los ingredientes que convierten un destino en odioso: mucha droga, mucha inmigración ilegal, muchas armas por las calles, mucha corrupción”. ¿Es esa también la visión del Luis Esteban policía?

–Mi visión como policía nacional es menos drástica. En primer lugar, porque, como he apuntado antes, la situación se está revirtiendo y, en estos momentos, el Estado, gracias a una serie de decisiones inteligentes de los órganos directivos de la Policía Nacional y al compromiso y dedicación máximos de los policías nacionales que prestan servicio en la comarca, gana por goleada al crimen organizado, aunque esto no significa que podamos dormirnos en los laureles. Y en segundo lugar, porque la realidad es más prosaica que la ficción novelesca, que suele echar mano de hipérboles y demás licencias literarias para seducir al lector.

–¿Vino usted a la fuerza a Algeciras o voluntariamente, como Zabalza?

–La superioridad me propuso prestar servicio en Algeciras y yo acepté de buen grado. Creo que fue una buena decisión por ambas partes.

–En año y medio, usted fue ascendido desde Algeciras a comisario provincial de Salamanca. Algo haría bien.

–En ocasiones los mandos somos como los árbitros: tanto mejores cuanto menos interfiramos en el juego de los verdaderos protagonistas. Como demuestran los resultados, los policías nacionales del Campo de Gibraltar son unos profesionales ejemplares. Lo mejor que hice fue no obstaculizar su trabajo y, en la medida de mis posibilidades, contribuir a engrasar la maquinaria.

"El empuje de las coordinadoras contra la droga ha sido decisivo para retornar a la normalidad”

–Otra reflexión lanzada por el narrador de Moroloco: “El Campo de Gibraltar se está convirtiendo en una excepción a la legalidad. El Estado de Derecho flaquea, el ordenamiento jurídico corre riesgo de colapso”. No sé qué pensarán los jueces y fiscales al respecto.

–Esa reflexión del narrador, un tanto exagerada, pudo tener algo de cierto durante un determinado periodo de tiempo. De unos años a esta parte, la Administración central ha adoptado una serie de decisiones que han incrementado los recursos materiales y humanos de las fuerzas de seguridad en la comarca y que han sido decisivas para la mejora de la situación. Esa mejora empieza a afectar ahora al ámbito de la Justicia, que en lo relativo a la lucha contra la delincuencia suele ser, injustamente, el patito feo del Estado. La verdad es que jueces y fiscales desempeñan una labor crucial y casi nunca debidamente reconocida en el combate al crimen organizado. Ellos también deben atenerse a lo prescrito por la legislación. Los jueces y fiscales españoles destacan por su preparación, su profesionalidad y su sentido del deber. La historia reciente da sobradas muestras de su imparcialidad y de su inequívoca vocación de servicio a España. Confío plenamente en su honestidad y en su eficacia.

–Es muy cruda la realidad que se dibuja en la novela y diría también que injusta. Hay mucha gente honrada que para nada admira a personajes como Pablo Escobar o a su Moroloco de ficción.

–No cabe duda de que la inmensa mayoría de los campogibraltareños detesta el narcotráfico. De lo contrario, la lucha contra el crimen organizado no se habría decantado, como lo ha hecho, en favor de la legalidad. El empuje de las coordinadoras contra la droga, tal como refleja la novela, y del resto del tejido asociativo de la comarca ha sido decisivo para retornar a la normalidad.

–Barrios como El Saladillo son retratados en la novela como la zona cero del narco.

–Una novela, por mucho que esté inspirada en la realidad, es un constructo que tiende a simplificar el contexto. A esta simplificación contribuyen las licencias literarias. En cualquier caso, es innegable que determinados barrios del Campo de Gibraltar han sido más propicios que otros para la proliferación de actividades ilegales. Ello no obsta para afirmar categóricamente que la mayor parte de los vecinos de El Saladillo y de otros barrios análogos económicamente desfavorecidos son tan honrados como los de cualquier otra parte de España.

–La presión de las fuerzas de seguridad del Estado en el Estrecho ha desplazado al narco a otras zonas del litoral andaluz. ¿Son indestructibles las mafias de la droga por muchos medios que se pongan?

–Las mafias no son indestructibles, pero sí muy obstinadas. Sin embargo, en cada movimiento que hacen para eludir la acción del Estado pierden recursos humanos y materiales y sufren severas pérdidas económicas en términos de lucro cesante y costes de oportunidad. Es decir, se debilitan. Por otro lado, no cabe exigir al Estado que las elimine a todas, sino que las combata con determinación y que imposibilite que penetren en los resortes de la administración y acaben por pudrirlos. En ese sentido, España es un país modélico.

–El terrorismo yihadista también aparece en escena en Moroloco, relacionado –como ocurre en la realidad- con el tráfico de hachís como fuente de financiación. ¿Ha tratado usted de hacer pedagogía con esta novela?

–Como señala el narrador omnisciente en el texto, la relación entre el gran narcotráfico y el terrorismo yihadista se mueve, a día de hoy, en el terreno proteico y ambiguo de la especulación. De todos modos, la Policía Nacional vigila de cerca este vínculo, por hipotético y minoritario que pueda parecer.

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