PERSONAJES HISTÓRICOS DEL CAMPO DE GIBRALTAR

Don Alonso Pérez de Guzmán 'El Bueno', alcaide de Tarifa

  • Ambicioso e inteligente, Alonso Pérez de Guzmán fue conocido en la lucha contra las invasiones musulmanas y por elegir sacrificar a su propio hijo antes que entregar la villa

Óleo que representa a don Alonso Pérez de Guzmán arrojando el puñal a los que sitiaban Tarifa para que dieran muerte con él a su hijo Pedro Alfonso en 1294. Óleo que representa a don Alonso Pérez de Guzmán arrojando el puñal a los que sitiaban Tarifa para que dieran muerte con él a su hijo Pedro Alfonso en 1294.

Óleo que representa a don Alonso Pérez de Guzmán arrojando el puñal a los que sitiaban Tarifa para que dieran muerte con él a su hijo Pedro Alfonso en 1294.

Alonso Pérez de Guzmán nació en León en el año 1256, fuera del matrimonio, de una doncella leonesa llamada Teresa de Castro. Era, por tanto, hijo adulterino e ilegítimo, circunstancia que hacía que este personaje estuviera fuera de la línea sucesoria de los Guzmán. Careciendo de cualquier posibilidad de entrar a formar parte de la estricta aristocracia castellana, estaba condenado a ocupar puestos de escasa relevancia en la milicia o a ingresar en el estamento eclesiástico, frecuente recurso para los hijos segundones o adulterinos de la nobleza.

Pero, en el caso del hijo ilegítimo del caballero don Pedro de Guzmán, tres circunstancias iban a coincidir para torcer el oscuro porvenir que esperaba al joven Guzmán y permitirle gozar, por medio de la carrera de las armas, de un futuro que estaba vedado para los que, como él, carecían, por su nacimiento, de estatuto de nobleza. Una era su esclarecida inteligencia y demostrada astucia; otra, su nunca ocultada ambición; y la tercera, y no menos importante, el grave peligro que se cernía sobre el reino de Castilla y León en 1275, cuando fue invadido por los musulmanes norteafricanos.

Después de participar, en septiembre de 1275, como jefe de un destacamento de caballería bajo las órdenes del señor de Vizcaya, en varios enfrentamientos con las tropas meriníes, decidió lanzarse a la aventura lejos del reino castellano-leonés, y -como hiciera doscientos años antes don Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid- se puso al servicio del sultán de Fez, Abu Yusuf Yaqub, y cruzó el Estrecho, con sus mesnadas, en 1276. Con el ejército de Abu Yusuf luchó, durante quince años, para someter a las tribus desafectas que, enfrentadas con los meriníes, habitaban en el sur del actual Marruecos, entre ellos las de los árabes de los Sufyán y los Dawi Mansur, establecidas en los entornos de la ciudad de Tarudant y el valle del Draa, que se negaban a pagar los tributos exigidos por el sultán.

En las numerosas campañas en las que participó, logró reunir un enorme botín, que, unido al elevado sueldo que le abonaba Abu Yusuf, se fue haciendo con una gran cantidad de dinero que utilizó, cuando retornó a Castilla, para adquirir tierras, villas y castillos en el reino de Sevilla. Al rey don Sancho y a su mujer, doña María de Molina, les compró dos villas, una, el castillo y tierras de Ayamonte, y otra el castillo del Puerto de Santa María con su alfoz. Más adelante les compró Alaraz, La Algaba y Santiponce, así como otras heredades de olivares en el Aljarafe, nuevas casas en la ciudad hispalense, cerca del alcázar, y varias viñas próximas a Jerez, propiedades que -con la concesión, posteriormente, por el rey Sancho IV del privilegio de explotación de las almadrabas- representaron la base sobre la que se edificó el imperio económico de los futuros duques de Medina Sidonia.

Estando en Sevilla conoció a una joven doncella, perteneciente a una rica y prestigiosa familia de la ciudad, doña María Coronel, de la que se enamoró y, unas semanas más tarde, se unió en matrimonio. La ceremonia se celebró en el verano del año 1282 en la iglesia-catedral, cuando María tenía quince años. El esposo recibió como dote la villa de Bolaños, en Castilla, unos pueblos en Galicia y en el reino de León, unas heredades en Portugal, así como olivares en Bollullos y Robaina y unas casas de buena construcción en Sevilla, en el barrio de San Miguel.

En abril de 1284 les nació un segundo hijo, éste varón -el primero había sido una niña-, al que pusieron por nombre Pedro Alfonso, que sería tristemente famoso porque fue el que mataron alevosamente los musulmanes, con la complicidad del Infante don Juan, ante los muros de Tarifa en el año 1294.

En el mes de octubre del año 1290 finalizó la etapa africana de don Alonso Pérez de Guzmán, regresando a Sevilla para disfrutar, con su mujer y sus hijos, de las numerosas propiedades que había ido adquiriendo en los últimos diez años. Aún no había cumplido los treinta y cinco años y ya era, el noble caballero don Alonso Pérez de Guzmán, uno de los señores más ricos y poderosos de Andalucía, dueño de amplios territorios costeros e interiores del reino de Sevilla.

Pero el sosiego y la paz de que gozaba, pronto se iba a interrumpir. En abril de 1291, el rey de Castilla rompió los acuerdos de paz con los musulmanes y atacó los territorios de los norteafricanos en los entornos de Tarifa y Algeciras. El 5 de julio de 1292 puso cerco a Tarifa, campaña en la que participó don Alonso, y, el día 21 de septiembre -aunque algunos autores retrasan la fecha hasta el 13 de octubre-, los castellanos entraron en la ciudad.

Una vez ocupada Tarifa, para su mantenimiento y defensa el rey le otorgó la tenencia de la villa recién conquistada al maestre de Calatrava, don Rodrigo Pérez Ponce, por el plazo de un año, con una aportación económica de dos millones de maravedíes. Pero, al año de estar en la tenencia de Tarifa, don Rodrigo Pérez Ponce comunicó al rey su deseo de que lo reemplazara en el cargo y que pusiera en él a alguien más capacitado para la guerra de frontera. Y así fue como don Alonso Pérez de Guzmán ocupó el cargo de alcaide y gobernador de Tarifa, con el compromiso de mantenerse en él aportando los seiscientos mil maravedíes anuales que requería la tenencia de la ciudad.

A principios del mes febrero del año 1294, los meriníes desembarcaron con un numeroso ejército en la playa de Los Lances. Contaba, el sultán de Fez, con dos poderosos aliados: el rey de Granada y el Infante don Juan, enemistado con su hermano el rey, con sus mesnadas, al que, según algunas fuentes, había prometido el emir norteafricano entregarle Tarifa cuando la rindiera su alcaide. Este desleal personaje traía consigo al pequeño Pedro Alfonso, hijo de don Alonso, al que los sitiadores utilizarían para chantajear a su padre ofreciéndole su vida a cambio de que les entregara la villa.

La Crónica del rey Sancho IV, en su Capítulo XI, dice, en relación con el acto heroico que protagonizó don Alonso Pérez de Guzmán, arrojando el puñal para que los musulmanes y el Infante don Juan mataran a su hijo: "El Infante don Juan traía un mozo pequeño, hijo de don Alonso Pérez, y envió decir a este don Alonso que le diese la villa, y que si no, que le mataría al hijo que él tenía. Y don Alonso Pérez le respondió que la villa no se la daría, que en cuanto a la muerte de su hijo, que él le daría el cuchillo con que lo matase. Y le lanzó por encima del adarve un cuchillo diciéndole que antes quería que le matasen aquel hijo, y otros cinco, si los tuviera, que darle la villa de su señor el rey. Y el Infante don Juan con saña mandó matar a su hijo ante él, y, a pesar de esto, nunca pudieron tomar la villa". Como recompensa por el gran servicio que le había hecho y por el sacrificio de su hijo primogénito, Sancho IV le otorgó el título de “Bueno”, para que lo uniera a los que ya poseía.

Antes de morir el rey Sancho IV en 1295, otorgó un privilegio a Guzmán el Bueno, en remuneración por todos los servicios prestados a la Corona, que consistía en la concesión de todas las almadrabas que se emplazaban o pudieran emplazarse desde la frontera con Portugal hasta los límites del reino de Granada.

Don Alonso Pérez de Guzmán El Bueno murió el 15 de septiembre de 1309 cuando asaltaba el castillo de Gaucín. Su cuerpo fue trasladado a Sevilla para recibir sepultura en el monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, que él había mandado construir en el año 1301 para que le sirviera de panteón a él y su esposa, doña María Coronel.

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