Sevilla Atlético - Real Balompédica Linense | La crónica (2-0) 2019: el annus horribilis de la Balona

  • El equipo de La Línea, sin fútbol ni gol y con una defensa inestable, cae ante el Seviilla Atlético, gobernado por el talento de Bryan Gil 

  • Los albinegros han logrado una victoria en las últimas ocho jornadas

El internacional sevillista Bryan Gil golpea la pelota ante Sergio Rodríguez El internacional sevillista Bryan Gil golpea la pelota ante Sergio Rodríguez

El internacional sevillista Bryan Gil golpea la pelota ante Sergio Rodríguez / Diario de Sevilla

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La Real Balompédica acentúa su crisis. Y que nadie se escandalice por el término: ganar un partido de ocho es una crisis, sobre todo para un equipo que hace cuatro días mal contados se paseaba por la planta noble de la clasificación. De aquel conjunto inexpugnable de 2018 ya no parece quedar nada. La albinegra se ha convertido en una escuadra que carece de gol (especialmente en jugadas con el balón en movimiento) y que concede sistemáticamente facilidades en defensa. Al Sevilla Atlético le bastó con orden y el inabarcable talento de Bryan Gil para someter a una Balona dócil a la que se le ha esfumado la magia. Un vestuario que parecía indomable y que ahora da la sensación de que se ha acostumbrado a perder. Y su añeja afición ya experimentó la temporada pasada lo peligrosísimo que puede llegar a ser eso.

Va a ser que sí. Aunque el entrenador de la Balona no lo entienda, la preocupación se torna en miedo a medida que avanzan las semanas. Los albinegros cayeron este domingo ante el filial del Sevilla y enlazan ocho jornadas en las que solo han conquistado una victoria, de chiripa ante el colista. Cinco puntos en un periodo en el que el Recre ha sumado 20. Es inevitable que a los balonos de toda la vida, a esos que ahora hace poco menos de doce meses por poco les da un parrús en la última jornada, estén reviviendo un infierno. Igual, aunque a Roger no le guste, porque el paralelismo entre un despeño y otro es atroz. Lo mismo sucede por un detalle irrelevante: que a estas alturas de la temporada pasada la Balona tenía... ¡un punto más que en ésta!

Lo cierto es que esta Balona parece haber olvidado los valores que le hicieron ser la envidia del planeta fútbol. Aquella defensa que llenaba de orgullo a los suyos ahora hace aguas por todos lados y se muestra muy blandita. Se desconoce el paradero de aquella presión asfixiante sobre la salida del balón del contrincante. Que sí, que Bryan Gil es un pelotero de nivel. De muchísimo nivel. Pero si un niño –sí sí un niño– de 17 años se basta para desarticular a la Balompédica es que hay alguien ha matado a alguien que diría el inolvidable Gila.

Nadie se atrevería a sostener que esta vez no se echó de menos la calidad de Pirulo, por no hablar del caso Ismael Chico. Pero una semana antes las bajas que penalizaban eran las de Carrasco y Pierre. Con el Cartagena, la de Gastón. Y como esto siga así cualquier día salen a retortero los nombres de Torremocha y Bancalero. Y si no, al tiempo. Ya no es tiempo de excusas, sino de hallar remedios, de recuperar el orgullo.

El comienzo del partido en el coqueto Jesús Navas fue, sencillamente, inadmisible. Un equipo que viene arrastrando malos resultados, que está en entredicho, puede cometer cualquier error, pero no salir desenchufado. Lo del primer gol hubiese sido de risa si no fuese por maldita la gracia. Cinco minutos y la defensa –aquella que no hace tanto parecía un campo de minas– echa un flan. Bryan que ganó la línea de fondo, Gato le permitió centrar, el balón pegó en Kibamba y Chris Ramos marcó poco menos que a puerta vacía.

El equipo de La Línea no dio síntomas de poder reaccionar. Y en el 17’ el árbitro pitó un penalti que no era, porque Bryan Gil se estaba cayendo cuando le salió al paso Pablo Santana. El fútbol no quiso que el equipo de La Línea pudiese encontrar una excusa en un error arbitral y Berrocal le pegó horrible y la mandó alta.

En torno al 25 los visitantes empezaron a dar señales de vida. Tomaron el balón y Pierre empezó a subir por la banda. El francés, que ofreció su mejor versión, fue durante toda la mañana, la única vía de acceso al campo enemigo. Él y las pinceladas de Juampe. El problema es que el rival, que como todos ya conoce las debilidades de los albinegros, se parapetó atrás, renunció al balón y dejó correr el reloj.

A los 41’ llegó el único disparo de la Balompédica entre los tres palos con cierto atisbo de peligro en todo el partido. El único que de verdad se puede catalogar de ocasión de gol. Juampe le pegó con toda la intención del mundo, pero Javi Díaz estaba bien colocado.

En la segunda parte el esférico fue siempre de la Balona. Pero no valen trucos de trileros de poca monta. Si durante seis meses en este foro –y otros muchos– se ha defendido que la posesión no representa por sí misma un argumento no se pueden cambiar los principios bajo el modelo de Groucho Marx. El equipo de La Línea lo que hizo, sobre todo, fue estrellarse con el muro rival.

Juampe, otra vez Juampe, lo intentó desde la frontal en el 46’ y después Buba, extremadamente voluntarioso todo el partido, cabeceó dos veces con marchamo de gol, pero la suerte le fue esquiva. Y nada más. Apenas nada más.

¿Que en una de esas pudo llegar el empate? Pues pudo. Pero lo de Málaga de llegar una vez y besar el santo no sucede cada dos por tres. También pudo marcar el filial el penalti y entonces el cuento hubiese acabado una hora antes. Ni siquiera con la entrada de Gastón y jugando con dos nueves mejoró demasiado la cosa.

A falta de cinco minutos el Sevilla Atlético –al que todo sea dicho le temblaban las piernas y no había salido una sola vez de su madriguera– encontró la vía de agua. Bryan Gil (el mismo Bryan Gil de antes) golpeó una falta de manera exquisita y la defensa ni sujetando de la camiseta pudo parar a Manu Sánchez, que remató con un poderío envidiable. Después, cabezas bajas y miradas perdidas.

Jordi Roger tiene legítimo derecho a mantener el tono mesiánico en sus comparecencias y explicarle al entorno balono cuándo y por qué puede y debe preocuparse. El mismo que tienen los aficionados a sentir vértigo al ver a su equipo descender peldaños en su clasificación y a recordar como la temporada pasada Rafael Pandalone y Mario Galán tuvieron que buscar en un hospital de Ciudad Real a Sánchez de la Nieta para que resucitase al equipo de entre los muertos. Igual lleva razón el míster cuando dice que en este rincón hay mucho extremismo. Pero es lo que toca.

Escrito queda, es momento de buscar soluciones. O mejor dicho, de encontrarlas.

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