Real Balompédica | Primera Federación

Balona, ¿y ahora qué?

  • Los albinegros afrontan las últimas siete fechas en descenso y en medio de una gran división

  • La directiva descartó tras el empate con el Talavera la posibilidad de cambiar de entrenador

  • Las bajas se vuelven contra los albinegros para el desplazamiento a León

Rafa Escobar, entrenador de la Real Balompédica

Rafa Escobar, entrenador de la Real Balompédica / Erasmo Fenoy

El empate con el CF Talavera de la Reina del pasado sábado en el Municipal (2-2) ha abierto un cisma en la Real Balompédica, que este domingo ha vuelto a los puestos de descenso del grupo I de la Primera Federación. O mejor dicho, ha hecho aflorar un problema que estaba latente. Los inadmisibles amagos de incidentes en las gradas, que llevaron a miembros de las fuerzas del orden a tomar la filiación de algún aficionado de los que se excedió en sus protestas al palco (lo que podría dar lugar a cuantiosas multas) ponen de manifiesto la tensión que se vive dentro y en el entorno. Con solo siete jornadas por delante no se antoja el mejor caldo de cultivo para perseguir lo que se puede entender casi como un milagro deportivo.

Todo parece estar dividido en la Balona -que lo fiaba todo a los partidos de casa- cuando falta de menos de dos meses para que acabe la competición. Son muchos los moradores de la caseta que tienen la sensación -y así lo trasladan a los más cercanos- de que el club y el cuerpo técnico han hecho demasiadas concesiones a determinados jugadores cuando su conducta no ha sido precisamente ejemplar. Y como sucede en todos los vestuarios, el que no juega se siente discriminado. Desde la grada, sin embargo, el debate es por qué algunos siguen contando con minutos cuando su producción es prácticamente nula. En ese apartado Gerard Oliva se lleva la palma. El único nueve puro de la plantilla aún no ha marcado esta temporada.

De puertas para adentro el técnico, Rafa Escobar, no cuenta, ni por asomo, con el respaldo que tenía tras la victoria en Córdoba del pasado 15 de enero. Un momento de [excesiva] euforia que, por lo que sea, parece haberse vuelto contra los albinegros. La estadística recuerda que después de aquel celebrado triunfo que incluso llevó a los más osados a mirar hacia arriba, los de La Línea han sumado diez puntos en doce jornadas.

Tanto es la inestabilidad que durante la noche del sábado la posibilidad de una decisión drástica planeó sobre las oficinas del Municipal. Pero entre que no existe un convencimiento pleno de que esa pueda ser la solución más idónea, que la economía no está para tirar cohetes y que los dirigentes no atisban el entrenador idóneo la destitución quedó en la nevera.

No son pocos los aficionados que, si el equipo no revierte desde la ya situación, hablan del efecto Pedro de la Nieta, en referencia no a la vuelta del preparador que evitó el descenso en 2018, sino a la llegada de un técnico para una operación in extremis.

Para colmo, como a perro flaco todo se le vuelven pulgas, los linenses afrontan la visita a León del próximo domingo (12:00) con muchas dudas sobre el posible concurso de Fran Morante (relevado en el descanso por un problema de tobillo) y Connor Ruane (que abandonó el estadio con un brazo en cabestrillo). Aún es pronto para saber si Jesús Muñoz y Álex Guti se recuperarán a tiempo, así que la única buena noticia es el regreso de Toni García, una vez cumplida su sanción.

Tras el último resultado el capitán, Lorenzo Fernández [Loren] que consciente de la trascendencia del marcador llegó a la caseta con lágrimas en los ojos a la finalización de la contienda dijo en rueda de prensa que a la plantilla solo le queda “agachar la cabeza y trabajar”, aunque deslizó que dentro de lo malo “un punto es un punto”. La gran duda es si, dadas las circunstancias, con eso le da para pelear por la salvación.

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