'caso marta'

Samuel Benítez y Javier Delgado se quedan sin coartada

  • Los testigos no ven al amigo de Marta durante una hora y media y nadie sitúa al hermano de Miguel en el bar hasta las tres de la madrugada.

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Las coartadas de Samuel Benítez y Javier Delgado para la noche del crimen tienen sendas lagunas. Los testigos que estuvieron en Montequinto con el amigo íntimo del asesino confeso dicen que hay más de una hora -entre las 21:15 y las 22:30- en la que no está localizado, ni siquiera le da coartada para esa franja horaria su entonces pareja. En el caso del hermano de Miguel Carcaño, son dos los aspectos que cuestionan sus movimientos la madrugada del 25 de enero de 2009: ese día no se realizaron consumiciones entre la 01:30 y las tres de la madrugada, y la caja del establecimiento no se cerró. 

En cuanto a los testigos que estuvieron con Samuel la noche del 24 de enero, coincidieron en que lo conocieron el día anterior en el centro de Sevilla -algunos también vieron ese día al Cuco- y que fue invitado al cumpleaños del sábado porque estaba saliendo con Estefanía R. M., aunque esta joven negó ayer que fuera su novia. Según esta testigo, una vez que se acabó la fiesta de cumpleaños, sobre las 19:30, se fueron a una zona de cines y al parque de los Pinos, donde estuvieron hasta las 21:15 -en la Policía declaró que fue a las nueve-, momento en que dejó a Samuel en la hamburguesería Uranga mientras ella se marchaba a su casa a cenar y a cambiarse de ropa. 

Frente a este testimonio, hasta cuatro testigos sostuvieron que, en realidad, Samuel no llegó a la hamburguesería hasta las 22:30, con lo que éste se queda sin coartada como mínimo durante más de una hora, si bien el resto de testigos le pierden la pista durante tres horas, desde las siete y media hasta que coinciden en el local para cenar y tienen que invitarle porque no tenía dinero. Su ex pareja asegura que le vio coger el autobús a Sevilla sobre las dos o dos y media. 

Esta laguna en la coartada de Samuel está corroborada además por el registro de llamadas, que acredita que su teléfono móvil no está posicionado -no realiza ni recibe llamadas- entre las 21:24 y las 23:34 horas, algo que volverá a ocurrir de madrugada, entre la 01:13 y las 03:35, cuando el joven se queda igualmente sin coartada, porque nadie lo ve desde que abandona Montequinto hasta que se une a la búsqueda de Marta en Triana a las cuatro de la mañana. 

A los testigos, que corroboran que desde las 22:30 Samuel estuvo con ellos hasta la 01:15 o 01:30, primero en la hamburguesería y luego en el pub Srilanka, les llamó precisamente la atención que su móvil no paraba de sonar y que salió hasta "cinco veces" del pub para contestar las llamadas. 

Otra de las testigos le prestó su teléfono para que llamara a Miguel Carcaño, aunque la llamada la hizo la misma testigo, quien habló con el asesino confeso y éste le aseguró que había dejado a Marta sobre las nueve y media cerca de su casa. 

La ex pareja de Samuel, Estefanía R. M., cuestionó una de las afirmaciones que el acusado hizo en el juicio, cuando manifestó que había hablado con el Cuco y que le puso el teléfono para que lo escuchara porque el menor estaba ebrio. Según la joven, Samuel le dijo que estaba hablando con su madre pero no le puso el teléfono para escucharlo. 

La testigo sorprendió en su declaración al afirmar que en su primera declaración fue "coaccionada" y presionada por la Policía, ya que, según Estefanía R. M., le dijeron que la iban "a meter en prisión" si seguía manteniendo la misma versión, pero paradójicamente, de todos los jóvenes que ayer declararon, ésta fue la única supuestamente intimidada, algo que recuerda a las presiones alegadas en su día Samuel Benítez y Francisco Javier García Marín, el Cuco, para inculparse en la desaparición de Marta. 

Otra de las revelaciones de la novena sesión del juicio la ofreció Alba G. C., quien dijo que estando en el pub Samuel le confesó que tenía planes para cuando se marchara a casa: una vez que se bajara del autobús en el Prado de San Sebastián, el Cuco le recogería "en bicicleta" porque a las siete de la mañana tenía que ir a trabajar con su padre. 

En cuanto a la pérdida de la coartada del hermano de Miguel, los dos socios de Javier Delgado en el bar Dseda aseguraron que la noche del crimen entró a trabajar sobre las doce de la noche y que lo habitual es que abrieran hasta las tres. Pero esa noche la caja no se cerró, algo que había ocurrido sólo unas diez o doce veces desde que abrieron el bar seis años atrás, y según Joaquín Sutil G. F., no se realizó ninguna consumición entre la 1:30 y las 3:00. Este testimonio deja a Javier sin coartada para esa franja. De hecho, éste fue uno de los argumentos que el instructor del caso introdujo a la hora de procesarle, al estimar que no tenía coartada y nadie le vio aquella madrugada a pesar de que dijo que estuvo al frente del bar.

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