Historias de Algeciras

El trienio liberal en Algeciras (II)

  • A pesar de los cambios institucionales, la vida del ciudadano en Algeciras prosigue con la relativa normalidad que impone el convulso tiempo que le tocó vivir

Diseño de la Plaza Alta cargado de simbología masonica Diseño de la Plaza Alta cargado de simbología masonica

Diseño de la Plaza Alta cargado de simbología masonica

De modo general, una vez asentada la sublevación y reconocida por Fernando VII la constitución, los efectos jurídicos y administrativos comenzaron a sentirse en toda la nación y lógicamente también en nuestra ciudad. Una de las primeras instituciones que se pusieron en marcha fue la Diputación Provincial, de la cual el Alcalde constitucional algecireño Ventura Fita formó parte en su nueva andadura -y que había sido diputado con anterioridad-, de modo provisional, comenzada el 1 de mayo de 1820: “En la muy noble, muy leal y muy heroica Ciudad de Cádiz, hallándose reunidos en la sala señalada del edificio de Aduanas para las sesiones que deben celebrarse por la Diputación Provincial, el Excmo. Sr. Gefe Político, Dn Cayetano Valdés, como presidente de dicha corporación y los Sres. Vocales […], Dn Ventura Fita, nombrado por el Partido de Algeciras […], que mientras se verifica la elección de individuos para la Diputación Provincial, que deberá tener efecto al día siguiente que los Diputados a Cortes, y para que entre tanto no padezca el servicio público, se reúnan provisionalmente á fin de entender en el despacho los negocios más urgentes y perentorios, los vocales que eran de dicha Diputación al tiempo de su extinción en 1814”.

Mientras institucionalmente ocurren estos acontecimientos, la vida del ciudadano en Algeciras prosigue con la relativa normalidad que impone el convulso tiempo que le tocó vivir, como así fue a los hermanos Peña Santander, ambos naturales de Algeciras. Juan residente en nuestra ciudad, mientras que Pedro ejercía profesionalmente como segundo contador del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz. Siendo propietarios, se vieron en la necesidad de: “Nombrar representante en la persona de José Barco Fernández, vecino de Sevilla para que les sustituyera ante las Reales Audiencias de la capital hispalense, al objeto de defender sus intereses”.

La respuesta de los algecireños al edicto de Riego, publicado en nuestra ciudad, y más concretamente a su punto segundo (los géneros de manufactura extranjera, incluso los tejidos de algodón, queden de entrada libre, pagando solo un derecho único del 12 por ciento), fue recogida en la siguiente crónica: “De Algeciras informan quejándose de la enorme introducción que por aquella costa se hace de géneros extranjeros y particularmente de algodón. El celo de los buenos españoles que presencian este desorden, contrario á nuestras leyes actuales y á nuestros intereses permanentes, se exalta al ver el abandono en que yace este ramo de administración, y todos quisieran que se adoptasen medidas semejantes á las que se acaban de emplear en Cataluña”.

Prosigue el texto consultado: “Los que enuncian este deseo no advierten que es muy considerable la diferencia que existe entre Cataluña y el Campo de San Roque, pues en aquella rica provincia hay un gran número de fabricantes, que interesados inmediata é individualmente, se reúnen con facilidad para exterminar el contrabando, mientras que en el Campo de San Roque no habiendo un fabricante siquiera, y sí solo consumidores, que no desean mas que comprar baratos los géneros, nadie hay que tome á su cargo la represión del desorden, cuando existen muchos interesados en sostenerlo. Así pues, una ley sobre esta materia importante, de que depende esencialmente la prosperidad de nuestras manufacturas, es lo que únicamente puede atajar los perjuicios que las amenazan”.

De regreso a la representación algecireña en la Diputación provincial, el constitucional Ventura Fita juró su cargo al igual que el resto de diputados presentes, del modo siguiente: “Estando colocado de antemano sobre una mesa un Santo Cristo, y el libro de los Santos Evangelios y en pié todos los Sres. que concurrieron […], puesta cada uno su mano derecha sobre el enunciado Libro los recibió el Excmo. Sr. Gefe Superior Político el juramento que debían prestar en estos términos: ¿Juráis á Dios y á los Santos Evangelios guardar bien y fielmente la Constitución Política de la Monarquía Española? ¿Ser fiel al Rey, y desempeñar cumplidamente los deberes de vuestro encargo?, y respondiendo cada uno de ellos: Sí juro. S.E dijo: Sí así lo hiciereis Dios os ayude; y si no, os lo demande, añadiendo también, que de lo contrario serían responsables á la Nación. Quedando constituida”.

Obsequio de una logia a Riego Obsequio de una logia a Riego

Obsequio de una logia a Riego

En otro contexto comentar sobre las repercusiones del nuevo sistema de la Nación, que si bien Gibraltar para los liberales fue tradicionalmente un lugar de acogida, para los hombres de negocios de Algeciras, representaba la vía más segura para sus transacciones mercantiles, como así lo hizo el vecino de nuestra ciudad Rafael Contilló, cuando: “CómoaAdministrador de Loterías Nacionales, ordenó páguese a Robert y Guillermo Reding de Sevilla a través de la cuenta en Gibraltar de los Sres. Stalkel y Markcland, la cantidad de 40.000 rv”.

Por aquellos días, se procede, para una mejor distribución del territorio, a la división de Partidos, quedando nuestra provincia del modo siguiente: “Cádiz 1 pueblo y 14.599 vecinos; Puerto de Santa María 2 pueblos y 6.391 vecinos; Jerez, 1 pueblo y 8.081 vecinos; Medina Sidonia 5 pueblos y 6.313; Algeciras, 7 pueblos y 6.611 vecinos (no concuerda con dato de Santacana, pues este cifra en 15.000 almas, solo en Algeciras); Sanlúcar de Barrameda, 4 pueblos y 6.960 vecinos; Arcos de la Frontera, 8 pueblos y 6.661 vecinos; San Fernando, 3 pueblos y 9.061 vecinos. Totales: Partidos 8. Pueblos 31. Vecinos 63.987”.

Desde instancias provinciales, se expresa: Que se especifique a los Pueblos de la provincia la buena nueva […], dedicándose á preparar los trabajos que quedaron pendientes á su extinción, para que tomándolos en consideración los señores vocales […], escojan los útiles, rectificándolos á las nuevas luces hagan florecer la provincia. Exigiéndose a los Ayuntamientos Constitucionales: Sumisión á la Ley, respeto a las autoridades y á la noble emulación de ser modelo de entusiasmo por la conservación de nuestro venerable código constitucional, y de contribuir de buena fe a la prosperidad de la Patria”. A continuación de distribuyó el trabajo, correspondiéndole al Alcalde constitucional de Algeciras, el estar presente en las Comisiones llamadas, de: “Censo y Estadísticas; Distribución de Partidos y Justicias; Proyectos de Obras; Agricultura, Artes y Comercio; y Secretaría”.

Al mismo tiempo que nuestro constitucional alcalde recibía los nombramientos reseñados, por parte de la jurisdicción del Estado se envió a los diferentes Ayuntamientos el siguiente escrito con relación a los militares absolutistas encarcelados: “Tribunal Especial de Guerra y Marina. Una de las atribuciones de dicho tribunal es visitar los Reos de la jurisdicción militar presos en cárceles, castillos, cuarteles y cuerpos de guardia. De cuyo aviso paso copia en su oficio el Excmo. Sr. Gefe Político”.

Mientras el Tribunal Especial de Guerra y Marina se interesa por los presos militares, en el caso de nuestra ciudad presos en la Isla Verde, entre otros castrenses lugares; la rutinaria vida de los algecireños, sin dejar de interesarse por lo que acontece a su alrededor, prosigue dentro de una cierta normalidad, tal fue el caso de la preocupada vecina de Algeciras Isabel Díaz, viuda de Juan de Asensio, quién -en tiempos tan convulsos-, preocupada por su patrimonio dinerario: “Da representación al -también- vecino de Algeciras Joaquín Font para que le exija al sanroqueño Antonio Sánchez Villarroel, el pago de la deuda de 60.000 rv que este dejó á deber a su difunto esposo”.

En las altas instancias de la provincia, sigue preocupando la actividad en la zona del Campo de Gibraltar del contrabando, es por ello que: “A la Comisión de Hacienda llega una exposición de Don Pedro González Ramos, vecino de Algeciras, sobre los medios de evitar la escandalosa introducción del contrabando que se hace por aquella parte desde la plaza de Gibraltar”. Por aquellos días, se hacen populares composiciones y letrillas como la siguiente: ¡Viva el código sagrado!, Nuestra Ley fundamental, Y viva el pacto social. Y viva nuestro Monarca amado. Y puesto que hemos jurado. Defenderlos con tesón. Repítalo el corazón, Y contra cualquiera suerte, Juremos ante la muerte. Que volver a la opresión.

Por aquellas fechas se dan cuenta a los Consejos, y entre ellos al de Algeciras, la declaración de Fernando VII, siguiente: “Pueden ser reelegidos para los Ayuntamientos Constitucionales del presente año (1820), los mismos individuos que lo eran en el de 1814”. También se trasladó a las mismas instituciones locales: “Ministerio de Hacienda. A los Sres. Yntendentes […], cuiden en su territorio de la exacta recaudación de los fondos de la Hacienda publica […], cuidando de pagos y libranzas […], que hagan las mejoras por de pronto en la recaudación según pareciere conforme á las circunstancias […], que se valgan de cuantos medios extraordinarios les sugiera el conocimiento local […], que de cuanto ejecutaren den cuanta a S.M. […], y digan á la mayor brevedad su dictamen sobre los vicios que hayan observado en las Rentas actuales, y remedios para corregirlos...”.

De regreso a los reos militares detenidos y dado el gran número de expedientes abiertos, se notificó: “El Sr, Secretario del Tribunal de Guerra y Marina, remite copia […], encargando se suspenda la remisión á dicho Tribunal de los Expedientes que no correspondan a sus atribuciones”. El alto dignatario de justicia castrense, en defensa de lo que él entendía sus competencias, rechaza los expedientes que no le corresponden corresponde al Tribunal de Guerra y Marina ¿se referirá a las causas contra los civiles detenidos por su significación ideológica?. Sea como fuere, la represión política estaba muy presente, y la violencia formó durante un largo tiempo una constante tras la finalización del conflicto.

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