Algeciras

Juan Antonio Palacios desnuda su interior en 'El espejo de Salap'

  • El escritor presentará el jueves 24 de septiembre su último libro, editado por Imagenta

Juan Antonio Palacios, en una edición de la Feria del Libro de Algeciras. Juan Antonio Palacios, en una edición de la Feria del Libro de Algeciras.

Juan Antonio Palacios, en una edición de la Feria del Libro de Algeciras. / jorge del águila

Juan Antonio Palacios presentará el próximo jueves en Algeciras el libro El espejo de Salap, editado por Imagenta Editorial. La obra viene a ser una especie de desnudo integral del interior del autor sobre sus diferentes formas de ver la vida y de vivir la realidad. "Es una forma de sacar a la luz sus ideas, porque el autor es de esas personas que pueden expresar fácilmente con su pluma, lo que sienten. Es un auténtico pregonero de sensaciones, un fiel narrador de emociones", destaca Imagenta en la reseña del libro.

Como refleja en uno de sus capítulos y haciendo mención a la personalidad de uno de sus protagonistas, el manuscrito demuestra el compromiso del autor con sus verdaderos objetivos en la vida, porque vivir es para él lo importante y no está dispuesto a someterse a la tiranía de algunas gentes que no son merecedores de su confianza. Europa Sur les ofrece a continuación el capítulo 10 del libro.

Adivinar el futuro

Aquella mañana se me había hecho tarde. A pesar de los avisos de la alarma del despertador me había quedado dormida. La noche había sido agotadora. Soy Libertad y siempre he mostrado mi afición a la futurología y las adivinaciones. Siempre he pensado que hay algo mágico en nuestras vidas que nos puede hacer predecir qué ocurrirá en el futuro.

La portada del libro. La portada del libro.

La portada del libro.

Soy decoradora, estoy casada con Ahmed, y tengo tres preciosos hijos, Amor, Abril y Mustafá: Vivo a caballo entre las Dos Orillas, Algeciras y Tánger y sé que adivinar el futuro es como tirar un dado y a ver que nos sale, si nos trae penas o alegrías, felicidades o desgracias y entre certezas e incertidumbres lo esperado o lo sorpresivo.

Casi todos los seres humanos, desde siempre hemos querido adivinar el futuro, y para ello hemos empleado diferentes métodos, desde las más populares como las cartas del tarot, inmersas en el mito y el misterio, las runas, originarias de la mitología celta, la astrología o la radiestesia o facultad para percibir radiaciones electromagnéticas.

Ha habido otras formas de adivinar el futuro como la cristalomancia, la hidromancia, la clarividencia de la fraternidad Rosacruz o las predicciones y teorías de personajes como Nostradamus, Edgar Cayce, los mayas , las Pirámides de Egipto o la esfinge y una lista interminable.

En el mundo de lo científico, en la realidad actual, el estudio de los modelos estadístico y lo probabilístico nos pueden aportar muchos datos sobre por donde va a ir nuestro futuro. Sin embargo he de reconocer, como mujer de este siglo XXI; mi escepticismo, que se mueve más cerca de la incertidumbre que de la certeza., por mucho que nos apunten los nuevos hallazgos de la física cuántica.

Lo cierto es que una de estas tardes, al llegar del trabajo, mis hijos estaban con su padre y me encontraba sola en casa. Había sido un día duro y agotador y solo me bastaron diez minutos para caer rendida en mi butacón y entregarme en los brazos de Morfeo.

Pasé de la adivinación a los sueños. Imaginé un futuro muy diferente al presente que nos había tocado vivir. Pensé que la cosa sería mucho más fácil en el futuro entre las dos orillas gracias a la cultura y me imaginé que todos los seres humanos éramos diferentes pero iguales en derechos.

No importaba que fuéramos ciudadanos y ciudadanas de los países del Norte, ricos y prósperos, que de cualquiera de los Estados subsaharianos, en los que miles de criaturas se juegan la vida todos los días para alcanzar el paraíso en el que vivir mejor; en embarcaciones frágiles y de juguetes.

Me figuraba, que todos teníamos los mismos beneficios y oportunidades, y que el mundo desarrollado estaba invirtiendo seriamente en los países pobres con graves problemas sociales, que habíamos entendido que la inmigración no era un problema de mares ni de muros, sino de la humanidad

En mis sueños me angustiaba que cerca de 900 millones de personas en el mundo estuvieran sufriendo hambre, mientras que en la sociedad donde me había tocado vivir, cada día tirábamos millones de toneladas de alimentos a la basura. Como dormíamos tan tranquilos mientras en el mundo, perdíamos un niño cada cinco segundos porque no tenía que llevarse a la boca.

Me indignaba que dijéramos que no éramos racistas, mientras que millones de personas lo sufrían alrededor del mundo, por su género, su etnia, su cultura o su sexualidad. Por eso, sentía que mujeres y hombres teníamos que luchar contra este tipo de exclusión, contra la violencia de género, que algunos no querían reconocer o contra la homofobia, por citar solo algunos.

Continuaba en mis sueños imaginando una casa mejor y más saludable , como la Tierra , en la que no destruyéramos nuestro entorno ni atacáramos a nuestra salud y nuestro estilo de vida, que respirar el aire y beber el agua no fueran actividades de riesgo.

Fantaseaba en mis sueños que los gobiernos habían acabado con la corrupción, que las guerras en cualquiera de sus modalidades hacía tiempo que no existían, las epidemias eran un mal recuerdo, que los productos de la tierra eran bien distribuidos, no existía la miseria energética y todos los países del mundo tenían agua potable y habían superado la pobreza.

El sonido del camión de la basura procedente de la calle me había despertado y había interrumpido mis sueños. Volvía a la realidad, y mi primer gesto fue alcanzar mi móvil. Me habían llegado numerosos mensajes sobre lo que ocurría en nuestro mundo, seguía habiendo desigualdades, injusticias, violencias, hambres, pobrezas y guerras

Sentí como un fuerte latigazo que me recorrió todo mi cuerpo, y llegué a la conclusión que no podía esperar ni magias, ni milagros, ni sueños, que como todas las mujeres y hombres que habitamos en esta gran pelota, tenemos un poderoso instrumento, tal vez el mayor invento que posea el ser humano, la palabra. Y que aunque en ocasiones podía haber silencio en nuestras palabras y un gran ruido en nuestros mutismos, no podíamos permanecer ni quietos, ni silenciosos ni callados, ante la injusticia y la desigualdad, sino que teníamos que implicarnos y comprometernos.

Hemos de denunciar, alzar nuestras voces y llenar el espacio público con nuestros gritos rebeldes y disconformes, con nuestras protestas, para no correr el peligro de perder nuestra dignidad. No podemos ni debemos ser neutrales. Ser cómplices de la corrupción o permanecer impasibles ante la tortura. Soy Libertad y no encuentro argumentos para justificar el asesinato de personas, por muy justas que nos vendan que son las causas y las guerras. Me siento razonable y decente, y nadie me puede pedir que enmudezca ante la brecha económica de nuestras ciudades, en las que los barrios ricos se han enriquecido el doble que los pobres en los últimos años.

Tengo que decir ¡Ya está bien!, cuando con mi dinero se han construido aeropuertos sin aviones, ciudades del medio ambiente en zonas inundables, hoteles monstruosos en parques naturales, acuarios sin peces, como muestras de lo mal que se ha administrado el dinero de todos y todas.

Alto y claro, lo único que les pedimos a quienes nos representan y pueden colaborar a engrandecer o arruinar nuestro futuro que no nos mientan y que no traten de inventarse un futuro que no está dispuesto a fabricar. La experiencia nos enseña que casi la forma más clara de hablar de algunas cosas es hacerlo sin nombrarlas, dejando que los hechos hablen por sí solos.

Demostramos ser tan pobres, que en demasiadas ocasiones, no concebimos disfrutar de la vida sin aferrarnos a las cosas materiales, sin detenernos a reflexionar y dar palos de ciego o pasos a lo loco. Desde el poder que me da mi nombre, Libertad, intento hacerme sitio entre las luces y las sombras, cribando los atracones de información, sin confundir el pasado con el presente ni construir un futuro ficticio.

He podido constatar, que con más facilidad de la deseable, lo grueso del lenguaje que empleamos, termina radicalizando nuestras actitudes y en la madeja de los despropósitos y los desmadres, el escenario de la realidad acaba llenándose de acomplejados, manipuladores e hipócritas que entre impulsos y ocurrencias son una pesadilla.

No me quiero sentir, y más llamándome Libertad, prisionera de lo que hubiera querido hacer y nunca me atreví. Procuro nutrirme de las historias diarias, reales y sencillas que me toca vivir , y no perder el tiempo en naderías , esperando que la suerte decida si son caras o cruces ,en lugar de salir a buscarlas.

Necesitaba contaros las cosas como realmente las pienso, y disfrutar con mis sueños, esperando que sin rodeos, circunloquios y perífrasis, algún día estos se conviertan en realidad. Mientras, intentaré trabajar desde el presente y no hacer conjeturas sobre el futuro ni pretender adivinarlo, solo hacerme las preguntas necesarias para continuar buscando las respuestas.

Procuraré ver las cosas desde otra perspectiva, sin crearme ataduras, condicionantes y cárceles que nos vinculan a emociones y relaciones que nos dañan, sin resignarme, sino rebelándome, dando la cara, e intentando sacar conejos de la chistera en los momentos más difíciles, aunque parezca que estamos soñando.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios