Historias de Algeciras La medicina (LXXVIII)

  • Además de la bebida, existía otro problema sanitario: la prostitución

  • Acarreaba consecuencias para la ciudadanía local y para los soldados que esperando su traslado al norte de África

En la playa del Murillo aconteció la tragedia del joven Rogelio Contilló En la playa del Murillo aconteció la tragedia del joven Rogelio Contilló

En la playa del Murillo aconteció la tragedia del joven Rogelio Contilló

Efectivamente, Algeciras no estaba preparada para afrontar un incendio como aquel que se originó en la fábrica de corcho de los hermanos Conte, creando el citado siniestro un grave problema sanitario al cubrir de un humo negro y denso prácticamente toda la ciudad. Viéndose desde lugares tan distantes del centro como el Rinconcillo o Pelayo, una gran columna de humo que se elevaba oscureciendo el cielo algecireño y en dirección a poniente.

Los hechos resultaron de modo siguiente, según la documentación consultada: “En la parte sur del río de la Miel ocurrió un incendio que tuvo consternado á todo aquel vecindario pués amenazaba con destruir todo los hogares próximos al lugar del siniestro. Todo comenzó de noche. Serían las 11 horas, cuando los empleados de la fábrica de corcho de la firma Conte & Hermanos, observaron que una densa humareda salía de uno de los patios donde había almacenado algunos fardos de corcho. Pocos minutos después y debido al viento de levante que reinaba, era pasto de las llamas toda la mercancía que allí se encontraba almacenada. Con rapidez vertiginosa circuló la noticia –prosigue el texto–, poniendo en alarma á la población el monótono y continuado repique de las campanas de la parroquia anunciando el incendio, pero, como siempre sucede cuando estas sonaron ya era pasto todo el corcho almacenado en aquel recinto. Reduciéndose el trabajo ha evitar la propagación del fuego en los patios (de corcho), colindantes en algunos de los cuales también existía una buena cantidad de este material de otros señores fabricantes. El aspecto que ofrecía aquel lugar era terrible; gigante columna de fuego alumbraba la población”.

Sobre la reacción de las fuerzas vivas algecireñas, comenta el documento consultado: “Los primeros en llegar al sitio del incendio fueron el alcalde y la partida de municipales al mando de su jefe, después el Orden Público con su inspector Sr. Villarino, siguió don Rafael Oncala, juez de primera instancia, y así sucesivamente todas las autoridades civiles y militares, dos compañías de Cazadores de Cataluña, y otras dos de Cazadores de Montaña, Ingenieros, Artillería y Lanceros de Villaviciosa”.

No consta presencia sanitaria alguna, ni tan siquiera representantes de la junta municipal de sanidad. Poco o nada se pudo hacer por mucha presencia institucional que acudiera. El texto consultado retrata la auténtica realidad en cuanto a medios se refiere en una ciudad como la nuestra, en la que la industria corchera estaba muy presente en aquella época: “La carencia absoluta de elementos con que combatir el fuego, imposibilitaba para toda clase de trabajo, este redujose á localizarlo y aunque los esfuerzos que para ello se hicieron, fueron inauditos, hay que convenir en que de haber soplado algo más fuerte el levante, hubiera quedado destruido todo el barrio sur del Río. No hubo que lamentar desgracias personales. Se ignoran las causas que pudo haber originado el fuego. Las pérdidas materiales alcanzan una cifra considerable. Parece que el edificio y enseres que se han quemado estaban asegurados en la compañía La Urbana”.

El principal escenario seguía siendo la falta de recursos en el Hospital Civil

Una vez pasado el “susto” del incendio en la zona sur o Banda del Río, la sanidad local vuelve a su rutina diaria teniendo como principal escenario el siempre falto de recursos suficientes Hospital Civil, recogiendo el –preceptivo– parte del servicio de orden público lo siguiente: “En la mañana del pasado lunes, riñeron Francisco Pérez y Rafael Fernández, este resultó con varias heridas en la cara producidas con un vaso roto y según se infiere, parece ser que el primero de dichos individuos, que también sacó herido el dedo pulgar de la mano derecha, pretendía abonar el importe del vino consumido, oponiéndose á ello su amigo y en esta llegaron los municipales y se llevaron á ambos detenidos, después fueron curados por el médico forense”. El asunto de excesivo consumo de alcohol seguía provocando problemas no solo sanitarios sino también de orden público.

Además del referido a la bebida, existía en la Algeciras de aquella época otro problema sanitario como es el de la prostitución, de importantes consecuencias no solo para la ciudadanía masculina local, sino también para los muchos soldados que esperando su traslado a tierras del norte de África, esperaban en los diferentes acuartelamientos establecidos en la ciudad, interviniendo en el cierre de aquellos lupanares las más altas instancias de la comarca: “Previa solicitud al Sr. Gobernador Militar del Campo, se ha cerrado cierto lugar en sitio muy céntrico y que desde hace tiempo se viene tolerando con menosprecio del honrado vecindario y con grave perjuicio de la moral”.

Aquellos lugares además de atentar contra la moral de la época, atentaban muy seriamente contra la vida sanitaria de la ciudad y contra las operaciones militares planificadas por el alto mando. De ahí la preocupación castrense por cerrar los posibles focos de infección. Focos que seguían atentando de modo más local, contra la tranquilidad vecinal, según se recoge en el presente comentario –no exento de humor– pone de manifiesto una realidad en la Algeciras de comienzos de siglo: “Por mor de una gallina clueca, tuvieron varias palabrillas dos individuos machos y después de haberse dicho mutuamente. ¡Bendita sea tu alma!, sacaron a relucir sus correspondientes facas de á 2 pesetas, emprendiéndolas á testarazos y terminando el sainete por haber sido herido Francisco Lucas Ronchal de una puñalada en la frente y tres en la región dorsal, siendo de pronóstico reservado. Si esto ocurre por una gallina clueca ¿qué no sucederá por otra que ponga?”.

El doctor Gerónimo Farrel anunció su llegada desde Madrid para pasar consulta

A todo esto, los puestos en la responsabilidad sanitaria local van siendo asumidos por distintas personas. Tal fue el caso de Jaime Murray: “Quién destinado á Algeciras ha sido nombrado celador interino de la Dirección General de Sanidad del puerto de Algeciras”. Por aquel entonces ocupaba el puesto de Sanidad Marítima, Antonio Asencio.

También y por aquellos años, la matrona María Cano –de quién nos hemos ocupado en anteriores entregas–, cambia de domicilio y lo hace saber públicamente: “ Dña. María Cano, Matrona Titular. Con 30 años de práctica en Algeciras. Tiene el gusto de ofrecer sus servicios a su numerosa clientela, así como a las señoras recién llegadas á esta población en Calle Prim”.

Mientras tanto, los casos de urgencia siguen llegando hasta el Hospital Civil, según expresan los partes correspondientes: “A la una de la tarde y encontrándose en el Peñón de la playa del Murillo, el joven Rogelio Contilló, fué empujado por otro, produciéndose tal magullamiento al caer que se desconfía de su salvación. Reconocido por los facultativos lo encontraron de gravedad, siendo el parte dado de pronóstico reservado”.

La matrona María Cano cambia de domicilio y lo hace saber públicamente

Por aquellos días hace acto de presencia en nuestra ciudad quién se publicitó como médico, en los siguientes términos: “Hernias Quebraduras. Obesidad, prolapso de la matriz, desviación de la columna vertebral, torcedura de las piernas, etcétera. Llegará en breve á Algeciras uno de los médicos especialistas y representante del reputado ortopédico de Madrid Don Gerónimo Farrel Gamell (en números anteriores nos hemos ocupado de esta firma: “Por medio de aparatos especiales, con real privilegio de invención patente 27.791, del ortopédico de Madrid D. Jerónimo Farré Gamel. Obesidad, desviaciones de la columna, torceduras de las piernas, etc.”), y recibirá durante los días 25, 26 y 27 del próximo més de Febrero á cuantos deseen consultarle de cualquier padecimiento, para el cual la ciencia aconseja el tratamiento médico mecánico”.

Prosiguiendo en supuesto médico expresando: “Los aparatos para las hernias (quebraduras), de invención propia y exclusiva, con mecanismo para mover la pala en todas las direcciones, garantizan la contención absoluta de ellas por voluminosas y antiguas que sean y consiguen su curación completa en la mayoría de los casos. Distinta la construcción de la pala reductora y contentativa de estos aparatos de cuantos otros hasta el día se conocen. Tiene todas las formas de adaptación de que es susceptible la mano del enfermo -expresa la surrealista publicidad- produciendo la callosidad del anillo y aponeurosis que le forman, disipando la grasa de las partes, haciendo que las paredes de las células se aglutinen unas con otras, con lo cual se establece la curación efectiva”. Al igual que la vez reseñada, el posible médico se hospedaría en el popular y conocido Hotel Cuatro Naciones, recibiendo a los pacientes de 11 á 1 y de 3 á 6, según hacia constar. Dejando buena nota como rasgo de distinción de que: “Dejando aviso pasa á domicilio”.

La matrona María Cano ofrecía sus servicios en la calle Prim. La matrona María Cano ofrecía sus servicios en la calle Prim.

La matrona María Cano ofrecía sus servicios en la calle Prim.

Por aquellos días falleció en nuestra ciudad, un funcionario municipal de apellido Godoy, relacionado con la junta municipal de sanidad y el padrón de beneficencia. Tal funcionario –al parecer–, hombre de muy buen humor era conocido entre los médicos pertenecientes a la junta por su habilidad para reproducir la firma de los galenos, de tal modo que el que fuera años atrás miembro del equipo sanitario de aquella junta Miguel Patiño, cuando entraba en las oficinas municipales le preguntaba al tal Godoy -¿He estado aquí ya? A su habilidad expresada añadía la de bromista, de tal modo que al citado médico en cuestión, un conocido zapatero le pasó alguna que otra factura por unos zapatos que si bien constaba su firma en el impreso de entrega, este juraba y perjuraba que nunca los había comprado; llamándole la atención al mismo tiempo el que el citado funcionario le preguntara -¿Qué tal me quedan los zapatos?, ó ¡Considérelos como suyos don Miguel!

En otro orden de asuntos, y para combatir costumbres sanitarias ancestrales, se informa: “Recientes estudios microbacteriológicos han demostrado claramente que en las telas de araña se encuentra con mucha frecuencia el bacterio del tétanos, que las arañas recogen con las patas del suelo, donde aquel vive habitualmente. Como son muchas las personas que tienen la costumbre de utilizar las telas de araña para contener la hemorragia cuando se produce una herida […], lo que se hace publico para evitar que se exponga nadie a tan terrible infección”.

Mientras se intenta evitar la utilización de la tela de araña para contener hemorragias en la Algeciras de aquella época, poco se lucha contra el tétanos cuando aún proliferan -manteniéndose durante décadas-, los pozos negros o salideros de fecales en viviendas compartidas o patios. En temas de prevención había mucho por hacer y educacionalmente todo. Pero esa es otra historia.

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