Entrevista | José Juan Yborra "Cuando escribo parto de la premisa de la sinceridad"

  • A punto de jubilarse, este jueves presenta en Algeciras (Centro UNED, 19:00) su nuevo libro de poemas, 'El cuerpo del aire', un viaje literario inspirado en buena medida por el descubrimiento del camino de La Trocha

José Juan Yborra posa con su libro en la Escuela de Artes de Algeciras José Juan Yborra posa con su libro en la Escuela de Artes de Algeciras

José Juan Yborra posa con su libro en la Escuela de Artes de Algeciras / Erasmo Fenoy (Algeciras)

-Jubilación deriva del latín iubilare, gritar de alegría. ¿Es su caso?

-No suelo ser un hombre de gritar mucho. Más que júbilo, siento que ha llegado el momento de cerrar un ciclo al que he dedicado casi cuarenta años de mi vida, en el que he aprendido mucho; en el que me he sentido útil y en el que he comprobado que la entrega a la docencia con pasión y con rigor no suele resultar estéril. Pienso que -siempre que se pueda- debemos saber poner los puntos y aparte de nuestra vivencia.

-¿Sin la Covid usted habría seguido guerreando en las aulas?

-Estos no son los mejores tiempos para la enseñanza como para otras muchas profesiones. Ahora bien, mi decisión de la jubilación fue muy meditada. La tomé en octubre del pasado año, cuando la situación que estamos viviendo desde marzo nadie podría siquiera barruntar. Fue una especie de pacto con mis seres queridos y siempre he sido un hombre de palabra. De todas formas, seguirán presentes las aulas de la universidad, donde sigo pensando guerrear mientras me dejen. La vocación docente puede más que el ADN y que todos los signos de puntuación.

-El cuerpo del aire. ¿Le vino la inspiración escuchando el sonido de sus pasos en La Trocha?

-La inspiración está ahí: unas veces sellada en las trastiendas más ocultas, otras apenas embozada y otras te planta cara con el descaro de las amantes expertas. En El cuerpo del aire se ha dejado ver de forma pausada. He tardado casi dos años en escribir un libro de poemas muy pensado, muy organizado y ese tiempo coincidió con las numerosas salidas de campo en busca de ese camino oculto que unas veces se hacía extraño y otras se mostraba ante mí con la evidencia de los siglos. Todas aquellas caminatas en soledad o en grata compañía me ayudaron a valorar el silencio, el tiempo, el espacio y la necesidad de apartarnos, de salir de nuestras zonas de seguridad para entender lo que hay fuera, para comprender al otro. En el desplazamiento está una de las claves del aprendizaje.

"La impostura y la falsedad no son buenas compañeras de viaje. Sin embargo, tampoco entiendo la obra literaria como un mero trasunto autobiográfico del autor"

-Usted nos ha descubierto a muchos La Trocha. ¿Se descubre Yborra en El cuerpo del aire?

-Cuando escribo parto de la premisa de la sinceridad. Me parece un componente ético con el lector. La impostura y la falsedad no son buenas compañeras de viaje y además se notan rápidamente. Sin embargo, tampoco entiendo la obra literaria como un mero trasunto autobiográfico del autor. La literatura tiene un componente de ficción, de sugerencia, de evocación, hasta de invención. El propio lenguaje sirve para dar una nueva forma a una realidad personal que, por otro lado, no creo que deba interesar a nadie. En los poemas del libro hay ciudades y cuerpos, pero no son ciudades o cuerpos concretos. La superación de lo personal lleva a la universalidad, a la trascendencia, a una lectura más amplia que no convierta el tiempo, el espacio y las circunstancias en meras anécdotas.

-Este libro es un viaje en varias etapas.

-Efectivamente, me atrae mucho el tema del viaje en la literatura, desde la Odisea a Don Quijote, pasando incluso por la mística. El libro se articula en tres partes: la primera se localiza en una ciudad inhóspita; en la segunda se expresa la huida de ese universo artificial en busca de la verdadera obsesión: encontrar el cuerpo del aire, darle forma, acotarlo con la palabra, que es el único instrumento del que dispone el escritor. Los últimos textos intentan perfilar ese contorno físico irreal; nombrar lo imaginado… nada que no se haya intentado muchas veces, pero que necesitaba escribir.

-¿Con qué personajes se ha tropezado haciendo ese camino?

-En el camino real, con un buen número: un repertorio de lo más variado. Unos engrosaron el corpus de lo anecdótico, otros me ayudaron, incluso sin querer, a conocerme mejor y otros han acabado convirtiéndose en muy buenos amigos. En el camino imaginado no me he tropezado con nadie, siempre lo he transitado solo.

"Deberíamos despojarnos de todas las máscaras que son extrañas, inexpresivas y pantallas de ocultamiento. No puedo hablar con alguien sin mirarlo a los ojos"

-En su poema Baile de máscaras, afirma: “Detrás de cada mirada, de cada perfil, de cada cuerpo disonante, danza el vacío del disfraz”. ¿De cuántas máscaras nos despojamos a lo largo de nuestras vidas?

-Nacemos desnudos, pero no morimos desnudos. Del pañal a la mortaja discurre el tránsito que hacemos por el mundo. No me molesta cubrirme, aunque sí disfrazarme. Con el disfraz queremos ser otro; con la máscara, nos ocultamos. En ambos casos mostramos inseguridad. Deberíamos despojarnos de todas las máscaras que son extrañas, inexpresivas y pantallas de ocultamiento. No puedo hablar con alguien sin mirarlo a los ojos; para la mirada, no hay máscara que valga, para la lírica, igualmente sobran. No entiendo una poesía enmascarada.

-¿Su máscara es de quita y pon, en el sentido descrito por Juan de Mairena?

-Coincido con el hombre bueno que fue Antonio Machado cuando reivindicó la fidelidad a la propia máscara de los personajes públicos. Una máscara que debía ser lo más parecida posible al rostro de cada uno, porque, al final, hay que dar la cara siempre. En este caso la máscara no oculta, sino defiende, no es extraña, sino que se adapta a nuestra propia geografía física y moral, lo cual no es del todo desaconsejable en tiempos de mudanza e incertidumbres.

-“La única forma de perderse es dejar de caminar”, le dice en un poema dedicado al prologuista de este poemario, Iñaki Irijoa Lema.

-Este verso, a diferencia de la mayoría, tiene un correlato absolutamente real. En los primeros momentos en los que realizaba el trabajo de investigación sobre el camino de La Trocha hice precisamente con él una salida de campo cuyo objetivo era localizar el trazado antiguo de la senda desde el ventorrillo hasta la subida al puerto del Viento. Fue en una temporada de abundantes lluvias y la altura de los helechos impedía encontrar la vía en los primeros tramos de alcornocal. Dimos muchas vueltas hasta encontrarla y recuerdo que le dije esa frase que luego sirvió de inspiración sin trastiendas y sin embozos.

-“Quizá su lector ideal no ha nacido todavía”, dice de su obra Irijoa. Espero que no sea un lema publicitario.

-Los lemas y la publicidad están en las antípodas de lo que entiendo por poesía. No hay lectores ideales, ni textos, ni autores. Los que hay son bien reales y a ellos va dirigido este libro.

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