Observatorio de La Trocha | Nuestra Historia Desconocida 1642: El intento de reconstrucción de Algeciras por el conde-duque de Olivares

  • Figura histórica de gran calado, el valido de Felipe IV impregnó de reformismo su visión política

  • Entre sus objetivos estaba el compromiso con la repoblación de la destruida Algeciras

Retrato ecuestre del Conde-Duque de Olivares, realizado por su protegido, Velázquez, en 1638, al parecer tras la defensa de Fuenterrabía Retrato ecuestre del Conde-Duque de Olivares, realizado por su protegido, Velázquez, en 1638, al parecer tras la defensa de Fuenterrabía

Retrato ecuestre del Conde-Duque de Olivares, realizado por su protegido, Velázquez, en 1638, al parecer tras la defensa de Fuenterrabía

La Algeciras medieval era una gran ciudad cuya conquista por el mundo cristiano fue gran empresa internacional para la que se organizó nada menos que una cruzada. Tras un asedio de dos años (1342-1344) y la conquista, celebrada en toda la cristiandad, se desarrolló una urbe cristiana cuya vida fue truncada violentamente en solo varios días del año 1369. La ciudad estaba desguarnecida a causa de la guerra civil castellana y cayó fácilmente ante el sultán Muhammad V de Granada. Este era un político oportunista y afortunado que se vio obligado a destruir Algeciras y a inutilizar su puerto exactamente en 1375, por circunstancias históricas insólitas e imprevisibles. Ya explicaremos en otra ocasión las causas tanto de la pérdida como de la citada destrucción, que constituyen una historia jugosa y poco conocida.

El caso es que Algeciras estuvo arrasada tres siglos y medio, con sus murallas, edificios y puerto destruidos o inutilizados, borrada de la faz de la tierra como ciudad, hasta el punto de que gran parte de su antiguo término fue usurpado por poblaciones vecinas y a consecuencia de la conquista de Gibraltar en 1462, se le adjudicó todo el territorio de la vieja Algeciras. Esta no quedó del todo aislada de la historia que giraba a su alrededor y se registran en relación con las ruinas de la ciudad, a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII, una serie de acontecimientos poco conocidos que hemos tenido la suerte de ir localizando a lo largo de los últimos años.

Dada la importancia estratégica y económica de su emplazamiento, a lo largo de esos siglos también se suceden varios intentos para repoblar Algeciras, el primero ya en el siglo XIV y por parte de los musulmanes africanos, que fracasó, al igual que los intentados en los siglos XV, XVII y XVIII, siglo en el que tras los proyectos fallidos de Bartolomé Porro y Juan Laffite, triunfa el auspiciado por el Marqués de Verboom. Nos referiremos aquí a otro intento, desconocido en la historiografía comarcal y correspondiente al anterior siglo XVII.

En 1624 una gran comitiva avanzaba trabajosamente por los muy difíciles caminos de la comarca. Se trataba de la corte del rey más poderoso del mundo, el joven Felipe IV, que, acompañado por importantes personajes, realizaba un extenso viaje por los reinos de Andalucía, entonces la región más rica de España. El objetivo de ese aparatoso y caro viaje no era solo conocer y fidelizar tan notable territorio, sino aprovechar mejor sus posibilidades económicas. Ese deseo fracasó, ante la reticencia general a financiar las aventuras europeas de la corona. En lo que sí rivalizó todo el que pudo fue en ofrecer tantos agasajos y diversiones al rey y a la corte, que aquel viaje fue casi una fiesta continuada. Acompañaba al joven rey (19 años) un equipo de 300 personas entre las que figuraban personajes como Francisco de Quevedo, siendo la personalidad más relevante el conde-duque de Olivares, el mayor político de su tiempo y valido del rey, "mano del rey", para entendernos con los seguidores de la serie Juego de Tronos.

La bahía de Algeciras en 1634, diez años después de la visita real y ocho antes del proyecto para repoblar Algeciras. Detalle de las ruinas de Algeciras, atravesadas por el río de la Miel. Es apreciable la isla luego llamada Verde y la torre de San García, así como el puerto de Getares La bahía de Algeciras en 1634, diez años después de la visita real y ocho antes del proyecto para repoblar Algeciras. Detalle de las ruinas de Algeciras, atravesadas por el río de la Miel. Es apreciable la isla luego llamada Verde y la torre de San García, así como el puerto de Getares

La bahía de Algeciras en 1634, diez años después de la visita real y ocho antes del proyecto para repoblar Algeciras. Detalle de las ruinas de Algeciras, atravesadas por el río de la Miel. Es apreciable la isla luego llamada Verde y la torre de San García, así como el puerto de Getares

Habían partido desde Madrid en febrero de 1624 y la visita duró 69 días, pasando por Jaén, Linares, Andújar, Córdoba, Écija, Carmona y Sevilla, el Coto de Doñana, Sanlúcar de Barrameda y Cádiz, para seguir viaje a Gibraltar, Marbella, Málaga y Granada. El regreso fue por Jaén y Baeza, finalizando el viaje en Madrid el 18 de abril. Los objetivos económicos no se cumplieron por la oposición de las ciudades a contribuir económicamente a solucionar los problemas europeos de la corona y no hubo un contacto directo con la población ni con los verdaderos problemas de Andalucía. Sin embargo, estos afloraron a la vista de los viajeros, en su tránsito por la comarca, como el desierto existente entre Vejer y Facinas, los grandes trabajos en el camino por la aspereza de los terrenos, o sea los pésimos caminos entre los montes del Estrecho o bien la indefensión de estas costas ante los piratas norteafricanos. Especial impresión la de los viajeros al pasar junto a la vieja Algeciras y ver una gran ciudad de la importancia de Málaga convertida en laberinto de imponentes ruinas y guarida de alimañas.

Otro contacto con la realidad sucedió en marzo, ante la puerta de Gibraltar: el rey no pudo entrar en su carroza "por las muchas y angostas revueltas que había contra la peña para mayor defensa de la entrada". El rey tuvo que atravesar la compleja puerta a pie, la carroza hubo de pasar desmontada y vuelta luego a montar para que en ella hiciera Felipe IV su recorrido triunfal por la ciudad. El conde-duque de Olivares se irritó con el gobernador y le reprochó no haber ampliado la puerta ante la visita real. El gobernador respondió pausadamente: "La puerta no se había hecho para que entrasen carrozas, sino para que no entrasen enemigos". La corte se detuvo un solo día en Gibraltar, el monarca dio ordenes de acrecentar y guarnecer la fortaleza y siguió viaje hacia Marbella.

Al contrario de otros validos, el conde-duque fue un hombre honrado y muy capacitado, con buenas intenciones de reforma que de haber sido llevadas a cabo hubieran fortalecido a la nación, adelantándola en gran medida a las otras potencias. Pero las circunstancias le fueron adversas. España tuvo la desgracia de adquirir demasiado rápido un imperio para cuyo dominio no tenía excedentes demográficos ni económicos suficientes. Cierto historiador comento una vez que los españoles fueron "unos hombres que pretendieron demasiado…" manteniendo heroicamente a escala planetaria durante siglos la posesión de unos territorios monstruosamente extensos.

En vez de cumplirse el testamento político de los Reyes Católicos, que significaba una expansión a la puerta de casa, la norteafricana y "la conversión del mediterráneo en un 'mar español'", la empresa de América fue un espejismo dificultado por la distancia, mal salvada por las precarias comunicaciones marítimas y por la inexistencia de una eficaz ciencia económica española, lo que provocó el que gran parte de las riquezas de ultramar terminara en manos de los banqueros que financiaban el mantenimiento de los territorios europeos de la casa de Austria.

Las ruinas de Algeciras en 1627, según dibujo de Luis Bravo de Laguna. Es evidente la importancia concedida a Getares Las ruinas de Algeciras en 1627, según dibujo de Luis Bravo de Laguna. Es evidente la importancia concedida a Getares

Las ruinas de Algeciras en 1627, según dibujo de Luis Bravo de Laguna. Es evidente la importancia concedida a Getares

Esa herencia envenenada provocó innumerables guerras y el agotamiento de España. Terminada la "pax hispánica" que caracterizó el infravalorado reinado de Felipe III, el conde-duque se tuvo que enfrentar a un avispero de problemas europeos, con tales esfuerzos militares que España terminó exhausta y arruinada, perdiendo la absoluta hegemonía que había tenido. A consecuencia de ese desastre, la carrera de Olivares se resintió y este cayó en desgracia, siendo relevado de sus cargos en 1643 para fallecer en 1645.

Reformista

Pero una figura tan importante genera una extensa documentación y esta delata la gran labor reformista que hubiera desarrollado nuestro personaje si la fortuna no le hubiese traicionado. Entre esos documentos, uno en especial nos afecta directamente: fechado en 1642, delata el proyecto del conde-duque sobre una repoblación de la destruida Algeciras. Uno de sus párrafos: "…y es mi voluntad que todo lo que procediere de las vacantes se vaya empleando y reempleando hasta que se compren y sitúen otros cien mil ducados de renta, que aplico y quiero que se gasten en reedificar y repoblar las Algeciras, y en la fortificación necesaria para su defensa y puerto de Getares y en socorrer a los nuevos pobladores, asegurándose los socorros que se hicieren (…). Después de acabada la reedificación y fortificación de las Algeciras, los dichos cien mil ducados de renta quiero que se conviertan en sustentar una escuadra de galeones y zabras, que continuamente se ocupen de la guarda del Estrecho y costas de España (…). Y porque habiendo de sustentarse esta Escuadra con la dicha renta, que es hacienda mía, y para que en ella haya la buena cuenta y razón que convenga, quiero que el nombramiento de todos los oficiales del sueldo le haga privativamente el Señor de mi casa; y con su nombramiento".

En el texto se ve claramente la íntima implicación de Olivares en el proyecto, el cual financia con su propia fortuna personal, como había hecho en 1638, al costear de su bolsillo la defensa de Fuenterrabía contra los franceses. ¿A qué se debía esa inquietud sobre Algeciras? La costa norte del Estrecho estaba alarmantemente despoblada, al haber coincidido en ella dos fronteras, dos problemas históricos. El primero fue, durante los siglos XIII al XV, la frontera entre los reinos de Castilla y Granada, y el segundo, el peligro de los piratas berberiscos y sus constantes incursiones en busca de prisioneros para pedir rescate, siendo poco eficaz la red de torres vigías extendida por estas costas, que no fueron realmente repobladas hasta el siglo XVIII. Las riquezas agrícolas se explotaban en base a cortijos fortificados y las mismas poblaciones de Tarifa y Gibraltar eran prácticamente ciudades-dormitorio adonde se recogían para pernoctar los agricultores de los contornos.

Por otra parte, el Estrecho tenía una importancia geopolítica que no podía ser atendida sino desde un verdadero puerto con un buen fondeadero, el de Algeciras. Curiosamente, la riqueza agropecuaria de su territorio, en especial la vega del río de la Miel y la zona de Getares, siempre fue explotada en los siglos XVI y XVII, beneficiando a Gibraltar.

¿Cuándo concibió el conde-duque su proyecto? Es tentador pensar que a su paso cerca de las ruinas de Algeciras en 1624, pero no tuvo que ser necesariamente así, ya que el todopoderoso político era el hombre mejor informado del Imperio Español y sobrado conocedor de sus posibilidades desaprovechadas, como indica su obsesión reformista.

Decididamente sus ideas sobre Algeciras eran acertadas, pues la concibe como base de una escuadra para defensa y control del Estrecho, tras la reedificación de la ciudad y sus fortificaciones, cuidando el sostenimiento de los repobladores en los primeros tiempos, hasta que fueran autosuficientes. De haber sido posible crear ese puerto militar, su existencia hubiera hecho imposible la pérdida de la aislada Gibraltar, unas décadas más tarde…

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