Historias de Algeciras La Sud de España (I)

  • Los inversores liderados por Montero Riera creyeron firmemente en la expansión de aquel incipiente puerto

Vapores atracados en el puerto algecireño en la segunda década siglo XX. Vapores atracados en el puerto algecireño en la segunda década siglo XX.

Vapores atracados en el puerto algecireño en la segunda década siglo XX. / E.S.

Si bien el proyecto para la puesta en marcha del malogrado Hotel Reina Victoria (Historias de Algeciras: El hotel olvidado. Europa Sur, 4 de noviembre de 2018), se localiza temporalmente tras el desarrollo de la Conferencia Internacional (1906), de la mano de su promotor el algecireño Francisco de Paula Moreno Muñoz, no es menos cierto que hasta para la designación de nuestra ciudad para tan importante evento diplomático, tuvo una gran trascendencia la llegada del capital inversor extranjero y la puesta en marcha del ferrocarril. En el ínterin de ambos acontecimientos tan importantes para Algeciras, e impulsados por las perspectivas de negocios ante las nuevas y modernas infraestructuras, surge la iniciativa emprendedora local, afortunadamente con mejor resultado que el sueño de Moreno Muñoz.

El 18 de julio de 1904, un afamado abogado y propietario sanroqueño llamado Francisco Vicente Montero y Riera, residente en nuestra ciudad, acompañado de otro vecino de Algeciras, y de nombre Antonio Soriano Lapuerta (había llegado pocos años atrás para hacerse cargo del departamento de reclamaciones del ferrocarril Bobadilla-Algeciras), expresaron documentalmente que: “Han acordado constituir una Sociedad Anónima para dedicarse a la compra y explotación del negocio de vapores”.

En una localidad tan maltratada por la falta de trabajo como la Algeciras de entonces, la noticia correría igual que la pólvora sobre todo entre el gremio de los marineros, tales como: Francisco Culto Córdoba, que estaba domiciliado junto a su esposa e hijos en el número 22 de la calle Río; Manuel Díaz que con su familia residía en el número 21 de la calle Larga; o, el también marinero Julián Rubio Vivante, domiciliado con sus padres en el número 19 de la calle Baluarte, excombatiente de Cuba que se había convertido en una boca más que alimentar para su familia, y que además arrastraba problemas de salud secuelas de la guerra.

Prosiguiendo el documento constitutivo consultado: “La Sociedad actuará bajo las condiciones siguientes: 1º.- Se constituyen en Sociedad Anónima con el nombre de Compañía de Vapores del Sud de España. 2º.- El objeto de la Sociedad será la compra y explotación del negocio de vapores y otros buques, también para pasajeros como para carga y tendrá su domicilio social en esta ciudad de Algeciras. 3º.- El capital social es el de 200.000 pesetas dividido en 200 acciones de 1.000 pesetas cada una, que serán al portador y numeradas del 1 al 200, y cuyo capital han ingresado en caja social los reseñados en metálico y por terceras partes. 4º.- La duración de la Sociedad será de 25 años prorrogables por otros 25 a su vencimiento, y así sucesivamente según acuerden los socios […] 7º.- Los señores comparecientes se constituyen en Junta Directiva de la Sociedad con el carácter de Presidente Don Francisco Vicente Montero y Riera y de Secretario Don Francisco Orellana Moreno...”.

Como tal quedó determinado en el documento trascrito anteriormente, una vez celebrada la primera Junta Directiva -que se desarrollaría un día después de la constitución el 19 de julio de aquel año de 1904-, además de ser ratificados en sus cargos los señores Montero y Riera y Orellana Moreno, como presidente y secretario respectivamente, recogiéndose: “En cumplimiento del punto 7º del documento constituyente de la Sociedad Anónima Compañía de Vapores del Sud de España, se aprobaron los Estatutos por los que ha de regirse la Sociedad y quedando la sede de la misma establecida en el número 26 de la calle Cristóbal Colón”.

Al día siguiente -20 de julio-, comenzaría la actividad inversora: “La Compañía del ferrocarril de Algeciras (Gibraltar) Limitada, vende en calidad de perpetuidad y sin reservación de ninguna clase a la Compañía de Vapores del Sud de España, representada en este acto por Don Francisco Vicente Montero y Riera y Don Francisco Orellana Moreno, los tres vapores de la propiedad de su mandante que quedan descritos, nombrados: Elvira, Margarita y Cristina [...], la venta se hace al precio de 56.000 pesetas el vapor Elvira; de 88.000 pesetas el Margarita y de 32.000 pesetas el Cristina. Que en junto hacen un total de 176.000 pesetas”.

Diez meses después de su constitución, es decir el 13 de mayo de 1905, con los Estatutos ya aprobados y el domicilio social ampliamente reconocido por todos los algecireños, el consolidado presidente de la popularmente llamada “La Sur de España”, en cumplimiento de las facultades que le otorgaba artículo 14.2º de sus Estatutos, en el que se establecía: “El presidente representa en todo caso y momento a la Compañía, cuya personalidad óstenta en todos los asuntos que a la misma se refieran...”. Y comprobada la veracidad de la documentación que el presidente de la “Sur de España” aportaba, se procedió a expresar documentalmente: “La Junta Directiva de la Sociedad de la cual es su Presidente, tenía acordada la construcción de un vapor para aumentar la flotilla de estos pequeños barcos que posee, y al efecto rogó y encargó a don George Steven, vecino de Londres, que con los planos, pliego de condiciones y demás proyectos que privadamente tenían concertados, gestionase la construcción de dicho barco, como lo llevó a cabo con la casa constructora Amstrong Whitwoth y Compañía de Newcastle (Ynglaterra), y una vez terminado, que sea entregado el vapor de que se trataba con el nombre de Aline, a Don George Steven, y puesto por este a disposición de la Compañía de Vapores del Sur de España, para que su entrega formal a la misma”. Para tal acción, el vecino londinense George Steven, necesitaba el preceptivo documento acreditativo que demostrara su representación legal de la compañía algecireña ante cualquier foro, por lo que en igual fecha, es decir 13 de mayo de 1905, Montero Riera expresaba: “Con el carácter que óstenta como presidente confiere poder especial […], al referido Don George Steven, para que en nombre y representación de la expresada Compañía de Vapores del Sud de España, y como mandatario especial de la misma se haga cargo, acepte y reciba el expresado vapor Aline que se halla ya construido, de la casa Amstrong Whitwoth y Compañía de Newcastle (Ynglaterra), con todos sus accesorios y componentes y de cuanto al expresado barco pertenezca y corresponda, con los documentos de su construcción, certificados de examen, prueba y registro de dicho buque, recibiendo todo ello don George Steven, y facilitando a la casa constructora recibo formal y completo de cuanto perciba, que hará constar en instrumento público que de la entrega ha de formalizarse entre ambas partes en aquel acto, relevando el compareciente a dicho George Steven, de toda su responsabilidad y dando por el bien cumplido el encargo que se le confió de cuyo barco tomará posesión el señor Steven y despachará él mismo para este Puerto de Algeciras a la consignación y nombre que la compañía del otorgante representa para su abanderamiento é inscripción en la matricula de mar de este Puerto y registrar la propiedad de dicho vapor en el Registro Mercantil de esta Provincia”.

Llegada de un vapor desde Gibraltar. Llegada de un vapor desde Gibraltar.

Llegada de un vapor desde Gibraltar. / E.S.

La presencia de la Sur de España en aquellos primeros años del nuevo siglo, vino a demostrar que los inversores liderados por Montero Riera, creyeron firmemente en los planes de expansión de aquel incipiente puerto al cual le faltaban aún 9 años para colocar su primera piedra. Y si se había arriesgado aquel gran capital, fue porque en el humilde fondeadero algecireño los accionistas observaron un potencial mercado -presente y futuro-, que reducía los posibles riesgos. Lo cierto es que teniendo como escenario el muelle de madera el Aline y el resto de la pequeña flota de la recién creada compañía de vapor, se tuvo que complementar y estar a la altura de la toda poderosa empresa londinense de vapores Algeciras (Gibraltar) Railway Limited, para poder subsistir.

Por otro lado, los algecireños trabajadores en Gibraltar vieron incrementada la posibilidad de cruzar la bahía para acudir diariamente a sus respectivas ocupaciones laborales en la colonia británica. El movimiento de pasajeros entre ambos lados de la bahía era tan importante –y tan atractivo económicamente para los inversores- que dada la afluencia de viajeros las compañías se vieron obligadas a establecer servicios especiales, especialmente en época estival: “Los vapores de Algeciras -entre ellos los de la compañía local Sur de España-, establecerán en breve vapores especiales que saldrán los domingos desde Algeciras a la 7 de la tarde, siempre que el número de pasajeros así lo exija, dato que de antemano sabrá la compañía por el número de billetes de ida y vuelta despachados. La tarde en que dichos vapores circulen se anunciará con la debida anticipación en una pizarra, en los despachos de billetes de Algeciras. Estos servicios extraordinarios serán durante la temporada de verano. Las compañías tienen en estudio un nuevo horario para el servicio marítimo, quedando variados algunos viajes que se acomodarán a las necesidades del pasaje usual y añadiendo dos nuevos viajes a horas muy convenientes”.

La competencia consiguió que -sobre todo para las familias con posibles-, el viaje a Gibraltar no fuese solo por el motivo tradicional de trabajo. Y a partir de aquel momento, en los establecimientos locales como el café El Imperial, propiedad de José García Pérez, sito en calle Munición esquina Sol; en las tiendas de comestibles como la de Antonio Cuadrado en la calle Regino Martínez, o en el popular kiosco de Antonio Torres situado en la Banda del Río, el nombre del vapor Aline se haría tan popular como los ya habituales Elvira o Margarita; pasando a formar, al igual que estos, parte del paisaje del muelle de Algeciras.

La competencia logró que el viaje a Gibraltar no fuese solo por motivos de trabajo

Dos años más tarde y como muestra de la buena marcha de la pronunciada localmente y de modo acertado: Sur de España, el que aún presidía la compañía Montero y Riera, procedió el 13 de febrero de 1907, a: “En nombre de la Compañía de Vapores del Sur de España domiciliada en Algeciras y como presidente de su Junta Directiva designado en sesión celebrada el día 2 del corriente, según certificación expedida por el Secretario en 7 del mismo mes y año, don Juan Orellana y Moreno, secretario de la Compañía de Vapores Sur de España. Certifico: Que en el libro de Actas de la expresada compañía aparece la levantada de la sesión celebrada por la Junta Directiva el día 2 del corriente mes y del acuerdo que resulta, entre otros particulares, el punto 2º de la misma aparece el que copiado a la letra dice como sigue: Punto Segundo: El señor Presidente Don Francisco Vicente Montero dio cuenta de las negociaciones practicadas para la adquisición por la Compañía de la lancha de vapor Mary, de la propiedad de don Guillermo Lombard Damonte”.

Guillermo Lombard, era súbdito británico y vecino de Gibraltar, pero con residencia en Algeciras -calle San Nicolás (Villa Patricio), estando al igual que el resto de su familia muy vinculado con nuestra ciudad. Era hijo de María Nicolás Damonte y de Luis Lombard Baglietto. 

De regreso al documento consultado del libro de actas de la algecireña Compañía de Vapores Sud de España, esta recoge: “El señor Lombard, ha manifestado estar dispuesto a aceptar por aquella el precio de 5.500 pesetas, reducido ya a esta cantidad por virtud de las gestiones que cerca del mismo se han venido practicando, creyendo el referido señor Presidente que el expresado precio es en efecto conveniente y arreglado dado el estado de vida de la lancha y sobre todo la utilidad que puede proporcionar su adquisición a los demás servicios de la compañía, por razón de su pequeño tonelaje, escaso calado y fuerza de su maquinaria para el servicio de bahía a que no puede dedicarse los demás barcos conque la misma cuenta; todo lo que exponía para que la Junta resolviera lo que estimara más oportuno. Se procede a la adquisición por compra del mencionado vaporcito Mary, por dicho señor en representación de la Compañía, aceptando a tal efecto las escrituras que le otorguen y los documentos públicos y privados que fuesen necesarios, con su firma, usando de las facultades que para ello le confiere como tal presidente el artículo 14 de los Estatutos de la Compañía y abonando al vendedor en el acto o a plazos, tal como lo estipule el precio de la compra o antes del otorgamiento de aquellos si lo considerase más oportuno, procediendo luego a todo lo que haya lugar hasta ultimar el abanderamiento del mencionado barco y su inscripción en la matrícula y su inscripción en la matricula de este Puerto a nombre de la Compañía. Y para que conste expido y firmo la presente en Algeciras a 7 de Febrero de 1907. Fdº Francisco Orellana. Secretario”.

(Continuará)

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios