Algeciras

¡El Pandero!

  • Un espectáculo de Juanita Reina en Sevilla inspiró al alcalde de Algeciras José Gázquez para erigir el recordado pandero de la Feria de 1945

El Pandero, con la portada de la Feria Real al fondo, en la tarde de ayer. El Pandero, con la portada de la Feria Real al fondo, en la  tarde de ayer.

El Pandero, con la portada de la Feria Real al fondo, en la tarde de ayer. / Jorge del Águila

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A mi calle, la calle Ancha, todos los días de Feria, a las seis de la mañana, la regaban. Y después pasaba la banda de Música militar con su director, don Justo Sansalvador Cortés. Una larga reata de burritos ligeros con sus serones cargados de lo que sobraba en las casas -que era bien poco- lo llevaban, con su arriero al frente y lo esparcían por las ricas huertas del Acebuchal. Allí renacidos, nos lo devolvían como el milagro de los panes y los peces, mil por uno. Hoy quiero contarles cómo cómo viví, o vivimos los niños de Algeciras aquel majestuoso espectáculo de La Feria de 1945, ¡la del Pandero!, mientras en la civilizada Europa hace solo 73 años se mataban inmisericorde por sus fronteras, dejando en sus campos a millones de jóvenes muertos.

Esta historia de Feria me la contó un día mi querido amigo Pepe Gázquez, rutilante estrella europea del atletismo de los sesenta, después fotógrafo muy cotizado. Su padre, don José Gázquez Morales, fue alcalde de Algeciras desde 1940 a 1945, una personalidad querida de los algecireños. Estando en Sevilla para resolver asuntos de su gobierno, una tarde de asueto acudió al teatro. Anunciaban a una joven, Juanita Reina. Uno de los decorados de aquel día fue una gran pandereta pintada y rota por la que entró al escenario la artista sevillana. Y a don José Gázquez se le encendió una lucecita. De vuelta, sin pausa, llamó a Domingo Infante, algecireño y fino cartelista, que tenía su taller en el barrio de San Isidro. El alcalde le hizo un dibujo de lo que vio y quería para su Feria de 1945. Domingo lo diseñó y se levantó sobre siete escalones de piedra de mármol blanco un sorprendente y gigantesco pandero. Fue la estrella de la Feria, centro de atención de la prensa de España, hasta el punto de que el Abc lo sacó ese año en su portada, algo excepcional.

Yo tenía 7 años, vivía con mis padres y dos hermanas, Antoñita y Maruja Torés, entre el Café Piñero y la Comandancia de la Guardia Civil. Con los ojos abiertos como platos, veía nacer y elevarse día a día aquel gigantesco pandero en la mismita puerta de mi casa. Mis amigos de entonces eran niños de la calle Sevilla: Trujillo, Manolito Arqués, Leonardo El Illa, Ricardito Carretero, Paquichi (un malabarista con una pelota de trapo en los pies), Paquito Alcalde, que llegaría a ser ídem de Algeciras, y Juanito Hidalgo, al que en la escuela de don Juan Hoyos le teníamos inquina infantil porque era el que mejor dividía por tres. Y la señorita María Dolores García, guapísima, quien en la estrechez de las bancas nos leía poesías escritas por ella y bonitas historias.

Aquella troupe de pequeños gamberros pasábamos horas atravesando el boquete del pandero. A veces, los caballistas también lo hacían llevando a la grupa bellas mocitas. Mi padre me compraba siempre un bastón de colores y un reloj que no funcionaba porque era de cartón. Mi madre me peinaba a la raya y me vestía para la Feria: pantalón corto fresquito, camisa blanca y zapatos blancos de la tienda de Manzanete, repintados de blanco Búfalo. Yo, con el duro que me daban, me compraba un sombrero cordobés de dos pesetas que también era de cartón y subía corriendo a la Perseverancia por ver el ambiente tan grande que había por los toros ese año.

Tres grandes corridas, la Feria era del 9 al 17 de junio. Vinieron a torear los más grandes, como siempre fue. Así se lo oía decir a mi padre, quien como buen manoletista sabía mucho de esto. Pepe Bienvenida dos tardes, Pepe Luis Vázquez dos tardes, Arruza dos tardes, Luis Miguel Dominguín, Fermín Rivera, El Choni y Álvaro Domecq rejoneando en la del 17. Pero el mayor espectáculo de los toros, además gratis, era ver salir a la gente de la Perseverancia, Calvario abajo. Las familias sentadas, mi madre también lo hacía, al fresco, en las puertas de sus casas. Era la bulla, el color, el sabor de la Feria que la teníamos dentro de casa y aquel pandero que lo dominaba todo. Por él entraba y salía toda la alegría de la Feria que hemos ido perdiendo con los años.

Otro buen alcalde de Algeciras, don Juan Antonio Palacios Escobar, el 16 de junio de 2004, reinventó el monumento de esta bonita historia e inauguró para los algecireños una réplica de aquel pandero que preside ya desde hace 14 años nuestra Feria Real.

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