Patrimonio

AEPA revindica la recuperación de la antigua Ballenera de Algeciras como museo

La Ballenera de Algeciras, en Getares, en 1921.

La Ballenera de Algeciras, en Getares, en 1921.

Algeciras tiene pasado industrial ballenero. En Getares operó a partir de 1921 la primera factoría de despiece de ballenas y cachalotes que existió en España, y una de las más completas. La Asociación de Emprendedores del Patrimonio de Algeciras (AEPA) reclama la recuperación de los edificios que cobijaron esa actividad, que todavía se mantienen en pie en este espacio de la ensenada de Getares. Defienden la idea de contar con un museo o un centro de interpretación, que permita que no se pierda la memoria de una parte valiosa del patrimonio pesquero y empresarial algecireño.

"Nosotros siempre estamos pendientes del patrimonio, de conservarlo o recuperarlo. Al ser la primera ballenera que se construyó en España, da mucha pena ver abandonada una factoría que fue tan importante. Nos parece que es un sitio para la memoria", afirma Juan Barreno, miembro de AEPA y uno de los principales impulsores de la iniciativa de recuperación. Los datos que tiene la asociación es que los terrenos dónde se asientan los restos de la ballenera son de propiedad privada, en la actualidad, y por tanto es quien tendría un derecho preferente a la hora de decidir qué hacer.

Han comprobado que el director del Parque Natural del Estrecho, Jorge Serradilla, que es de Algeciras, ha acogido la idea de manera muy favorable. De hecho, ya había iniciado algunos trámites en esa dirección antes de recibir la visita de AEPA. A partir de la decisión privada, dentro de lo que permitan la leyes por la ubicación de la antigua planta, en línea de costa, esperan la implicación de instituciones como el Ayuntamiento o la Autoridad Portuaria Bahía de Algeciras.

"Llevamos tiempo reclamando esto", añade Barreno. "En las últimas fechas hemos recibido un empujón del autor de Chimán, Álex Aguilar, que se ha mostrado totalmente a favor de apoyar nuestra reclamación. Él mismo nos ha sorprendido cuando nos ha dicho que suele visitar la zona de la ballenera cuando viene por Algeciras, y le da pena ver cómo está”.

Estado actual de la ballenera de Algeciras. Estado actual de la ballenera de Algeciras.

Estado actual de la ballenera de Algeciras. / Erasmo Fenoy

Sobre la ballenera de Algeciras han estudiado y escrito historiadores como el algecireño Antonio Torremocha, y expertos de la Fundación Migres, entre otros. Chimán, publicada en 2013 por la Universidad de Barcelona, es, sin embargo, el fruto de un análisis completo sobre la historia de la pesca ballenera moderna en el Península Ibérica, historia en la que Algeciras ocupa lugar muy destacado. Álex Aguilar, su autor, es catedrático de Biología.

Aceites, guano, avecrem

Tal como detalla Aguilar, la factoría algecireña tuvo dos épocas. La primera, entre 1921 y 1927, fue la más productiva. En esos seis años se procesaron en Algeciras 3.610 ballenas y 352 cachalotes. La segunda época, que comenzó en 1950, fue mucho menos productiva. Entonces se despiezaron, a lo largo de diez años, 291 ballenas y 372 cachalotes.

El comienzo de la industria ballenera en Algeciras fue fruto del azar, y también pudiera decirse por los vientos de levante. El noruego Carl Herlofson, propietario de una pequeña empresa ballenera, la Harponen, que tenía una factoría en la isla escocesa de Harris, en las Hébridas Exteriores, tuvo que recalar en Gibraltar y comprobó la excepcional abundancia de rorcuales comunes en aguas del Estrecho. Es muy posible que se sintiera más cómodo en la colonia británica, pero construyó la factoría en Algeciras porque podía y tenía que estar más alejada de núcleos de población.

La productividad en Algeciras fue tanta en aquella época inicial, con la Compañía Ballenera Española, que financió la construcción de su homónima en Galicia, la de Caneliñas, más grande y que trabajó durante más tiempo que la algecireña. Sus instalaciones se reconvirtieron al uso hostelero cuando cesó la explotación ballenera. Por esta razón hoy se conserva, contrariamente al caso algecireño.

La primera ballena despiezada en Getares fue un rorcual común de 24 metros de longitud y 50 toneladas de peso, capturado entre Tarifa y Tánger, y a solo 15 millas de distancia de la factoría de Algeciras. La planta de Getares reportó muchas ganancias a los noruegos por el fruto de la pesca, que no solo fueron aceites, guano (abono mineral) y carne. A mitad de temporada de 1925, al abrir en la planta algecireña la panza de un cachalote, apareció un bloque de ámbar gris que pesó 138 kilogramos. Herlofson ocultó el hallazgo y se lo confió a su sobrina Elizabeth Sandberg, que sin saber lo que transportaba, lo llevó a Londres. En el banco donde lo depositó supo su valor: cerca de medio millón de pesetas de la época, que salvaron de la bancarrota a la empresa, según se explica en Chimán.

De una pieza capturada se extraían muchos productos. La grasa producía aceite de primera calidad; los huesos y la musculatura rendían aceite de segunda calidad; las vísceras y la carne o la grasa en mal estado de conservación solo servían para producir aceite de tercera calidad. También se extraía guano, y en los denominados trommels (tambor giratorio con una pantalla que permite que el material fino caiga mientras retiene los materiales más grandes) se producían las harinas. Las barbas se limpiaban en unas piletas y el producto final solo se comercializó en los primeros años de funcionamiento de la factoría.

Un zoólogo catalán, Ascensi Codina, dejó escrita una curiosa experiencia vivida en Getares, en 1921: "La operación es sencilla y generosa. Nada de balanzas. Uno se acerca y dice: deme ballena. Un empleado va con él y de la parte de la cola hace cuatro incisiones en cuadro con una pala de lados afilados, levanta el trozo cortado, de unos diez kilogramos o más, y lo pone en el cesto del que lo pide. No se gratifica en nada, ni una propina, solo las gracias, a veces, y luego ligero hacia casita". Este testimonio deja prueba de lo que también era tradición en la lonja pesquera algecireña en sus mejores momentos, con el fenómeno de los cuberos que recogían piezas sueltas de pescados, que se habían caído de las cajas llenas que sacaban de los barcos.

Marca algecireña

En su segunda época, en la factoría algecireña tenían empleo algo más de setenta trabajadores, de los cuales la mitad fueron mujeres. La empresa estaba financiada por un malagueño, José López Gutiérrez, y un algecireño, José Soriano Erlés, a quien se sumaría en la gerencia otro paisano, Antonio Vera. No obstante, apenas se generó relación comercial de productos de la ballena con empresas de zona. Si existe constancia de colocar algunos cargamentos de guano a la firma algecireña de José Nieto, en Algeciras. El grueso de la producción se exportó, según los datos aportados por Álex Aguilar.

La ballenera, en 2019 La ballenera, en 2019

La ballenera, en 2019 / Erasmo Fenoy (Algeciras)

Entonces, la comercialización del aceite se hizo en el mercado nacional y fue relativamente fácil. El destino era un uso industrial o como manufactura alimentaria, como el avecrem de Gallina Blanca, por citar un ejemplo. En 1953, la Industrial Marítima de Ceuta y López Gutiérrez de Getares vendían la carne en los mercados de Madrid a 12 pesetas el kilo, mientras que la empresa IBSA lo hacía en Barcelona, Valencia y Zaragoza a 17 pesetas el kilo. Los bajos aranceles aplicados a la importación de aceites noruegos y británicos, principalmente, están entre las razones del cierre de la factoría de Getares en su segunda época.

Las tripulaciones ponían motes a sus capturas por sus dimensiones, ya fuera Jonás o Moby Dick. Esta última tenía 20 metros de longitud y 60 toneladas de peso, y fue capturada en el Estrecho de Gibraltar el 14 de abril de 1954 por Manuel Rico, entonces arponero del barco Antoñito Vera.

Hoy se vislumbran, desde el mar o desde el camino al faro de Punta Carnero, los restos todavía erguidos pero muy maltratados por el olvido y el descuido de una actividad laboral y empresarial que dio muchos frutos, en un paisaje donde también hay demostraciones geológicas singulares como los flysch, una muestra de millones de años de una tierra que decidió retroceder. Este espacio diverso y atractivo es parte sustancial del pasado de Algeciras, memoria que AEPA, como otros muchos ciudadanos, no quiere que se pierda.

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