Antonio Madreles. cantaor

"Tengo edad para haber hecho siete carreras y no terminé ni la primera, el flamenco"

  • El artista flamenco de Algeciras reflexiona al borde de cumplir medio siglo de trayectoria artística

Antonio Madreles posa en la Plaza Alta de Algeciras. Antonio Madreles posa en la Plaza Alta de Algeciras.

Antonio Madreles posa en la Plaza Alta de Algeciras. / erasmo fenoy

El cantaor Antonio Madreles (Algeciras, 1949) es en sí mismo una parte muy importante de la historia del flamenco en su ciudad natal. Ligado largo tiempo a la Sociedad del Cante Grande y uno de los referentes amistosos que Paco de Lucía buscaba en cada regreso a sus escenarios de infancia, Madreles nunca jamás ha querido arrimarse al poder para buscar contratos. Su ejecutoria se caracteriza por la amplitud en el dominio de registros. Ganó la Palma de plata de 1992, cuando este certamen aún tenía formato de concurso. Canta y ha cantado siempre prácticamente todos los palos y su voz y sentir conservan una seriedad y profundidad apabullantes. Este flamenco, que tiene hace décadas una calle con su nombre en el barrio de La Juliana, simboliza la falta de consideración y tacto con la que muchas veces es tratada esta música y quienes la hacen. De ahí que sus recitales escaseen y pese a que, como queda claro, sea de los últimos representantes de este arte hechos a sí mismos en el siglo XX. Hablar con él es una clase de flamenco. En toda regla.

-¿Y ahora? ¿Cómo es el cante de Antonio Madreles?

-Pues mira, creo que estoy en mi mejor momento aunque esté feo que yo lo diga. Décadas atrás he vivido mucho los tablaos, la noche. El flamenco es así y eso te quema mucho. Se vive el ambiente, están las copas, fumaba mucho. Ahora es diferente, me cuido más. Hay una madurez y, encima, uno ha ganado sobre todo en conocimiento.

-Empiezan a quedar lejos sus orígenes, Antonio.

-Sí, mi padre, Agustín Madreles, era un cantaor de aquí de Algeciras que no sé si llegó a ser directivo incluso de la Sociedad del Cante Grande pero desde luego sí uno de los socios fundadores. Eran los tiempos de Antonio Rubio y Tío Evaristo. Él conocía a todo el mundo y me presentaba a los artistas: Juanito Valderrama, Pepe Marchena… La guerra le pilló en Sevilla, donde llegó a estar con la Niña de los Peines y Pepe Pinto en La Campana…

-Le imagino como un niño aprendiendo a diario.

-Eso es, de niño era una esponja que hacía compás y veía los espectáculos de Marchena y Niño Ricardo. Iba a la sala de fiestas de Berrenchina -la gente más mayor de Algeciras sabrá de lo que hablo- y en 1968, en el teatro Álvarez Quintero de Sevilla, me saqué el carnet de artista. Aquello era importante, porque se sabía el grado que tenías por un jurado que te lo daba o no. Recuerdo que me tocó cantar por alegrías y seguiriyas. Era un método que hoy vendría muy bien ante tanta gente a la que falta humildad y que quiere correr demasiado, cuando esto es algo que lleva muchos años.

-¿Cuál es el cantaor o cantaora que más han emocionado a Antonio Madreles?

-No me gustaría concretar ninguno porque he aprendido tanto de mucha gente que… Hay cosas que me han llegado de unos y de otros. Obviamente hay que aprender, pero esforzándote por dar tu sentimiento, tu emotividad. Debes tener sello propio, que suenes a ti.

-¿Y con la guitarra?

-Lo mismo. Ha habido tantos…

-Tuvo relación con Paco de Lucía.

-Muchísima. Fuimos íntimos amigos, nos hemos criado juntos hasta que se fue con su familia a Madrid. Él era dos años mayor. Cada vez que volvía yo estaba entre las seis o siete personas que estábamos con Paco y hasta me preguntaba mi opinión de sus discos que iban saliendo. Eso te da una muestra de la humildad tan grande que tenía.

-Confiaba en lo que usted sabía de esto.

-Es que a poco que sepas eres consciente también de que hay mucho desconocimiento. El flamenco es una de las carreras más difíciles que hay, sin duda. Yo tengo edad para haberme dado tiempo a estudiar siete u ocho y no he terminado ni la primera, que es el flamenco.

-Gitanos-payos, clásicos-modernos…

-El cante es saber cantar. Y conocer bien la música para poder interpretarla. También está la actitud y la predisposición, claro. Yo me he visto en manos a manos aquí en Algeciras con El Angoli al que nos han llevado a los dos engañados porque si no nos metemos en eso. Ambos hemos demostrado en esos encuentros que sabíamos lo que hacíamos.

-¿Qué echa de menos del flamenco de antes?

-La diversidad de cantes tan grande e importante que se hacía. El flamenco de hoy está muy minimizado y reducido, con el riesgo que eso tiene de que haya palos que finamente, por no recurrirse a ellos, se pierdan.

-¿La soleá es su cante favorito?

-Yo creo que sí. Es el gran palo del flamenco. Una soleá es como el toreo, hay que llevarla, mecerla, tiene una musicalidad especial que lo reúne todo y saber cantarla bien es el gran reto.

-Sus cantes están en dos discos.

-Sí, el primero de ellos se llamó Improvisando y lo grabamos en 1980. Luego formé parte de aquella serie en vinilo tan importante que hizo la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar a principios de los noventa, en la que aparecemos Canela de San Roque, Paqui Lara, Juan Delgado, Tío Mollino y yo mismo.

-¿El flamenco es una cultura que sufre desconsideración?

-Depende del lugar. Hay muchos sitios donde aún es verdad que no está suficientemente valorada. Le pongo un ejemplo: hace muchísimo que planteé un proyecto de escuela de cante, porque el cante se puede enseñar independientemente del alma y la vivencia que luego sea capaz de ponerle cada uno. Ni caso.

-Pero y entonces… ¿Cómo enganchamos a la juventud?

-Muy fácil. Con el flamenco en vivo, que no tiene nada que ver ni con el que se escucha en discos o se puede ver por la TV. Hace cuarenta años estuvimos por los colegios e institutos gente como Pepe Vargas, Luis Soler, Antonio Rubio y yo mismo dando conferencias que acompañábamos con cante. Eso hace muchísimo que no se lleva a cabo. Yo he reivindicado bastante que deberíamos tener una asignatura formalizada de flamenco en los colegios, que tampoco se ha hecho realidad. Esta labor de mostrar el cante en vivo a modo de enseñanza y difusión la ha trabajado últimamente algo el Instituto Cervantes, pero poco más.

-¿Madreles ha sido un cantaor mairenista?

-Me ha gustado mucho Antonio Mairena, pero no he sido mairenista. He seguido a todos los cantaores, intentando hacerlo con humildad, buscando el sabor y la vivencia. Hay que tener en cuenta que los artistas flamencos de mi época hemos bregado con la dificultad de que esta música ha estado mal vista por parte de ciertos sectores sociales durante mucho tiempo y hasta hace relativamente poco. En esa etapa horrorizaba el flamenco. Yo me he movido por todos lados y a medida que uno se acercaba subía en el mapa ya la cosa iba cambiando.

-Usted tiene una Palma de plata de la Sociedad del Cante Grande de cuando esta cita era concurso y la recibe honoríficamente Pepe Vargas.

-Merecidísima para mi gran amigo Pepe Vargas. Ha hecho mucho por el flamenco. Lo conozco desde su regreso de Caracas e hicimos muchas cosas juntos. Bastantes veces no valoramos a la persona que tenemos al lado porque estamos acostumbrados a que esté y haga las cosas como las hace, pero Pepe es muy importante para esta cultura y esta música. Mi enhorabuena.

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