La diálisis domiciliaria se abre paso como vía para ganar calidad de vida

Día mundial del riñón

La diálisis peritoneal en casa permite ajustar el tratamiento a la vida cotidiana, evita desplazamientos y mejora el día a día

Especialistas y pacientes piden mejorar su acceso con más información y equidad

Mario Sánchez, vicepresidente de ALCER Giralda, lleva siete años en diálisis peritoneal y antes pasó por hemodilálisis.
Mario Sánchez, vicepresidente de ALCER Giralda, lleva siete años en diálisis peritoneal y antes pasó por hemodilálisis. / Archivo

La diálisis peritoneal domiciliaria ha dejado de ser una opción residual para convertirse en una alternativa cada vez más valorada por nefrólogos y pacientes. No sirve para todos los perfiles ni sustituye a otros tratamientos, pero ofrece ventajas clínicas, autonomía personal y cierto alivio en la vida diaria de quienes dependen de una terapia renal sustitutiva.

Cuando la enfermedad renal crónica llega a una fase avanzada, el riñón pierde tanta función que el organismo ya no puede mantenerse por sí solo. En ese momento hay que sustituir esa función. La mejor opción es el trasplante renal, pero no siempre es posible de entrada. Ahí entra en juego la diálisis peritoneal, una técnica que utiliza el peritoneo (la membrana del abdomen) como filtro biológico.

La presidenta de la Sociedad Andaluza de Nefrología, la Dra. María José Espigares, explica que el procedimiento consiste en introducir líquido en el abdomen, dejarlo actuar y drenarlo después cargado con las sustancias que el riñón ya no puede eliminar. Ese intercambio puede hacerse manualmente o mediante una cicladora nocturna. “El paciente se conecta cuando se va a la cama y, mientras duerme, el sistema realiza varios ciclos de infusión y drenaje. Por la mañana se desconecta y hace su vida normal”.

Detrás de esa explicación hay una idea sencilla: el tratamiento se integra mejor en la rutina del paciente. Espigares destaca que esta modalidad “aporta autonomía de horarios y de organización”, hasta el punto de que muchos pacientes en diálisis peritoneal siguen trabajando. A su juicio, además, es un sistema más fisiológico que la hemodiálisis en centro.

La Dra. Mª José Espigares preside la Sociedad Andaluza de Nefrología.
La Dra. Mª José Espigares preside la Sociedad Andaluza de Nefrología. / M.G.

Mario Sánchez, paciente y vicepresidente de Alcer Giralda, lo explica desde la experiencia. Lleva siete años en diálisis peritoneal y antes pasó por hemodiálisis. “Yo siempre les animo a que cojan la diálisis domiciliaria por varios motivos. Pero el principal es porque tú adaptas el tratamiento a tu vida y no tu vida al tratamiento”. En su relato, la diferencia se nota en aspectos como ajustar la hora de conexión y reducir la dependencia de horarios fijos.

También subraya la diferencia física entre ambas modalidades. “Es mucho más parecido a lo que hace un riñón que no hacer en cuatro horas lo que tu riñón hace en 48 o en 72, que supone un golpetazo a todo tu organismo”. A eso añade otra ventaja clave: evitar desplazamientos al centro de diálisis, lo que ahorra muchas horas de trayecto.

La opción domiciliaria requiere aprendizaje, capacidad para asumir un autotratamiento y unas condiciones personales o familiares adecuadas. “No todo el mundo lo puede hacer”, reconoce Sánchez. Por eso, la información previa resulta decisiva. Espigares insiste en que “difícilmente se puede elegir algo que no se conoce”. A Alcer Giralda, explica Sánchez, muchos pacientes llegan buscando apoyo psicológico, social o nutricional y la experiencia de otras personas que han pasado por lo mismo.

Variabilidad según provincias y comunidades autónomas

Andalucía se sitúa en torno al 17,6% de uso de diálisis peritoneal en pacientes con enfermedad renal crónica, según expone la presidenta de la SAN, una cifra en la media española y que presenta cierta variabilidad según provincias y comunidades autónomas. El reto, según la Dra. Espigares, no es solo crecer, sino hacerlo con equidad y equipos adecuados. Así, destaca el rol de la enfermería, que no solo participa en la educación sanitaria y técnica, sino que ayuda a resolver dudas, valorar capacidades y acompañar en el proceso. De ahí que defienda “un mayor reconocimiento de estas profesionales como enfermeras de práctica avanzada”.

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