Tribuna

lUIS hURTADO gONZÁLEZ

El nuevo reglamento taurino

Años hace que se aboga por la supresión de los reglamentos regionales y la vuelta a una regulación nacional de la Fiesta, al menos en sus aspectos esenciales

El nuevo reglamento taurino

El nuevo reglamento taurino / rosell

Ya ha dado a conocer el BOJA el proyecto de nuevo Reglamento taurino de Andalucía. Como cualquiera otra, esta futura norma se presta a estudio y crítica desde varios puntos de vista. Pero a mí, desde el primer momento, me atrajo particularmente uno, el cual expresaré de modo rápido y directo con una pregunta: ¿por qué o para qué ese nuevo Reglamento? Y es que, a diferencia de esos tantos otros ámbitos en los que hay una auténtica demanda social o técnica del dictado o modificación de una normativa (qué digo, los pisos turísticos), esto de un nuevo Reglamento taurino no lo ha pedido nadie, ni expertos, ni aficionados, ni asociaciones. Más bien al contrario: años hace que se aboga por la supresión de los reglamentos regionales y la vuelta a una regulación nacional de la Fiesta, al menos en sus aspectos esenciales (los útiles de la lidia, los reconocimientos, los tercios…), conforme a su consideración legal de Patrimonio Cultural de España, manteniendo las Comunidades, desde luego, la posibilidad de reglamentar sólo lo que, en rigor, entra en su competencia “espectáculos”: la policía administrativa del festejo (el transporte de reses, la clasificación de las plazas, la seguridad de los espectadores, sus derechos, la reventa, la ocupación del callejón, etc.). Entonces, si ésta es la demanda social ¿por qué y para qué el Gobierno de la Junta se ha propuesto un nuevo Reglamento? Siguiendo su mala costumbre, los políticos o, incluso, los juristas más formalistas responderán echando mano, simplemente, del preámbulo explicativo del propio texto que se va a aprobar. Que, como es natural, dice lo de siempre: que si “adecuar la normativa”, que si “modernizar y actualizar” la fiesta, que si “hacerla más acorde con la realidad”, que si… bla, bla, bla. Humo, en definitiva. Por tanto, para llegar a la verdad sólo cabe poner sobre la mesa las novedades que se quieren introducir (es decir, los aspectos importantes de la Fiesta que antes se regulaban de un modo y que ahora van a serlo de otro). Y contarlas. Contarlas, sí. El número es fundamental para saber de qué va esto, ya que si los cambios son pocos (yo cuento cuatro), en vez de hacer todo un reglamento ¿por qué no modificar, simplemente, los cuatro artículos afectados? Respondo ya: porque de este modo, desnudos, los motivos de los cambios quedarían inmediatamente al descubierto, mientras que con la redacción de todo un Reglamento se crea la ocasión para meterlos de soslayo. Siendo ésta la función real del texto en su conjunto, viene ahora la pregunta clave: ¿en qué dirección van esas pocas innovaciones? ¿son “puristas” o son “flexibilizadoras”? Veamos. La primera novedad atañe al sorteo de las reses. Y lo que ahora se dispone es que puede no hacerse en varios casos. ¿Quién quiere esto y a quién beneficia? Pues parece claro que a los toreros (o, mejor, a las llamadas “figuras”), que llevan tiempo intentando que los toros a lidiar no sean los que les toquen en suerte, sino los de su elección. Segunda innovación: se crea un Registro de presidentes. De modo que en lugar de regular las designaciones de una manera decente (conforme a los principios de publicidad, igualdad, mérito y capacidad), el asunto se deja tal cual está (al capricho de los delegados del Gobierno), maquillándose con ese Registro que, según simple sentido común, nada de justicia y transparencia puede aportar y que, en realidad, apunta a fosilizar la nómina de los presidentes que ya están. Así que lo que se busca con esta novedad es mantener el “cortijo”, tanto para el que nombra, como para el que ya está nombrado. Tercer cambio: qué pasa si del cartel de la corrida se cae uno de los espadas anunciados. Hasta el momento, la empresa venía obligada a devolver el importe del billete. Ya no, ahora le basta con sustituirlo por otro torero de la categoría. Es decir, se suprime el derecho del espectador a la devolución, con lo que queda claro a quién quiere beneficiar el “nuevo Reglamento”. Y, por último, se desregulan los útiles de la lidia: desaparecen de la norma la lista y características de las puyas, banderillas, etc. Para que cada profesional no esté sujeto ya a útiles homologados y pueda utilizar los que le plazca. En fin, creo demostrado que, metiéndose en esto, el Gobierno de la Junta simplemente está haciendo de “agradaor” de los sectores y sujetos que parecen tener hilo directo con él. La pureza e integridad de la Fiesta importa, pues, realmente poco. A uno y a otros.

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