EDITORIAL
El principio de la fuerza
El mundo ha entrado en una peligrosa fase en la que las relaciones internacionales han pasado a estar presididas por el principio de la fuerza y por la falta de reglas. La incursión militar de los Estados Unidos en Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro y para hacerse con el control de su petróleo es un hecho que muestra cómo va a ser ese nuevo orden. A él su unen las amenazas de Donald Trump contra Dinamarca por el control de Groenlandia y las que ha proferido contra otros países del continente americano como Cuba o Colombia. Tan significativo como lo anterior es el hecho de que tanto Rusia como China, las otras grandes potencias dispuestas a repartirse el mundo, parecen haber aceptado esta política de hechos consumados sin grandes aspavientos. Ello parece indicar que existe una situación de hecho en la que esas tres naciones consideran que cada una tiene su respectiva zona de influencia donde su voluntad se puede imponer y que, como consecuencia de ello, los posibles conflictos vendrían por la actuación de una potencia en la zona de otra. En Venezuela, Trump ha dejado claro que uno de sus objetivos fundamentales era eliminar la presencia creciente de China en Latinoamérica. Dentro de esta nueva configuración de las relaciones internacionales las mayores perdedoras son Europa y las grandes instituciones que garantizaban el orden surgido de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y del final de la Guerra Fría. Europa porque ha visto disminuir su influencia tras haber estado durante siglos en el centro de la escena mundial. En las grandes instituciones internacionales porque en la práctica han perdido mucho de su sentido. Es el caso de la ONU, de la Alianza Atlántica o incluso del proyecto de integración que representa la Unión Europea. La situación, como se ha visto estas semanas, evoluciona en una tendencia que la hace cada vez más inestable y peligrosa.
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