Lecciones españolas de unas elecciones europeas

Las elecciones europeas reflejan un voto de castigo a Pedro Sánchez, que estará el resto de la legislatura en una posición más debilitada

Las elecciones europeas del domingo no pueden considerarse, como pretendió el PP durante la campaña, un plebiscito sobre la figura de Pedro Sánchez. Si se hubiera producido una derrota del presidente del Gobierno en el entorno de los diez puntos, sí estaría claro que las medidas adoptadas tras el 23 de julio del año pasado, incluida la amnistía, y las sombras de irregularidades diversas que se han cernido sobre él merecían un duro reproche social y la legislatura estaría finiquitada. No ha sido así, aunque los resultados dibujan un panorama del que se pueden extraer varias lecciones. La más importante de ellas es que se ha producido un voto de castigo al Gobierno que se traduce en cuatro puntos porcentuales, dos escaños y más de setecientos mil votos a favor del PP. No ha sido el triunfo resonante al que aspiraba Alberto Núñez Feijóo, pero sí muestra que la figura de Sánchez se debilita mientras que la de su rival se fortalece. Le espera al inquilino de La Moncloa un camino tortuoso en los próximos meses que, en buena medida, estará determinado por lo que ocurra en Cataluña. La segunda lección que anotar es que ni Sumar ni Yolanda Díaz serán en el futuro la muleta en la que se pueda apoyar Sánchez para consolidar coaliciones que le garanticen estabilidad. Sumar es ya un fracaso político con muy difícil reconstrucción. También el resto de los socios parlamentarios ven debilitadas sus posiciones. Así las cosas, al presidente del Gobierno no le queda otro camino que prolongar la legislatura lo más posible a la espera de mejores tiempos para él. Los próximos meses no lo va a tener fácil. Tiene demasiados frentes abiertos, incluida la investigación penal a su esposa, relaciones difíciles con sus socios y una oposición fortalecida que espera su oportunidad para asaltar el poder. Pedro Sánchez tendrá que hacer uso de toda su capacidad de resiliencia y Feijóo está obligado a evitar los errores en los que cae con facilidad. Las elecciones europeas han abierto la política española a una situación más clara, pero igual de complicada.

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