Hans Christian Andersen fue el autor de El traje del emperador un cuento que narra la historia de un rey tonto y presumido al que unos estafadores ofrecieron vestir con la tela más suave y delicada que pudiera imaginarse.

La prenda tenía además la especial capacidad de ser invisible para los estúpidos y los ineptos. Por supuesto, no había traje alguno, los pícaros simulaban trabajar en su confección quedándose con los ricos materiales que solicitaban a tal fin. Nadie, ni siquiera el propio rey, era capaz de reconocer que no veía la nueva indumentaria a riesgo de quedar como un imbécil. El monarca decidió estrenarla en un desfile para el que los timadores simularon engalanarlo con la inexistente prenda. Toda la gente alabó el traje temeroso de que sus vecinos se diesen cuenta de que no podían verlo. Finalmente, un niño reveló la verdad: “¡Pero si va desnudo!”.

Parecido papel al de esa criatura que, en su ingenuidad, puso en evidencia la estupidez del rey y de sus súbditos, cabe atribuírsele al ciudadano uruguayo que, residiendo ahora en España, mostraba a través de las redes sociales su asombro ante el número –y el trabajo– de nuestros representantes políticos. Este cándido charrúa se sorprendía… ¡de que España tuviese 266 senadores y, además que se rodeasen de secretarios, asesores y subalternos varios. Imagino que le dará un patatús cuando alguien le complete la información diciéndole que los españoles “disfrutamos” de más de 400.000 políticos en activo entre diputados, senadores, miembros de parlamentos autonómicos, diputaciones, mancomunidades, concejales, cargos de confianza, empresas públicas… Aunque parezca increíble en este país hay más cargos políticos que médicos, policías y bomberos juntos.

En Europa, el segundo estado con mayor número de políticos es Italia (la mitad que nosotros con 20 millones más de habitantes) y, por ejemplo, Alemania, un país federal con 16 “länder”, tiene poco más de 100.000 para sus 84 millones de habitantes. Con todo, lo que más parecía desconcertar al hermano iberoamericano era el hecho de que estos políticos elegidos por el pueblo “votan en bloque”, esto es, que exista de facto el mandato de voto imperativo. “Da igual que sean 266, 3000 o 4” -razona el tuitero- bastaría con instaurar el voto ponderado para ahorrarnos la fortuna que suponen sus sueldos y, quizás entonces pudiésemos dedicar nuestros impuestos a otras cosas (v.g. dotar de lanchas a la Guardia Civil). Tienen que venir de fuera para decirnos que nuestra democracia es de chiste (está desnuda). No queremos reconocer que sus ficticios ropajes son un trampantojo y que en realidad somos unos imbéciles a los que les da vergüenza reconocer que llevan 40 años engañándonos. Aquí, como en el cuento, a pesar de oír el grito de que va desnudo… el rey sigue desfilando.

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