La colmena
Magdalena Trillo
Prohibir no basta
Hubo años, durante la dictadura, en los que muchas personas no querían ser empadronadas. Los motivos eran obvios: estar localizado era facilitar la persecución policial con la consiguiente entrada en prisión. Poco a poco, con la democracia, el padrón se ha convertido en un elemento clave no sé si de control o una necesidad que tienen las administraciones de saber a cuántos ciudadanos tienen que prestarles servicios. No lo tengo muy claro. Lo cierto es que el padrón se ha convertido en un elemento clave para saber que existes. Si no estás empadronado, no tienes derecho a todo lo que puede ofrecerte el municipio. Depende del municipio, porque algunos lamentablemente poco pueden ofrecer con los medios que poseen.
Se plantea ahora la regularización de 500.000 inmigrantes, ya era hora, y uno de los documentos que más se solicita es el padrón, además de los antecedentes penales, y otras pruebas que todavía no sabemos cuáles serán.
El padrón supone para muchas personas, en situación irregular, ser un ciudadano normal como los demás, pero hay una legislación que dice cómo y quién puede empadronarse. Con respecto a esta ley hay criterios muy diversos, desde los que entienden que la ley permite que cualquier persona que viva en un pueblo, en una ciudad, aunque esté durmiendo en la calle, o debajo de un chaparro, tiene derecho a ser empadronado.
Otros interpretan la legislación como una prohibición absoluta de empadronar a alguien que no esté en una vivienda. Aquí está el problema de la regularización. A muchos migrantes, aunque vivan en pisos alquilados, los dueños de las viviendas no les hacen padrón porque temen que Hacienda se pueda presentar. Son negocios ilegales y potentes, 300 euros por habitación y mes. Esto viene pasando hace años y nadie hace nada. Lo único que hemos hecho los que hemos podido ayudar es empadronarlos en casas y en las sedes de asociaciones. Estamos pagando nuestra solidaridad con denuncias y multas. La interpretación de este Gobierno es que se puede empadronar solo a quien viva en una vivienda.
Señoras, señores, aclárense de una puñetera vez. ¿Es posible, como dicen juristas muy conocidos, empadronar a alguien que esté en situación de calle? La legislación es tan amplia que da lugar a un conflicto permanente de interpretación. Yo solo digo que si un ser humano vive en la calle, debe poder acceder a los derechos básicos. Por tanto, es una obligación ética y moral de quien esté en el Gobierno facilitarle el empadronamiento. Así evitaremos otro negocio clandestino: comprar un padrón en el mercado negro cuesta mil euros.
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