Groenlandia, próxima estación

11 de enero 2026 - 03:09

También tiene Trump a Groenlandia en el punto de mira de su política colonial descarada, versión siglo XXI. Le gustaría rendirla a sus encantos de superpotencia o comprarla, pero no descarta tomarla por la fuerza. Le sería fácil: la mayor instalación militar en la isla es la base USA y Groenlandia tiene menos habitantes que Sanlúcar de Barrameda.

¿Por qué ambiciona el Líder Mundial del pelo anaranjado el dominio de una isla grande y despoblada del Ártico? Por pura aplicación de la neodoctrina Don-Roe (no se ubica en el patio trasero de Estados Unidos, es que está a un tiro de piedra), porque por ese mar circulan buques rusos y chinos sin pausa y con diversa condición y finalidad y porque en su vasto territorio hay gran riqueza de minerales de alto valor estratégico. Groenlandia lo tiene todo.

También presenta un inconveniente, no insalvable, para las apetencias imperiales del trumpismo: es un territorio autónomo perteneciente a Dinamarca y sus habitantes pretenden seguir viviendo dentro de Dinamarca, sin independizarse y sin pasar a formar parte de otro Estado. Y Dinamarca resulta ser miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y uno de los miembros más fieles, al nivel de Reino Unido o Países Bajos.

La cláusula quinta del Tratado fundacional de la OTAN establece que si un Estado miembro sufre un ataque armado todos los demás aliados se considerarán atacados y responderán a la agresión incluso con las armas. Es el principio de la defensa mutua (que sólo se activó una vez, cuando los atentados terroristas contra las Torres Gemelas). Ahora bien, ¿qué pasaría si es un socio el que agrede a otro socio? No se sabe. Como ha recordado Miguel Ángel Aguilar en su reciente relato sobre la muerte de Franco, habría que decir “No hay costumbre”. Un supuesto semejante solamente puede plantearse desde una mente tan calenturienta como la del actual inquilino de la Casa Blanca y en un mundo tan desregulado, salvaje y pirata como el que está llegando. Por si pueden evitarlo, los groenlandeses ya plantean ofrecer al gigante vecino más presencia militar en la isla, inversiones en sus riquezas minerales y ruptura con todo lo que huela a China y Rusia, que harán como Trump en sus propias zonas de influencia. La ley de la selva.

Si no hay acuerdo levemente satisfactorio entre USA y Dinamarca sino agresión, será el fin de la alianza. Epitafio: aquí murió la OTAN, víctima de su creador.

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