La fiebre

21 de enero 2025 - 03:06

Hace unos días leí por ahí una frase que me hizo pensar, algo así como que “la democracia es una anomalía histórica”. Y aunque quien la dijo me da a mí que iba por otros derroteros distintos a los míos, lo cierto es que nos hemos acostumbrado a ella como quien se ha acostumbrado a pegarle un pellizco a la pared y que se haga la luz o retorcer un pedacito de metal y que brote mágicamente agua de la nada.

Y sí, si analizamos la trayectoria de la democracia a lo largo de los miles de años de historia del ser humano, vemos que no deja de ser una recién nacida en un mundo de bestias del averno, que llevan milenios haciendo lo que mejor saben hacer: perpetuar su status a costa de lo que sea. A pesar de algunos atisbos en Grecia, Roma, o en la antigua India, hasta hace muy, muy poco, los inicios de la democracia consistían en limitar mínimamente el poder de otros estamentos (casi siemprela monarquía) más que en un gobierno del pueblo.

Esa limitación acabó derivando en el germen de lo que debería de ser de verdad, una forma de gobierno con separación de poderes, donde la mayoría del pueblo eligiera a quien quería para que los gobernara y, como consecuencia inevitable, un sistema con derechos. Esos derechos, a lo largo del siglo XX fueron plasmándose y siendo algo habitual, al menos en unas declaraciones pomposas en las que gobernantes de todo el mundo ratificaban lo que luego se pasabanpor el forro a las primeras de cambio. Y esos derechos tienen su origen en los regímenes democráticos, no en los monárquicos, dictatoriales o en los teocráticos, no nos engañemos.

Así, en Occidente hemos acabado creyéndonos que los niños no deben trabajar (salvo en otros países muy, muy lejanos), que tenemos derecho a tiempo de descanso, a un salario digno y hasta a votar y todo, que podemos tener propiedad privada, no ser torturados y acceder a un sistema de protección social.

Pero mira por dónde, de nuevo asoman la patita esas hambrientas bestias del averno y comienzan a querer reventar el sistema de derechos, mostrándolos como privilegios. Últimamente están hasta surgiendo cuñados iluminados que hablan de la jubilación como de una estafa piramidal... y tan anchos, oiga.

Ahora no se trata sólo de un cambio de sistema de gobierno, esto va de eliminar derechos, de eliminar un modo de vida que nos parece consustancial al ser humano, pero que no es sino fruto de muchas luchas, de mucha sangre, no de donaciones por la gracia de Ishtar ni similares. Quieren recuperar a sus esclavos.

Así que, sinceramente no puedo entender que se vote a gente como Trump o Milei, pero mucho menos que en nuestra Europa, la misma que ha sufrido como nadie a esos perros del infierno estén siendo cada vez más votados quienes trajeron el terror, quienes abrieron las puertas del mal, quienes viven en el odio. ¡No olvidemos que la democracia es la única forma política que permite su autodestrucción!

Lo peor de todo es que esta gente, estos heraldos del apocalipsis, no son la auténtica enfermedad, son sólo la fiebre.

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