Crónica personal
Pilar Cernuda
Periodistas del siglo XX
En la interesante nota doctrinal El corazón habla al corazón, sobre el papel de las emociones en el acto de fe, la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal advierte sobre los peligros del “emotivismo”, la “reducción de la afectividad a la emoción”. No se quita importancia a las emociones, porque “negarlas en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado”. Pero se avisa que “el emotivista religioso hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas”.
La nota doctrinal se refiere sobre todo a ciertas formas de evangelización actuales ligadas a las nuevas tecnologías que han adquirido gran importancia “entre los jóvenes nativos digitales”. Pero también afecta a las hermandades que, en mi opinión, pueden estar recurriendo a un ‘emotivismo’ que privilegia lo superficial sobre lo esencial, el ornamento sobre lo ornamentado, lo accesorio sobre lo fundamental, rompiendo lo que para mí es la jerarquía que garantiza la buena salud espiritual y estética, porque la segunda depende de la primera, de nuestra Semana Santa: primero Dios, siempre; después la sagrada imagen que lo representa; tras ella, la hermandad que la custodia; y por último, la cofradía en la que esas imágenes que sostienen la vida de las corporaciones todos los días del año a través de los siglos, se echan por unas horas a la calle como la representación de aquel Jesús Nazareno que dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Veo la Semana Santa como aquel atrio de los gentiles del Templo de Jerusalén en el que se admitía a los no judíos que querían acercarse al misterio sagrado. Fue Benedicto XVI quien lo eligió como símbolo de un espacio en el que creyentes y no creyentes comparten preguntas sobre el sentido de la vida.
No estaría de más que quienes tienen responsabilidades en las hermandades leyeran este documento. Porque, como en él se escribe, “el reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe (yo añadiría aquí: y de nuestras sagradas imágenes) para suscitarlas”.
También te puede interesar
Crónica personal
Pilar Cernuda
Periodistas del siglo XX
Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
La Rayuela
Lola Quero
La vía andaluza en ‘prime time’
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
El Señor de la Columna
Lo último