Ha sido una campaña decepcionante de pequeños políticos nacionales. Echar a Sánchez o proteger a su esposa, han dejado muchas cosas por explicar. Los españoles eligen 61 diputados para defender intereses vitales en agricultura, defensa, energía, inmigración o desarrollo industrial. Nos empequeñecemos. El profesor Aurioles ha explicado en este diario que en 1980 el PIB europeo era más de un tercio del producto bruto mundial y este año será la quinta parte. Nos quedamos en una esquina. El eje de gravedad del mundo se ha desplazado del Atlántico al Pacífico.

Estados Unidos quiere que Europa pague su defensa, pero sigue condicionando sus decisiones. La UE es un protectorado militar americano desde la II Guerra Mundial. Tres cuartas partes de su armamento lo compra en EE UU. Su actitud beligerante con Rusia no es la misma que con Israel. Pedro Sánchez se sale del guion en Palestina y hace seguidismo en Ucrania. Ha firmado un acuerdo de más de mil millones con Zelenski que no ha pasado por el Congreso, ni para informar. Ha dicho que “no era un tratado internacional, sino un memorándum de entendimiento”. Lenguaje diplomático trilero. El presidente ha tenido otra frase similar en campaña: lo de Begoña “no fueron cartas de recomendación, sino declaraciones de interés”.

Sin tapujos, se construye en Constanza (Rumania) una superbase militar de 2.800 hectáreas junto al Mar Negro, que va a sustituir a la alemana de Ramstein como la mayor de Europa. Se invertirán 2.500 millones de euros y tendrá más de 10.000 soldados permanentes. Pequeños políticos populistas opinan que la guerra de Ucrania se acaba sencillamente hablando de paz. Ingenuos o cómplices de Putin, están imitando a Daladier y Chamberlain cuando en septiembre de 1938 aceptaron en Múnich la ocupación de los Sudetes. Alemania había anexionado Austria en marzo de ese año y un año después invadió Polonia. En esta legislatura hay que acabar con la guerra de Ucrania, pero no sabemos cómo. La extrema derecha en auge también tiene admiradores de Putin.

Desde la Junta de Andalucía actual, como en la anterior socialista, se repite que el Gobierno de la nación perjudica a la región con la PAC. En vez de explicar que las políticas las deciden la Comisión, el Parlamento y el Consejo, se reduce el presupuesto agrario, se igualan territorios, disminuyen los pagos históricos a la producción y aumentan las ayudas medioambientales, para nuestros pequeños políticos locales toda la culpa era antes de Arias Cañete y ahora de Planas. A Andalucía han venido unos 55.000 millones de euros de la PAC; con desarrollo rural, casi el triple que el PIB andaluz del 86. Y su producto bruto se ha multiplicado por siete desde la entrada en la UE. Habría que hablar con más propiedad de Europa y sus políticas. Sobre eso se vota hoy. Quienes cuentan otras cosas contribuyen a la incertidumbre, el malestar y el extremismo.

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