Tribuna de opinión

José Ignacio Landaluce

Alcalde de Algeciras

Diez años en la Eternidad

En Algeciras no olvidamos a Paco, nadie lo hace

Paco de Lucía, durante una actuación.

Paco de Lucía, durante una actuación. / ALEJANDRO ERNESTO / efe

La genialidad ni tiene ni puede ser medida. La dimensión de un genio es infinita, y a veces, por desgracia, solo se es consciente de esa magnitud cuando su poseedor se va de nuestro lado, pero hay otras ocasiones en las que esta realidad es conocida por todos.

Es verdad que hoy hace diez años que se paró el corazón del más grande genio de la guitarra de todos los tiempos, y al hacerlo también se helaron los de quienes tuvimos la ocasión de conocerlo personalmente y tratar con él como le gustaba, de tú a tú, pero lo mismo pasó con los que le conocían a través de su música. Y no me refiero solo a sus paisanos, a los algecireños, sino a gentes de todo el mundo. Y ahí fue cuando Francisco Sánchez Gomes, Paco de Lucía, el niño de la portuguesa, pasó de ser un genio a convertirse en una leyenda. Y las leyendas nunca mueren, como tampoco lo hacen los recuerdos, las vivencias, los sentimientos. Todo ello permanece imperecedero por y para siempre, y es así como queremos seguir haciéndolo.

El 25 de febrero de 2014 marcó un antes y un después en la historia de Algeciras. Diez años sin Paco son muchos años, especialmente para su familia, para la que desde la que fue su tierra natal y en la que reposa para siempre, tal y como fue deseo, solo podemos tener palabras de agradecimiento por tanto compromiso como siguen demostrando con la ciudad que vio nacer al genio el 21 de diciembre de 1947. Junto a ellos, y como escribió el maestro, solo queremos caminar para poner en valor cada día un poco más, si cabe, el legado, la memoria y el recuerdo de quien elevó la guitarra flamenca al Olimpo de la cultura.

En estos días se suceden los homenajes a una figura tan sublime como humilde, un binomio que puede llegar a ser difícil de entender, pero que representa a la perfección quien era y como era Paco de Lucía. Nueva York, considerada por muchos como la capital del mundo, se ha llenado en estos días de la esencia de Paco y de quienes conformaron su grupo. En este empeño se ha contado con el apoyo decidido de uno de los mejores embajadores que tiene nuestra tierra, y al que ya consideramos paisano de adopción, el chef José Andrés, el español más influyente en Estados Unidos, y quien desde hace años se ha convertido en un firme defensor del genio de las seis cuerdas.

Lo mismo ha pasado en Jerez de la Frontera, cuyo prestigioso festival de flamenco ha sido abierto en esta edición por el mayor exponente mundial del ballet flamenco, Sara Baras, encargada de poner sobre las tablas del Teatro Villamarta su espectáculo Vuela, todo un recorrido por la obra y la senda vital del más grande guitarrista de todos los tiempos.

La historia del flamenco grabó en su libro con letras de oro el día en el que Paco de Lucía hizo algo impensable hasta aquel día: hacer que sonase en el Teatro Real de Madrid la guitarra a la daba vida con cada rasgueo, con cada falseta, en cada acorde. Hizo algo que nada antes había logrado hacer, y eso le encumbró aún más. Hoy, con el paso de los años, otros grandes escenarios de todo el mundo siguen esa senda. Y sobre todos ellos planea el arte inmortal del algecireño más internacional.

Y en Algeciras, ahora, nuestra obligación es dar todos los pasos que hagan falta para que el legado de Paco de Lucía no solo sea seña de identidad inequívoca de Algeciras, sino para que las generaciones venideras tengan plena constancia de quien fue un músico excepcional, una maravillosa persona, el más internacional de los algecireños, en definitiva, uno de esos seres que son irrepetibles, por mucho tiempo que pase. 

Por ello, de manera inminente, podremos disfrutar de su esencia en cada rincón del Centro de Interpretación que lleva su nombre, y que estamos seguros se convertirá en lugar de visita obligada para todos quienes le admiraron, y lo siguen haciendo. Diez años es mucho tiempo, demasiado si se miden algunas cuestiones como puede ser la ausencia, pero gran verdad es la que reza que solo muere quien es olvidado. En Algeciras no olvidamos a Paco, nadie lo hace. Por supuesto y en primer lugar su familia, con la que caminamos de la mano dando todos y cada uno de los pasos necesarios para continuar engrandeciendo su legado.

No lo olvidamos desde las instituciones, comprometidas como estamos con la tarea de preservación y difusión de un patrimonio cultural que trasciende nuestros límites geográficos. No lo olvidan los artistas, tanto los consagrados como quienes aspiran a serlo, que siguen viendo en Paco de Lucía al maestro del que continúan aprendiendo. Y sobre todo, no le olvidan los algecireños, que se vuelcan en cualquier acontecimiento o evento cultural que se organice y que lleve el nombre de quien ejerció siempre como hijo de la tierra que enamoró al Sol, por muy lejos que estuviese de sus calles, o de su querida playa de El Rinconcillo.

El escritor noruego Knut Hamsun dijo en una ocasión que el genio es un rayo cuyo trueno se prolonga durante siglos. Y no puedo estar más de acuerdo con esta sentencia, porque así era, es y será siempre Paco de Lucía. Por los siglos de los siglos.

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