El personal no discute el precio de la caña de cerveza, los dos euros que cuesta de más la ración de puntillitas en el chiringuito, el efecto de la inflación en el espeto, ni mucho menos que haya subido la cotización de los bigotudos (su majestad el langostino y la señora gamba). El personal tampoco deja de renovar los carnets de fútbol porque el fútbol, ya se sabe, es pasión. Ni mucho menos se da de baja de la hermandad porque tenemos claro que la religiosidad popular (ahora llamada piedad popular) vertebra Andalucía. Resulta que la Junta quiere aumentar las tarifas por las visitas a determinados museos y destinos de alto interés cultural y a algunos, de pronto, les va la vida en posicionarse contra la causa. Los mismos que pagan religiosamente por otros conceptos consideran que la cultura debe ser gratuita, absolutamente gratuita. ¡Qué despiadada esta derecha!

Todo lo gratuito es un fracaso porque nadie valora lo que no se le cobra. Ni siquiera de forma indirecta. Seguridad Social se llama. Es notable la cantidad de dirigentes públicos que comentan en encuentros privados que no tienen ni pajolera idea de cómo se costeará el Sistema Nacional de Salud a medio plazo.

Basado en una solidaridad intergeneracional, ocurre que de pronto nacen menos niños, los sueldos son precarios, en los hogares españoles hacen falta dos fuentes de ingresos cuando antes bastaba con uno para vivir con cierta dignidad, y cada vez vivimos más y, por lo tanto, requerimos más atenciones sanitarias. Pero el problema es si pagamos unos euros más por visitar las joyas del patrimonio histórico-artístico andaluz. Y eso teniendo en cuenta que siempre hay y habrá días de acceso gratuito. La cultura de la gratuidad nos tiene anestesiados. No se valora la cultura porque se ha confundido su democratización con el coste cero. ¿De verdad se deja de entrar en un museo andaluz porque cueste tres, cuatro o siete euros? ¿Acaso no los merece? ¿Y si aprovechamos el día de puertas abiertas?

No conozco a nadie discutir los precios de visita de los parques de Disney, pero sí que Arturo Bernal, consejero de Cultura, quiera que se valore nuestro patrimonio. Sólo falta comprobar las colas de andaluces que se están agolpando a las puertas de los museos y lugares de interés para acceder a la cultura antes de la entrada en vigor de las nuevas tarifas. Tararí. Un sabio andaluz lo dijo alto y claro hace un par de décadas. “Si quieres tener una aventura vete a un museo, pues solo hay turistas y no te encontrarás con nadie de tu ciudad”. ¿Y la cerveza? Se apoquina lo que haga falta. Hombre, por favor. Llena ahí, tabernero.

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