Alto y claro
José Antonio Carrizosa
Vox y la ola del cabreo
El tiempo, implacable notario de nuestras vidas, me trae vivencias de hace más de cuatro décadas, que me ponen a cavilar y los ojos me los deja abiertos cuál gato de noche. Recuerdo que no había bolsas de plástico porque tu madre te daba una talega de tela para los recados de la tienda de ultramarinos, expurgábamos las lentejas en la mesa en familia, no se tiraba el cristal a la basura porque llevábamos los cascos a la tienda y encima te pagaban. Por entonces el ecologismo no era un negocio.
El pan se compraba en la panadería del barrio y al otro día no estaba duro, los niños teníamos los codos y rodillas llenos de postillas, algo imposible de ver hoy. Los bares olían a serrín y bodega, las droguerías a pachuli y las calles a pura vida. Veranos eternos de puertas abiertas y cortinas. Entonces me pregunto, ¿se añora lo que se ha perdido?
La eterna pregunta de cada generación.
También te puede interesar
Alto y claro
José Antonio Carrizosa
Vox y la ola del cabreo
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
Manotazos de ahogado
El aula
Miguel Ángel Núñez Paz
La máscara de la libertad
La ciudad y los días
Carlos Colón
Hijos de la luz
Lo último