La Selectividad

Sería deseable que se fomentase una prueba única y objetivable que fomente la igualdad de oportunidades

En nuestro COU, hace ya muchos años, sólo un alumno, a lo sumo dos, sacaba más de un nueve, y apenas una decena era de notable. A partir de ahí, se abría una amplia clase media que sacaba los cursos entre el cinco raspado y el seis, y el resto penaba como podía sus cates variados en el caluroso verano sevillano entre apuntes y cervezas, mientras los sufridos padres se limitaban a hacerles una contravigilancia de andar por casa desde el apartamento de la playa.

Estos días, a propósito de la Selectividad, nos enteramos de que más del cuarenta por ciento de los estudiantes acude a la pruebas pertrechados con más de un ocho de media en el colegio, lo que unido a las facilidades crecientes de la prueba en sí, hace que seguro que muchos de ellos salgan del envite con una nota altísima, que sin embargo no evitará más de un disgusto por quedarse fuera de la opción preferida, y que en cualquier caso da a entender una supuesta brillantez general que luego, en muchos casos, no se corresponde con la realidad. Los que llevamos años en la educación superior lo sabemos bien.

Esa inflación de notas del bachillerato que antes no se daba presenta en mi opinión dos inconvenientes: la ventaja que adquieren unos estudiantes sobre otros según el criterio de calificación adoptado por sus respectivos colegios e institutos de origen (hay centros “especializados” en puntuar al alza a sus alumnos para ser más “competitivos” en Selectividad), y la priorización de contenidos que supone incidir sobre todo en aquellas materias que van a ser objeto de la Evau, orillando otros saberes importantes que el colegial simplemente se marchará sin ni siquiera conocer, por no ser “importantes”.

Es cierto que hoy todo ha cambiado mucho, y antes las pruebas de acceso a la universidad no tenían los tintes de tragedia que aparentan ahora. También, que en determinados grados la demanda de plazas supera con creces la oferta, que la presión que soportan los centros en relación con las notas de los alumnos es mucho mayor, y que el distrito único universitario fomenta la competencia desleal entre comunidades. Pero precisamente por eso, sería deseable por quienes tienen las competencias se fomentase un sistema de prueba única y objetivable que fomente la igualdad de oportunidades, reservando a los centros el cumplimiento de sus verdaderas funciones, que van más allá de las de una vulgar academia para aprobar el carnet de conducir.

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