Alessio González

asgonzalez@europasur.com

Narcoterrorismo

Pasada la vorágine de la tragedia en Barbate, volvemos a quedarnos solos en el Estrecho hasta la próxima desgracia

Pasada toda la vorágine de los días posteriores a la tragedia de Barbate y con la actualidad devorando a la actualidad, las críticas, la indignación y los arrebatos de la opinión pública han cambiado el foco de sus encarnizados debates. Las protestas de agricultores y ganaderos, los líos políticos, el virulento incendio en Valencia... este país no concede un respiro y los problemas se engullen y se digieren de una sentada. Esta sociedad juzga todo por la vía rápida. Ya vendrán otros a poner soluciones o no. Qué más da.

De nuevo volvemos a quedarnos solos en el Estrecho. Al menos hasta que ocurra otra desgracia, lo que lamentablemente se antoja cuestión de tiempo.

El Campo de Gibraltar sigue siendo el epicentro de una patología que infesta a todo el sur penínsular. La comarca concentra casi todo el daño de un narcotráfico que se mueve a sus anchas desde las marismas del Guadalquivir hasta el mar Alborán. Las fuerzas del orden están en inferioridad numérica, sin materiales a la altura de las circunstancias y al capricho de unos mandos que a menudo toman la decisión desde un despacho desde el que ni se vislumbra el mar.

Lo que ocurrió en Barbate fue un asesinato de una crueldad difícil de catalogar (con vídeos especialmente espeluznantes). Un doble homicidio con toda la intención por parte de unos malnacidos que no deberían haber estado en la calle a tenor de sus antecedentes. Pero estaban sueltos como lo están otros muchos. Esto representa solo la punta del iceberg de un cáncer arraigado y extendido que no se va a arreglar con cursillos, charlitas ni planes de empleo. No seamos inocentes.

Habrá otras cuestiones que depurar cómo quién y por qué mandó una goma ridícula con seis vidas en su interior al área de descanso de unos narcos que cuentan con una flota de lanchas semirrígidas infinitamente más grandes y poderosas, unas narcolanchas que se han convertido en máquinas de matar.

El ministro Marlaska ya se ha retratado él solo, desechando por completo la digna salida de la dimisión. Aunque por qué va a dimitir alguien que sostiene que el principio de autoridad sigue intacto en las aguas del Estrecho, donde la realidad es que estamos a expensas de que a otro narco descerebrado no se le ocurra pasar por encima de otros seres humanos por el mero hecho de que puede.

Llamemos a las cosas por su nombre. Lo que pasó en Barbate va más allá del simple contrabando y se debe afrontar con un acto terrorista o, más bien, narcoterrorista. La justicia tiene que ser todo lo contundente que no lo fueron los políticos. Y pasó en Barbate como pudo suceder en cualquier playa de la provincia, en la desembocadura del Guadalquivir o en nuestra Bahía.

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