Así suele presentarse Javier Milei, anarcoliberal. El presidente de Argentina, que tantas imágenes y frases está ofreciendo para no dejar de estar en boca de todo el mundo, se ha sacado este término para explicar el supuesto modelo que él sigue y que no es, como alguna gente piensa, hacerse con el poder para enriquecerse él y los suyos, sino que mayores causas lo guían.

Al parecer, le molesta el Estado, por lo que ha iniciado ya unas actuaciones de cara a ir reduciendo funcionariado, al igual que ya los ministerios han quedado concentrados en unos pocos, no porque esté abandonando al país, sino para el ahorro. La no necesidad de tener un Estado, sería la parte anarco y dejar la economía, la sanidad, los servicios sociales, los transportes… en manos de las empresas, sería ese liberalismo extremo que él defiende. Vamos, que un sector como el energético, no necesitaría de unas políticas estatales, sino que sería un toma y daca entre las diferentes compañías y serían ellas solas las que adoptarían las decisiones para el país, pensando siempre en el bien común.

Pero, tal vez lo más increíble de estos posicionamientos es que, ni los mercados se regulan, ni las empresas piensan en otra cosa que no sea el beneficio propio y, desde luego, unir esa postura de capitalismo salvaje sin control con el anarquismo, es cuando menos aberrante.

El anarquismo es una doctrina filosófica y política que se sustenta en la bondad del ser humano y que defiende la justicia social a través del reparto de recursos y bienes, al igual que los beneficios, desde una posición en la que no habría grandes fortunas y tampoco pobreza. En ningún momento al anarquismo le interesa el dinero, ni los mercados, ni el capitalismo, ni la acumulación de poder, ni la explotación del hombre por el hombre, ni esquilmar los recursos naturales, ni centrar los esfuerzos de la vida humana en destruir las de los menos fuertes. Lo que promovió en sus orígenes era el cambio social en un mundo sin jerarquías, sin amos ni soberanos. Hoy, desde luego, el modelo ha evolucionado y defienden la igualdad y la libertad de las personas y son reconocibles sus aportaciones en el movimiento obrero, en los movimientos LGTBI, en determinadas corrientes pedagógicas, en el mundo de la creación artística…

Quizá este individuo, en algún momento ha escuchado algo parecido a la autogestión o a la toma de decisiones en asamblea y ha creído que eso es lo que él hace, cuando consulta sus actuaciones con el fantasma de un perro que se le murió y que dice que le sirve de inspiración porque habla con él. No, señor, eso puede tener otros nombres que a mí se me escapan, pero, por favor, ¡no tome el nombre del anarquismo en vano!

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