Un niño

13 de enero 2026 - 03:07

Todos hemos celebrado el nacimiento del niño Jesús. María su madre y José su padre, los pobres, no tenían casa y buscando, buscando no tuvieron otra opción de que el parto fuera en una cuadra y poner el niño en el pesebre entre una mula y un buey. ¿Ustedes se han dado cuenta de que celebramos lo más triste del mundo? Que unos padres eran pobres más que pobres y la gente no tuvo compasión con ellos, por lo que tuvieron que traer al mundo a su hijo en el sitio más triste y sucio de aquel pueblo llamado Belén. Pensando, pensando hemos de reconocer que es incongruente: ¿Daríamos cobijo nosotros a una mujer embarazada para que tuviera el parto en nuestra casa?

Seguro que ustedes están pensando que yo estoy majareta, que no viene a cuento una cosa con la otra. Y sin embargo a mí se me ha ocurrido que, afortunadamente, en nuestra España esto no es posible, pero que una mijita más abajo, en África, eso será casi normal con la pobreza que hay por allí. Y a la pobreza siempre la acompaña la usura y el desprecio de los que tienen contra los que no tienen. Y subiendo el argumento, los países ricos con los países pobres.

Nos indigna el suceso de Venezuela, cómo el chulo de Trump bombardea una ciudad y se lleva prisionero a su presidente (que por cierto era, según cuentan, un forajido, malo y cruel con su pueblo, aunque sea harina de otro costal). Pero ni aparece en la prensa ni nadie cuenta la miseria de muchos pueblos de África y de otros países. Me cuenta un amigo que ha estado en la India y me aconseja que no vaya por allí. La pobreza es tan triste y espantosa que se ve por las calles a niños y hasta adultos tirados en las aceras en la más completa pobreza, miseria y dejadez.

Un niño es el regalo más hermoso y extraordinario que podemos tener. Yo jamás olvidaré cuando nació mi primer hijo. Lo cogí en mis brazos y me sentía el más dichoso del mundo contemplando un niño, un hijo mío, de mi propia alma y corazón. Así se lo cuento yo a las jóvenes que van tan ufanas por la calle llevando de una cuerda un perro, sustituto quizás de un hijo que no han tenido porque duele mucho el parto o porque tiene que trabajar y no le da tiempo.

Pero no quiero apartarme del tema. Hay que tener conciencia de los países pobres en los que los niños no tienen no digo leche, ni siquiera un mendrugo de pan. Conciencia que tienen organizaciones como Caritas o similares, que se pueden nutrir y trabajan con nuestras aportaciones. Se lo digo a veces a los dueños de una tienda y comentan el subterfugio del comprador, a quien se le pide que deje los céntimos sobrantes en una hucha y responde: “¡Sí hombre, para que se lleve el dinero el listo de turno!”

Sí hombre, cantemos villancicos… Belén, campanas de Belén, lo peces en el río... y cuando compres por ejemplo un paquete de tabaco, te guardas los 30 céntimos sobrantes en vez de echarlos en la hucha que el estanquero te ofrece para rellenar. Y cuando hagas eso piensa entonces que tu hijo, que gracias a Dios se ha alimentado con la tetas de su madre y luego con el almirón de la botica, estuviera en realidad flaco y mugriento y tirado en una acera de Accra o Kaipur en la India o en la de Malange o Luanda de Angola.

PD: Beben y beben y vuelven a beber los peces en el rio... Belén, campanas de Belén... Asómate a la ventana y veras al niño en la cuna… Están contando que en vez de los diez mandamientos ahora serán los diez ‘mangamientos’.

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