Entre las tertulias oficiales y oficiosas, las de barra de bar o coloquios espontáneos en las diferentes casas de hermandad de la ciudad, casi siempre se dispara una pregunta común: la buena salud y futuro de las cofradías de la ciudad. En la mayoría de los casos la mirilla apunta al lugar equivocado, en lugar de señalar e insistir en el mundo de los costaleros (por cierto, el colectivo más sacrificado, responsable y al servicio de las hermandades como ningún otro), en lugar de señalar el tiro en el centro de la diana: los nazarenos.

La buena salud de una corporación se palma con sus cortejos. El verdadero pulso a una cofradía en la calle se le toma por el cuerpo de nazarenos, su composición y número. Dedíquenle una mirada especial en esta Semana Santa y seguramente, si se fija correctamente, los notará más mermados y faltos de participación. Entre otros grandes males endémicos de esta Semana Santa se encuentra el de no dar valor e importancia al nazareno y menos al de luz.

La prioridad de toda hermandad siempre debe ser su patrimonio humano, en ello se nos va la fuerza por la boca, ya que es una frase manida y repetida hasta la saciedad pero ¿qué hacen las cofradías por ellos? Tienen estrategias, planes e iniciativas dedicadas a la información, formación e impulso de su participación en la cofradía. ¿Se incentiva su colaboración? ¿Se dan facilidades como planes familiares de pago o alquileres de hábitos para fomentar su participación en el cortejo? ¿Se potencia el papel infantil dando aún más facilidades, a mi juicio sin coste, por participar niños que no hayan recibido la comunión con vínculos en la hermandad?

Probablemente no y lo que es más seguro, probablemente no se haga de la manera más acertada. Entonces es difícil plantearse subir el nivel o subir el escalón. Otro de los aspectos claves es dar su sitio e importancia. El número de antigüedad de hermano no es un simple guarismo baladí. Son pocos, muy pocos y casi se pueden contar menos de los dedos de una mano, los cortejos y corporaciones que utilizan este dato para formar el desfile.

Premiar la antigüedad, los años, la fidelidad y largas devociones de vida es uno de los grandes alicientes para mantenerse, a lo largo de décadas, en la nómina y censo de pago de una cofradía. Por favor, no tomad el camino más corto y dedicad el tiempo suficiente y los esfuerzos al nazareno. Ahí reside la importancia y el futuro de nuestra Semana Santa. Los demás viene y va, tiene solución pero el hermano siempre será la clave.

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