La Semana Santa regala estampas, momentos, instantes, improntas y visiones únicas sobre las devociones populares de la ciudad, en este caso, aquella de atardeceres lentos y el cielo de salina (disculpen, aún sigo inmerso en mi pregón). Algeciras guarda una más que atractiva nómina de hermandades que hacen, desde un punto de vista estético, cultural y de atractivo turístico, más que sostenible e influyente su pequeño universo. ¿Pero se aprovecha adecuadamente? ¿Está bien orientada con el resto de la ciudad? ¿Equilibra beneficios con el tejido empresarial? ¿Está pensada para disfrutarse por completo?

Desgraciadamente, casi todas las respuestas a las anteriores reflexiones acaban con una negativa y es que el planteamiento, de base, parece algo equivocado y no correctamente dirigido a todos los públicos, a todas las edades y a todos los escalafones de la ciudad.

¿Es agradable para un establecimiento desmontar su terraza para el paso de un desfile procesional? Probablemente sí, si ello repercute en mayor afluencia de público, movimiento y dinamismo en las calles. Pero si la cofradía discurre a medianoche y prácticamente, entre amigos, a todas luces, pierden ambos. La retribución e impacto socio–económico en la ciudad y el embellecimiento y éxito de un cortejo en la calle.

Desde hace años sobrevuela un mantra en las hermandades y especialmente, entre sus juntas de gobierno, por hacer los itinerarios de regreso o entradas cada vez más tarde, más largos, más tediosos y cada vez más incómodos para el público. ¿Existe algún tipo de necesidad de fijar la entrada de una cofradía, en día laborable, más allá de la media noche? Sencillamente, a mi entender, no. Ello se traduce en salir tarde, realizar un recorrido tarde y mermar en público, perjudicar a los establecimientos y dañar al propio cortejo y a la hermandad.

¿No creen que participarían más niños si las hermandades, como ocurren en otros lugares, salieran a media tarde? Por supuesto. ¿Habría más público? Sin dudarlo. ¿Generaría mayor actividad en comercios y bares? Está más que demostrado. En tal caso, ¿dónde reside la insistencia en un horario tan nocturno y lesivo? No lo sé, falta de miras, quizás.

¿Qué es bonita una candelería en la noche? No hay ni que sugerirlo, pero tranquilo, ya te pillará la noche en la calle. ¿Y lo bonita que es una malla bordada o un paso dorado con los rayos del sol y un cortejo interminable de niños abriendo la cofradía?

Creo que no estamos perdiendo muchas cosas por cabezonería y tradicionalismos malentendidos. Con sólo adelantar unos minutos aquí y alguna hora allá, el inicio de nuestra Semana Santa regalaría mucho y bueno a la ciudad, estoy más que convencido.

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