Cultura

Regreso a la Torre Oscura

  • Mientras se habla de una futura adaptación a la pantalla con Javier Bardem como protagonista, la saga gráfica inspirada en la obra de Stephen King ha alcanzado el séptimo volumen

En el momento de escribir estas líneas, la saga inspirada en La Torre Oscura de Stephen King va por su séptimo volumen mientras se habla de la posibilidad de que Javier Bardem sea el protagonista de su adaptación cinematográfica. En este punto, aquí y ahora, la historia de Roland Deschain, hijo del señor de Gilead, del linaje de Eld, ha alcanzado el espesor y el ímpetu de una torrentera; no se me ocurre una imagen mejor. Nadie sabe por dónde tirara la corriente, a quién o qué arrastrará consigo, pero es fácil de prever que, si el fracaso editorial no levanta ese dique de contención contra el cual nada pueden los ríos más revoltosos, ésta seguirá creciendo en volumen y en intensidad -en fárrago, tal vez-, mientras las aguas susurran al lector: sígueme, sígueme, sígueme. Recordemos por dónde van los tiros: Roland Deschain es investido "pistolero" a la edad de catorce años. Pocos saben que el chico está llamado a acabar con el reinado de terror de John Farson y el Rey Carmesí, un inquilino de los abismos infernales. Quienes sí conocen la profecía son sus enemigos que, reacios a las disposiciones del destino, pretenden liquidar al joven antes de que él los liquide a ellos.

En el volumen inaugural, El nacimiento del pistolero, nada más ganar sus armas, Roland se enfrenta por primera vez a las huestes de Farson, un outlaw con el rostro oculto tras una máscara confeccionada con piel humana. El desenlace -que debiera entenderse como una victoria- desprende el agrio tufo de la derrota pues el desbaratar los planes del adversario le cuesta la vida a Susan Delgado, la chica de quien él está enamorado. Esta aventura le enseña a Roland una primera lección: Vivir es sumar cicatrices. En El largo camino a casa, el rito iniciático se completa con una experiencia al borde de la locura: el chico entra en el universo de pesadilla de una esfera mágica que ha arrebatado a Farson. El joven pistolero sufrirá nuevos remiendos en el cuerpo y el alma en Traición, La caída de Gilead y La batalla de la Colina de Jericó, tercer, cuarto y quinto volumen de la serie. De regreso a Gilead, Roland y los suyos deben prepararse para hacer frente a las huestes de un Farson decidido a borrar del mapa la casta de los pistoleros. Los lances suceden extra e intramuros. Algunos infiltrados boicotean las defensas de la fortaleza y Roland, presa de las males artes del enemigo, asesina a su propia madre, amancebada a uno de los lugartenientes de Farson. Y a la primera lección, se añade un temible colofón: En el cuerpo siempre queda espacio para una cicatriz más.

En el sexto volumen, El viaje empieza, se inicia un nuevo ciclo narrativo que debe abarcar los doce años que siguen a la destrucción de Gilead. Este nuevo ciclo, según la guionista Robin Furth, debe explicar la transformación de Roland Deschain en "el pistolero errante, solitario, resentido y peligroso que encontramos en la primera novela [de Stephen King]". En Las hermanitas de Eluria -recién salido de los hornos Mondadori- el protagonista va a dar con sus huesos en un pueblo fantasma, unas pocas casas en mitad de ninguna parte; allí, un grupo de monjitas de mirada torva y recias mandíbulas se alimenta de los viajeros que extravían el camino… Definitivamente, el aislamiento y la acritud son una respuesta legítima a un mundo atroz; un mundo regado por dos caudalosos cauces épicos, la fantasía heroica y el western, que apela además al relato de terror cósmico y la tragedia isabelina. Una estrategia típica del sincretismo hodierno.

Sea como fuere, a pesar de los guiños a Sergio Leone o William Shakespeare, dos autores no tan disímiles como cabría pensar, no creo que ningún lector se llame a engaño: La Torre Oscura se erige a partir de los bosquejos de estos dos arquitectos: J. R. R. Tolkien y Howard P. Lovecraft. El nudo argumental principal es hasta cierto punto previsible, no voy a discutirlo; la diferencia está en los detalles y, en esta saga, abundan los apuntes inquietantes, las sugerencias intrigantes, los pasajes resbaladizos, las pozas profundas. Por si no bastara, la extraordinaria labor gráfica logra que olvidemos cualquier debilidad del guión. Los cuatro volúmenes ilustrados por Jason Lee, en concreto, se benefician de una muy peculiar y oportuna atmósfera onírica. En los trazos de este artista se reconcilian el peso del mundo y su evanescencia, el rugido y el susurro, el mazazo y la caricia. Para Jason Lee, el entramado argumental es un punto de partida, cuando no una simple excusa, para ponerse a prueba y -como El Bosco en sus cuadros- ver cuánto es capaz de imaginar.

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