Cultura

'Post-humorismo' de autor

  • Un DVD recopila los siete cortos del dúo Venga Monjas en colaboración con algunos de los autores cómicos más destacados del 'otro cine español'

Algo se mueve en la comedia española. Y no sólo en la esfera del cine popular y la taquilla, que siguen confirmando temporada a temporada, de cada nueva entrega de Torrente a fenómenos desconcertantes como el de 8 apellidos vascos, que no hay género con más tirón para identificaciones catárticas entre el gran público, tal vez el único capaz de mantener hoy a flote a una industria herida.

Si Torrente integra todo el detritus de la cultura basura televisiva en su superficie pringosa de sainete esperpéntico y el filme de Martínez Lázaro actualiza la vieja españolada costumbrista con los modos del guionismo de escuela y la asepsia formal a propósito de los tópicos culturales, otra corriente mucho más iconoclasta, guerrillera, lúcida, lúdica y subterránea, aunque no tanto en estos tiempos de contagio y difusión viral, sí que parece haber zarandeado los cimientos de una cierta esencia cómica nacional desde los presupuestos del yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como y a través de esa socorrida etiqueta del post-humor (Jordi Costa) que, replanteando los límites de lo humorístico, actualizando la tradición de las vanguardias y la mejor escuela cómica nacional (de Gómez de la Serna al nido de La Codorniz hasta llegar al mismísimo Chiquito), lejos del (buen) gusto mayoritario y con una evidente carga autoconsciente en un nuevo y acumulativo contexto pop, vincula, aún en sus diferencias, a nombres como Carlos Vermut (Diamond Flash), Juan Cavestany (Gente en sitios), Nacho Vigalondo (Extraterrestre), la tropa Chanante de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, Carlo Padial, (Mi loco Erasmus), los Canódromo Abandonado o Querido Antonio (Alberto González Vázquez).

Pero puede que de todos ellos sean los singulares, bizarros y bilingües Venga Monjas (Esteban Navarro y Xavi Daura), cuyo sello non-sense no sólo parece ser el más genuino del grupo, el pionero en la transversalidad de sus formatos (webseries y pastillas para internet, videoclips para grupos indies, anuncios, guiones de Museo Cononut), los que, en cierta manera, han marcado el paso, aglutinado e incluso reconducido (véase al otrora serio y severo Isaki Lacuesta, que se destapa ahora como gran director de comedia en la estupenda, antinacionalista y socarrona Tres tristes triples) a algunos de los talentos más prometedores de esta última oleada de creadores multimedia, capaces de pasar del papel al escenario o de internet a los festivales de cine sin mayores traumas.

Este Venga Monjas - Directed by... que ahora aparece en un DVD diseñado para fans y repleto de extras y audiocomentarios marca de la casa, contiene precisamente los siete cortos realizados conjuntamente por el dúo cómico junto a algunos de estos realizadores, autores, cómplices y amigos, en una prueba más de este contagio creativo que oferta barra libre para hacer diferentes versiones de una esencia cómica surreal y absurda, ocurrente y siempre autorreflexiva, cutre y bastarda, aunque cada vez menos, desde la que entender ese precepto de que la nueva risa (o risa rota, como también la han llamado) ya no hace reír tanto como asombrar y dejarnos perplejos, que habrá de enfrentarse ahora a nuevos retos desde los que desmontar los viejos mecanismos del humor sin dejar de reírse en el intento.

Deudores el sketch que parte de una idea absurda de imprevisible desarrollo, los Venga Monjas hacen de sus dos personajes de ficción, carne de su carne de una amistad adolescente inquebrantable, una suerte de pareja de nuevos demiurgos de la escritura automática que parecen estar preguntándose siempre, mientras bromean, por los propios procesos de creación, como en la memorable escena de Don Pepe Popi, de Vermut, el mejor de estos cortos junto a Tres tristres triples y Smoker Phone, éste último dirigido por otro sospechoso habitual, Miguel Noguera, en la que, sentados en un sofá (su particular paritorio de ideas locas) y con la sempiterna pared de gotelé amarillo de fondo, deciden qué posible solución darle al envenenado encargo de una madre que, tras perder a su hija en un accidente, quiere hacerle un homenaje póstumo dando vida a un personaje de ficción (encarnado por el indomable Didac Alcaraz) que ella dibujaba.

Ya sea parodiando a las vacas sagradas de la alta cultura y a sus formas nobles (a Haneke, por ejemplo, en Amour) o a los géneros de serie B en su versión más cutre cruzada con la estética de la televisión local (Stracomb tope de fuerte, de Néstor F.), los Venga Monjas han hecho de la incorrección política y sentimental un discurso de base que, como toda buena comedia, no entiende de límites ni tabúes a la hora de desplegar su carrusel de quiebros, casi siempre autoconscientes (sobre la narración en off, sobre el uso de la música, sobre el montaje, sobre los efectos especiales chapuceros, sobre la propia estructura...), citas cinéfilas y demás artillería ligera desde la que construir un atlético ejercicio de inventiva (verbal, visual, conceptual) que, partiendo de la comedia, apunta mucho más lejos, a la tragedia misma del payaso ante el espejo.

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