Las yeguas de Ronda a su paso por La Polvorilla
Tradición oral y memoria campesina
Cada verano, yegüeros procedentes de Ronda se desplazaban hacia la campiña tarifeña para participar en las faenas de trilla del cereal
Los antiguos vecinos de La Polvorilla y su entorno comparan la ruta de los animales con las nubes que avanzaban desde el norte presagiando las tormentas
El paraje de La Polvorilla se sitúa en la vaguada formada entre las sierras de Montecoche y del Junquillo, dentro del término municipal de Los Barrios, por donde discurre el río de las Cañas. Esta depresión natural ha funcionado históricamente como un paso de comunicación entre distintos puntos del Campo de Gibraltar y el interior de la provincia de Cádiz. Su carácter de corredor natural explica la concentración de vías pecuarias y caminos tradicionales que convergen en este enclave y que han sido utilizados desde la antigüedad, convirtiendo a este lugar en una encrucijada de caminos.
Entre estas rutas destaca la antigua y conocida vereda de herradura de Ronda a Tarifa, cuyo trazado puede reconstruirse parcialmente gracias a la memoria oral de los vecinos de mayor edad. Los testimonios de estos habitantes permiten reconstruir aspectos relevantes del recorrido, especialmente en lo referente a su paso por La Polvorilla.
La tradición de los yegüeros
La tradición oral indica que esta vía fue utilizada hasta principios del siglo XX por jornaleros yegüeros procedentes de Ronda, quienes se desplazaban hacia la campiña tarifeña acompañados de piaras de yeguas para participar en las faenas de trilla del cereal. Este desplazamiento, que tenía lugar cada año durante el mes de junio, se integraba en un sistema agrario que dependía del uso de las bestias para el pisado y desmenuzamiento de la mies.
Gracias a la información proporcionada por el escritor Diego Andrés Umbría Quiñones, natural de Gaucín, quien ha investigado en la memoria oral de diversos vecinos de la serranía de Ronda, se sabe que los yegüeros eran habitantes de esta región. Estas personas partían desde dicha ciudad y, a su paso por los distintos pueblos de la comarca, recogían yeguas tras acordar con sus propietarios el alquiler de las bestias para la temporada de trilla, que duraba unos tres meses.
Los yegüeros solían desplazarse a las campiñas de las provincias de Cádiz y Sevilla para llevar a cabo las labores de trilla. Cada uno manejaba entre tres y cinco cobras de yeguas, formadas cada una por entre tres y cinco animales. El yegüero contaba con la ayuda de un zagal, que lo acompañaba en todas las tareas.
Durante los desplazamientos desde Ronda hasta la campiña de Tarifa, las yeguas iban sueltas, una detrás de otra, y seguían a la más veterana, conocida como la Madrina, que actuaba como guía del grupo.
A falta de un estudio pormenorizado del itinerario seguido por estos yegüeros, se conoce que el recorrido se iniciaba en Ronda y continuaba por las estaciones de Benaoján, Jimera de Líbar y Cortes de la Frontera, Puerto de las Palomas, El Corchado, Barca Moreno, La Almoraima, La Polvorilla y Tahivilla.
Toponimia tradicional vinculada al tránsito de las yeguas por el paraje de La Polvorilla
La pervivencia de este fenómeno se manifiesta en la toponimia vernácula que ha sido transmitida oralmente hasta la actualidad, como: "la Pasada de las Yeguas”, “la Pasada de los Rondinos” y “la Vereda de las Yeguas de Ronda”. Estos nombres son indicadores de la importancia histórica del tránsito de los yegüeros por este lugar.
El dicho popular: “¡Ahí vienen las yeguas de Ronda!”
Dentro del legado oral asociado a este tránsito destaca un dicho que forma parte de la identidad cultural del enclave: “¡Ahí vienen las yeguas de Ronda!”
Los antiguos vecinos de La Polvorilla y su entorno utilizaban esta expresión para referirse a las nubes que avanzaban desde el norte, siguiendo la misma dirección que tradicionalmente recorrían los yegüeros rondeños. La aparición de estas nubes (blancas, aborregadas o en forma de torrenteras) se interpretaba como presagio de lluvias o tormentas, integrando así un fenómeno meteorológico en el imaginario colectivo.
Este uso figurado ha sido confirmado por diversos testimonios orales, entre ellos:
José Aguilera Jiménez (nacido en 1935, vecino de La Teja): "Yo vivía de niño en la Roza de la Tiza, en el Rincón de Bustamante. Junto a la vereda por donde antes pasaban las yeguas de Ronda había un viejo quejigo muerto, pero todo el mundo lo respetaba porque era un hito para los que traían las yeguas. Antiguamente, cuando los vecinos veían venir nubes blancas aborregadas decían: '¡Ahí vienen las yeguas de Ronda!'".
Elio Cozar García (nacido en 1938, vecino de El Palancar): "Cuando asomaban las nubes por Montecoche, la gente decía: '¡Ya vienen las yeguas de Ronda!', y al poco tiempo comenzaba la tormenta. Un día estábamos haciendo el puente de la Lata y asomaron las yeguas de Ronda; '¡y vino una riá y se llevó los muros!'".
José Cenizo Lozano (nacido en 1945, vecino de El Rincón): "Mi madre me contaba que por el Chorro del Moro pasaban unas piaras de yeguas que iban a Tahivilla para trillar. Por lo visto, pasaban por el mes de junio y volvían en septiembre. Cuando asomaban unas nubes blancas ahí del lado de Ronda, y como muchas de las yeguas eran blancas, mi madre decía: '¡mira, las yeguas de Ronda!'".
José Márquez Correro (nacido en 1954, vecino de Cucarrete): "Cuando asomaban las torrenteras de nubes la gente decía: '¡Ya vienen las yeguas rondeñas!'. Siempre lo escuché de las personas mayores. Por lo visto, se decía porque todos los veranos venían unas recuas de yeguas desde la serranía de Ronda hasta las campiñas de la Janda para trillar y transportar el grano".
Itinerario tradicional de los yegüeros en Los Barrios
En lo que respecta al término municipal de Los Barrios, se sabe que la vereda de herradura discurría por los siguientes lugares: Fatiga, La Teja, La Polvorilla, Cerro del Alcalde, el Rincón de Bustamante, Puerto del Moro, Valdespera y Zanona.
Este artículo pretende rendir homenaje a la memoria campesina y a la cultura oral de los habitantes que conservaron y transmitieron este patrimonio. Su voz constituye un hilo frágil, pero valioso, que permite rastrear las huellas del pasado en la extensa, aunque hoy deteriorada, red de caminos tradicionales que atesora el municipio de Los Barrios. Se trata de un patrimonio histórico y cultural frecuentemente vulnerado por usurpaciones privadas y desatendido por las administraciones, cuya protección y recuperación resulta necesaria tanto para el común de los vecinos como para la preservación de la identidad territorial.
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